<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916</id><updated>2011-12-23T16:08:41.651-08:00</updated><category term='Sófocles'/><category term='Albert Camus'/><category term='Jonathan Nolan'/><category term='E.T.A. Hoffman'/><category term='Julio Cortazar'/><category term='Cesare Pavese'/><category term='Guillermo Meneses'/><category term='Juan Claudio Lechín'/><category term='Rayuela'/><category term='Farid al-Din &apos;Attär.'/><category term='El Hombre Ilustrado'/><category term='Horacio Quiroga'/><category term='José Antonio Ramos Sucre'/><category term='Felisberto Hernández'/><category term='Washington Irving'/><category term='Mary Shelley'/><category term='Paul Auster'/><category term='Max Beerbohm'/><category term='Entrevistas'/><category term='Truman Capote'/><category term='Guy de Maupassant'/><category term='Akutagawa'/><category term='Franz Kafka'/><category term='Milán Kundera'/><category term='Goerge Bataille'/><category term='Philip Roth'/><category term='Rómulo Gallegos'/><category term='Ernest Hemingway'/><category term='Ednodio Quintero'/><category term='Ambrose Bierce'/><category term='Juan Carlos Onetti'/><category term='Francisco Massiani'/><category term='Mario Vargas Llosa; entrevista; testimonios'/><category term='Boris Vian'/><category term='Isaac Babel'/><category term='Edgar Allan Poe'/><category term='Julio Cortázar'/><category term='Jorge Luis Borges'/><category term='Crónicas marcianas'/><category term='Francisco Rivera'/><category term='Vladimir Nabokov'/><category term='Roberto Bolaño'/><category term='Ray Bradbury'/><category term='Herman Melville'/><category term='Anton Chejov'/><category term='Ciencia ficción'/><category term='T.S ELIOT'/><category term='Georges Bataille'/><category term='Yukio Mishima'/><category term='Fernando Rísquez'/><category term='José Emilio Pacheco'/><category term='cuento de navidad'/><category term='Eurípides'/><title type='text'>El baúl de Israel Centeno</title><subtitle type='html'>Un lugar donde iré acomodando aquellos relatos, ensayos, cuentos, artes narrativos y fragmentos de novelas que me gustan.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elbaulito.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>98</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-8567895998732342803</id><published>2011-12-23T15:43:00.000-08:00</published><updated>2011-12-23T16:08:41.676-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Luis Borges'/><title type='text'>Tigres azules</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jorge Luis Borges.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una famosa página de Blake hace del tigre un fuego que resplandece y un arquetipo eterno del mal; prefiero aquella sentencia de Chesterton, que lo define como símbolo de terrible elegancia. No hay palabras, por lo demás, que puedan ser cifra del tigre, forma que desde hace siglos habita la imaginación de los hombres. Siempre me atrajo el tigre. Sé que me demoraba, de niño, ante cierta jaula del zoológico; nada me importaban las otras. Juzgaba a las enciclopedias y a los libros de historia natural por los grabados de los tigres. Cuando me fueron revelados los Jungle Books, me desagradó que Shere Khan, el tigre, fuera el enemigo del héroe. A lo largo del tiempo, ese curioso amor no me abandonó. Sobrevivió a mi paradójica voluntad de ser cazador y a las comunes vicisitudes humanas. Hasta hace poco -la fecha me parece lejana, pero en realidad no lo es- convivió de un modo tranquilo con mis habituales tareas en la Universidad de Lahore. Soy profesor de lógica occidental y consagro mis domingos a un seminario sobre la obra de Spinoza. Debo agregar que soy escocés; acaso el amor de los tigres fue el que me atrajo de Aberdeen al Punjab. El curso de mi vida ha sido común, en mis sueños siempre vi tigres (ahora los pueblan de otras formas).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más de una vez he referido estas cosas y ahora me parecen ajenas. Las dejo, sin embargo, ya que las exige mi confesión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A fines de 1904, leí que en la región del delta del Ganges habían descubierto una variedad azul de la especie. La noticia fue confirmada por telegramas ulteriores, con las contradicciones y disparidades que son del caso. Mi viejo amor se reanimó. Sospeché un error, dada la impresión habitual de los nombres de los colores. Recordé haber leído que en islandés el nombre de Etiopía era "Bláland", Tierra Azul o Tierra de Negros. El tigre azul bien podía ser una pantera negra. Nada se dijo de las rayas y la estampa de un tigre azul con rayas de plata que divulgó la prensa de Londres; era evidentemente apócrifo. El azul de la ilustración me pareció más propio de la heráldica que de la realidad. En un sueño vi tigres de un azul que no había visto nunca y para el cual no hallo la palabra justa. Sé que era casi negro, pero esa circunstancia no basta para imaginar el matiz. Meses después un colega me dijo que en cierta aldea muy distante del Ganges había oído hablar de tigres azules. El dato no dejó de sorprenderme, porque se que en esta región son raros los tigres. Nuevamente soñé con el tigre azul, que al andar proyectaba su larga sombra sobre el suelo arenoso. Aproveché las vacaciones para emprender el viaje a esa aldea, de cuyo nombre -por razones que luego aclararé- no quiero acordarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Arribé ya terminada la estación de las lluvias. La aldea estaba agazapada al pie de un cerro, que me pareció más ancho que alto, y la cercaba y amenazaba una jungla, que era de un color pardo. En alguna página de Kipling tiene que estar el villorio de mi aventura ya que en ellas está toda la India, y de algún modo todo el orbe. Básteme referir que una zanja con oscilantes puentes de cañas apenas defendía las chozas. Hacia el sur había ciénagas y arrozales y una hondonada con un río limoso cuyo nombre no supe nunca, y después, de nuevo, la jungla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La población era de hindúes. El hecho, que yo había previsto, no me agradó. Siempre me he llevado mejor con los musulmanes, aunque el Islam, lo sé, es la más pobre de las creencias que proceden del judaísmo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sentimos que en la India el hombre pulula; en la aldea sentí que lo que pulula es la selva, que casi penetraba en las chozas. El día era opresivo y la noche no tenía frescura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los ancianos me dieron la bienvenida, y mantuve con ellos un primer diálogo, hecho de vanas cortesías. Ya dije la pobreza del lugar, pero sé que todo hombre da por sentado que su patria encierra algo único. Ponderé las dudosas habitaciones y los no menos dudosos manjares y dije que la fama de ese lugar había llegado hasta Lahore. Los rostros de los hombres cambiaron; intuí inmediatamente que había cometido una torpeza y que debía arrepentirme. Los sentí poseedores de un secreto que no compartirían con un extraño. Acaso veneraban al Tigre Azul y le profesaban un culto que mis temerarias palabras habrían profanado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esperé a la mañana del otro día. Consumido el arroz y bebido el te, abordé mi tema. Pese a la víspera, no entendí, no pude entender, lo que sucedió. Todos me miraron con estupor y casi con espanto, pero cuando les dije que mi propósito era apresar a la fiera de la curiosa piel, me oyeron con alivio. Alguno me dijo que lo había divisado en el lindero de la jungla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En mitad de la noche me despertaron. Un muchacho me dijo que una cabra se había escapado del redil y que, yendo a buscarla, había divisado al tigre azul en la otra margen del río. Pensé que la luz de la luna nueva no permitiría divisar el color, pero todos confirmaron el relato y alguno, que antes había guardado silencio, dijo que lo había visto. Salimos con los rifles y vi, o creí ver, una sombra felina que se perdía en la tiniebla de la jungla. No dieron con la cabra, pero la fiera que la había llevado, bien podía no ser mi tigre azul. Me indicaron con énfasis unos rastros que, desde luego, nada probaban.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al cabo de las noches comprendí que esas falsas alarmas constituían una rutina. Como Daniel Defoe, los hombres del lugar eran diestros en la invención de rastros circunstanciales. El tigre podía ser avistado a cualquier hora, hacia los arrozales del Sur o hacia la maraña del Norte, pero no tardé en advertir que los observadores se turnaban con regularidad sospechosa. Mi llegada coincidía invariablemente con el momento exacto en que el tigre acababa de huir. Siempre me indicaban la huella y algún destrozo, pero el puño de un hombre puede falsificar los rastros de un tigre. Una que otra vez fui testigo de un perro muerto. Una noche de luna, pusimos una cabra de señuelo y esperamos en vano hasta la aurora. Pensé al principio que esas fábulas cotidianas obedecían al propósito de que yo demorara mi estadía, que beneficiaba a la aldea, ya que la gente me vendía alimentos y cumplía mis quehaceres domésticos. Para verificar esa conjetura, les dije que pensaba buscar el tigre en otra región, que estaba aguas abajo. Me sorprendió que todos aprobaran mi decisión. Seguí advirtiendo, sin embargo, que había un secreto y que todos recelaban de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya dije que el cerro boscoso a cuyo pie se amontonaba la aldea no era muy alto; una meseta lo truncaba. Del otro lado, hacia el Oeste y el Norte, seguía la jungla. Ya que la pendiente no era áspera, les propuse una tarde escalar el cerro. Mis sencillas palabras los consternaron. Uno exclamó que la ladera era muy escarpada. El más anciano dijo con gravedad que mi propósito era de ejecución imposible. La cumbre era sagrada y estaba vedada a los hombres por obstáculos mágicos. Quienes la hollaban con pies mortales corrían el albur de ver la divinidad y de quedarse locos o ciegos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No insistí, pero esa noche, cuando todos dormían, me escurrí de la choza sin hacer ruido y subí la fácil pendiente. No había camino y la maleza me demoró.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La luna estaba en el horizonte. Me fijé con singular atención en todas las cosas, como si presintiera que aquel día iba a ser importante, quizá el más importante de mis días. Recuerdo aún los tonos obscuros, a veces casi negros, de la hojarasca. Clareaba y en el ámbito de las selvas no cantó un solo pájaro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Veinte o treinta minutos de subir y pise la meseta. Nada me costó imaginar que era más fresca que la aldea, sofocada a su pie. Comprobé que no era la cumbre, que era una suerte de terraza, no demasiado dilatada, y que la jungla se encaramaba hacia arriba, en el flanco de la montaña. Me sentí libre, como si mi permanencia en la aldea hubiera sido una prisión. No me importaba que sus habitantes hubieran querido engañarme; sentí que de algún modo eran niños.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cuanto al tigre... Las muchas frustraciones habían gastado mi curiosidad y mi fe, pero de manera casi mecánica busqué rastros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El suelo era agrietado y arenoso. En una de las grietas, que por cierto no eran profundas y que se ramificaban en otras, reconocí un color. Era, increíblemente, el azul del tigre de mi sueño. Ojalá no lo hubiera visto nunca. Me fijé bien. La grieta estaba llena de piedrecitas, todas iguales, circulares, muy lisas y de pocos centímetros de diámetro. Su regularidad le prestaba algo artificial, como si fueran fichas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me incliné, puse la mano en la grieta y saqué unas cuantas. Sentí un levísimo temblor. Guardé el puñado en el bolsillo derecho, en el que había una tijerita y una carta de Allabahad. Estos dos objetos casuales tienen su lugar en mi historia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya en la choza, me quité la chaqueta. Me tendí en la cama y volví a soñar con el tigre. En el sueño observé el color; era el del tigre ya soñado y el de las piedritas de la meseta. Me despertó el sol en la cara. Me levanté. La tijera y la carta me estorbaban para sacar los discos. Saqué un primer puñado y sentí que aún quedaban dos o tres. Una suerte de cosquilleo, una muy leve agitación, dio calor a mi mano. Al abrirla vi que los discos eran treinta o cuarenta. Yo hubiera jurado que no pasaban de diez. Las dejé sobre la mesa y busqué los otros. No precisé contarlos para verificar que se habían multiplicado. Los junté en un solo montón y traté de contarlos uno por uno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La sencilla operación resultó imposible. Miraba con fijeza cualquiera de ellos, lo sacaba con el pulgar y el índice y cuando estaba solo, eran muchos. Comprobé que no tenía fiebre e hice la prueba muchas veces. El obsceno milagro se repetía. Sentí frío en los pies y en el bajo vientre y me temblaban las rodillas. No se cuanto tiempo pasó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin mirarlos, junté los discos en un solo montón y los tiré por la ventana. Con extraño alivio sentí que había disminuido su número. Cerré la puerta con firmeza y me tendí en la cama. Busqué la exacta posición anterior y quise persuadirme de que todo había sido un sueño. Para no pensar en los discos, para poblar de algún modo el tiempo, repetí con lenta precisión, en voz alta, las ocho definiciones y los siete axiomas de la Ética. No sé si me auxiliaron. Temí instintivamente que me hubieran oído hablar solo, y abrí la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era el más anciano, Bhagwan Dass. Por un instante su presencia pareció restituirme a lo cotidiano. Salimos. Yo tenía la esperanza de que hubieran desaparecido los discos, pero ahí estaban, en la tierra. Ya no se cuantos eran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El anciano los miró y me miró.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Estas piedras no son de aquí. Son las de arriba -dijo con una voz que no era la suya&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Así es -le respondí. Agregué, no sin desafío, que las había hallado en la meseta, en inmediatamente me avergoncé de darle explicaciones. Bhagwan Dass, sin hacerme caso, se quedó mirándolas fascinado. Le ordené que las recogiera. No se movió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me duele confesar que saqué el revólver y le repetí la orden en voz más alta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bhagwan Dass balbuceó:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Más vale una bala en el pecho que una piedra azul en la mano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Eres un cobarde -le dije.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo estaba, creo, no menos aterrado, pero cerré los ojos y recogí un puñado de piedras con la mano izquierda. Guardé el revólver y las dejé caer en la palma abierta de la otra. Su número era mucho mayor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sin saberlo, ya había ido acostumbrándome a esas transformaciones. Me sorprendieron menos que los gritos de Bhagwan Dass.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Son las piedras que engendran! -exclamó-. Ahora son muchas, pero pueden cambiar. Tienen la forma de la luna cuando está llena y ese color azul que sólo es permitido ver en los sueños. Los padres de mis padres no mentían cuando hablaban de su poder.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La aldea entera nos rodeaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me sentí el mágico poseedor de esas maravillas. Ante el asombro unánime, recogía los discos, los elevaba, los dejaba caer, los desparramaba, los veía crecer o multiplicarse o disminuir extrañamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La gente se agolpaba, presa de estupor y de horror. Los hombres obligaban a sus mujeres a mirar el prodigio. Alguna se tapaba la cara con el antebrazo, alguna apretaba los párpados. Ninguno se animó a tocar los discos, salvo un niño feliz que jugó con ellos. En un momento sentí que ese desorden estaba profanando el milagro. Junté todos los discos que pude y volví a la choza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quizá he tratado de olvidar el resto de aquel día, que fue el primero de una serie desventurada que no ha cesado aún. Lo cierto es que no lo recuerdo. Hacia el atardecer pensé con nostalgia en la víspera, que no había sido particularmente feliz, ya que estuvo poblada, como otras, por la obsesión del tigre. Quise ampararme en esa imagen, antes armada de poder y ahora baladí. El tigre azul me pareció no menos inocuo que el cisne negro del romano, que se descubrió después en Australia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Releo mis notas anteriores y compruebo que he cometido un error capital. Desviado por el hábito de esa buena o mala literatura que malamente se llama psicológica, he querido recuperar, no sé porqué, la sucesiva crónica de mi hallazgo. Más me hubiera valido insistir en la monstruosa índole de los discos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si me dijeran que hay unicornios en la luna, yo aprobaría o rechazaría ese informe o suspendería mi juicio, pero podría imaginarlos. En cambio, si me dijeran que en la luna seis o siete unicornios pueden ser tres, yo afirmaría de antemano que el hecho era imposible. Quien ha entendido que tres y uno son cuatro, no hace la prueba con monedas, con dados, con piezas de ajedrez o con lápices. Lo entiende y basta. No puede concebir otra cifra. Hay matemáticos que afirman que tres y uno es una tautología de cuatro, una manera diferente de decir cuatro... A mí, Alexandre Craigie, me había tocado en suerte descubrir, entre todos los hombres de la tierra, los únicos objetos que contradicen esa ley esencial de la mente humana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al principio yo había sufrido el temor de estar loco; con el tiempo creo que hubiera preferido estar loco, ya que mi alucinación personal importaría menos que la prueba de que en el universo cabe el desorden. Si tres y uno pueden ser dos o pueden ser catorce, entonces la razón es una locura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En aquel tiempo contraje el hábito de soñar con las piedras. La circunstancia de que el sueño no volviera todas las noches me concedía un resquicio de esperanza, que no tardaba en convertirse en terror. El sueño era más o menos el mismo. El principio anunciaba el temido fin. Una baranda y unos escalones de hierro que bajaban en espiral y un sótano o un sistema de sótanos que se ahondaban en otras escaleras cortadas casi a pico, en herrerías, en cerrajerías, en calabozos y en pantanos. En el fondo, en su esperada grieta, las piedras que eran también Behemoth o Leviathan, los animales que significaban en la escritura que el Señor es irracional. Yo me despertaba temblando y ahí estaban las piedras en el cajón, listas a transformarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La gente era distinta conmigo. Algo de la divinidad de los discos, que ellos apodaban tigres azules, me había tocado, pero asimismo me sabían culpable de haber profanado la cumbre. En cualquier instante de la noche, en cualquier instante del día, podían castigarme los dioses. No se atrevieron a atacarme o a condenar mi acto, pero noté que ahora eran todos peligrosamente serviles. No volví a ver al niño que había jugado con los discos. Temí el veneno o un puñal en la espalda. Una mañana, antes del alba, me evadí de la aldea. Sentí que la población entera me espiaba y que mi fuga fue un alivio. Nadie, desde aquella primera mañana, había querido ver las piedras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volví a Lahore. En mi bolsillo estaba el puñado de discos. El ámbito familiar de mis discos no me trajo el alivio que yo buscaba. Sentí que en el planeta persistían la aborrecida aldea y la jungla y el declive espinoso con la meseta y en la meseta las pequeñas grietas y en las gritas las piedras. Mis sueños confundían y multiplicaban esas cosas dispares. La aldea era las piedras, la jungla era la ciénaga y la ciénaga la jungla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rehuí la presencia de mis amigos. Temí ceder a la tentación de mostrarles ese milagro atroz que socavaba la ciencia de los hombres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ensayé diversos experimentos. Hice una incisión en forma de cruz en uno de los discos. Lo barajé entre los demás y lo perdí al cabo de una o dos conversiones, aunque la cifra de los discos había aumentado. Hice una prueba análoga con un disco al que había cercenado con una lima, una arco de círculo. Éste asimismo se perdió. Con un punzón abrí un orificio en el centro de un disco y repetí la prueba. Lo perdí para siempre. Al otro día regresó de su estadía en la nada el disco de la cruz. ¿Qué misterioso espacio era ése, que absorbía las piedras y devolvía con el tiempo una que otra, obedeciendo a leyes inescrutables o a un arbitrio inhumano?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mismo anhelo de orden que en el principio creó las matemáticas hizo que yo buscara un orden en esa aberración de las matemáticas que son las insensatas piedras que engendran. En sus imprevisibles variaciones quise hallar una ley. Consagré los días y las noches a fijar una estadística de los cambios. Mi procedimiento era éste. Contaba con los ojos las piezas y anotaba la cifra. Luego las dividía en dos puñados que arrojaba sobre la mesa. Contaba las dos cifras, las anotaba y repetía la operación. Inútil fue la búsqueda de un orden, de un dibujo secreto en las rotaciones. El máximo de piezas que conté fue 419; el mínimo, tres. Hubo un momento que esperé, o temí, que desaparecieran. A poco de ensayar comprobé que un disco aislado de los otros no podía multiplicarse o desaparecer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Naturalmente, las cuatro operaciones de sumar, restar, multiplicar o dividir, eran imposibles. Las piedras se negaban a la aritmética y al cálculo de probabilidades. Cuarenta discos, podían, divididos, dar nueve; los nueve, divididos a su vez, podían ser trescientos. No sé cuánto pesaban. No recurrí a una balanza, pero estoy seguro que su peso era constante y leve. El color era siempre aquel azul.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estas operaciones me ayudaron a salvarme de la locura. Al manejar las piedras que destruyen la ciencia matemática, pensé más de una vez en aquellas piedras del griego que fueron los primeros guarismos y que han legado a tantos idiomas la palabra "cálculo". Las matemáticas, dije, tienen su comienzo y ahora su fin en las piedras. Si Pitágoras hubiera operado con éstas...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al término de un mes comprendí que el caos era inextricable. Ahí estaban indómitos los discos y la perpetua tentación de tocarlos, de volver a sentir el cosquilleo, de arrojarlos, de verlos aumentar y decrecer, y de fijarme en pares o impares. Llegué a temer que contaminaran las cosas y particularmente los dedos que insistían en manejarlos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante unos días me impuse el íntimo deber de pensar en las piedras, porque sabía que el olvido sólo podía ser momentáneo y que redescubrir mi tormento sería intolerable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No dormí la noche del 10 de febrero. Al cabo de una caminata que me llevó hasta el alba, traspuse los portales de la mezquita Wazil Khan. Era la hora en que la luz no ha revelado los colores. No había un alma en el patio. Sin saber porqué, hundí las manos en el agua de la cisterna. Ya en el recinto, pensé que Dios y Alá son dos nombres de un ser inconcebible, y le pedí en voz alta que me librara de mi carga. Inmóvil, aguardé una contestación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No oí los pasos, pero una voz cercana me dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- He venido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A mi lado estaba el mendigo. Descifré en el crepúsculo el turbante, los ojos apagados, la piel cetrina y la barba gris. No era muy alto&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me tendió la mano y me dijo, siempre en voz baja:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Una limosna, Protector de los Pobres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Busqué, y le respondí:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No tengo una sola moneda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Tienes muchas -fue la contestación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En mi bolsillo derecho estaban las piedras. Saqué una y la dejé caer en la mano hueca. No se oyó el menor ruido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tienes que darme todas - me dijo-. El que no ha dado todo no ha dado nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comprendí y le dije:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Quiero que sepas que mi limosna puede ser espantosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me contestó:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Acaso esa limosna es la única que puedo recibir. He pecado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejé caer todas las piedras en la cóncava mano. Cayeron como en el fondo del mar, sin el ruido más leve.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después me dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No sé aún cuál es tu limosna, pero la mía es espantosa. Te quedas con los días y las noches, con la cordura, con los hábitos, con el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No oí los pasos del mendigo ciego ni lo vi perderse en el alba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-8567895998732342803?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/8567895998732342803'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/8567895998732342803'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2011/12/tigres-azules.html' title='Tigres azules'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-7233492221991353713</id><published>2011-12-22T15:03:00.000-08:00</published><updated>2011-12-22T15:03:26.185-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Luis Borges'/><title type='text'>La rosa de Paracelso</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div&gt;Jorge Luis Borges&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;De Quincey, Writings, XIII, 345&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía, El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares, Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo, Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta, El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El maestro fue el primero que habló.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-El oro no me importa -respondió el otro-, Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso dijo con lentitud:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pero, ¿hay una meta?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso se rió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hubo un silencio, y dijo el otro:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El muchacho elevó en el aire la rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Eres muy crédulo -dijo el maestro- No he menester de la credulidad; exijo la fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El otro insistió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Eres crédulo -dijo-. ¿ Dices que soy capaz de destruirla?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿ Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso se había puesto en pie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso le miró con tristeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-El atanor está apagado -repitió-- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El discípulo dijo con frialdad:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El otro replicó, tembloroso:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se arrodilló, y le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retornó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-7233492221991353713?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/7233492221991353713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/7233492221991353713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2011/12/la-rosa-de-paracelso.html' title='La rosa de Paracelso'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-8858412162669071260</id><published>2010-08-26T07:58:00.000-07:00</published><updated>2010-08-26T07:58:25.202-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge Luis Borges'/><title type='text'>El Otro</title><content type='html'>Por Jorge Luis Borges&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El hecho ocurrió el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien, mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana. Lo que silbaba, lo que trataba de silbar (nunca he sido muy entonado), era el estilo criollo de La tapera de Elías Regules. El estilo me retrajo a un patio, que ha desaparecido, y la memoria de Alvaro Melián Lafinur, que hace tantos años ha muerto. Luego vinieron las palabras. Eran las de la décima del principio. La voz no era la de Álvaro, pero quería parecerse a la de Alvaro. La reconocí con horror.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Me le acerqué y le dije:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Señor, ¿usted es oriental o argentino?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra -fue la contestación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Hubo un silencio largo. Le pregunté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Me contestó que si.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-En tal caso -le dije resueltamente- usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-No -me respondió con mi propia voz un poco lejana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Al cabo de un tiempo insistió:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Yo le contesté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo de Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres de volúmenes de Las mil y una noches de Lane, con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de Sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos. No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso en la plaza Dubourg.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Dufour -corrigió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Esta bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-No -respondió-. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La objeción era justa. Le contesté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿Y si el sueño durara? -dijo con ansiedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma. Es lo que nos está pasando ahora, salvo que somos dos. ¿No querés saber algo de mi pasado, que es el porvenir que te espera?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Asintió sin una palabra. Yo proseguí un poco perdido:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Madre está sana y buena en su casa de Charcas y Maipú, en Buenos Aires, pero padre murió hace unos treinta años. Murió del corazón. Lo acabó una hemiplejía; la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante. Murió con impaciencia de morir, pero sin una queja. Nuestra abuela había muerto en la misma casa. Unos días antes del fin, nos llamo a todos y nos dijo: "Soy una mujer muy vieja, que está muriéndose muy despacio. Que nadie se alborote por una cosa tan común y corriente."Norah, tu hermana, se casó y tiene dos hijos. A propósito, ¿en casa como están?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Bien. Padre siempre con sus bromas contra la fe. Anoche dijo que Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse, y que por eso predicaba en parábolas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Vaciló y me dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿Y usted?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica. Darás clases como tu padre y como tantos otros de nuestra sangre. Me agradó que nada me preguntara sobre el fracaso o éxito de los libros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Cambié. Cambié de tono y proseguí:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-En lo que se refiere a la historia... Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterllo. Buenos Aires, hacía mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Noté que apenas me prestaba atención. El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Los poseídos o, según creo, Los demonios de Fyodor Dostoievski -me replicó no sin vanidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Se me ha desdibujado. ¿Que tal es?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No bien lo dije, sentí que la pregunta era una blasfemia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-El maestro ruso -dictaminó- ha penetrado más que nadie en los laberintos del alma eslava.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Esa tentativa retórica me pareció una prueba de que se había serenado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Le pregunté qué otros volúmenes del maestro había recorrido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Enumeró dos o tres, entre ellos El doble.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Le pregunté si al leerlos distinguía bien los personajes, como en el caso de Joseph Conrad, y si pensaba proseguir el examen de la obra completa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-La verdad es que no -me respondió con cierta sorpresa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿Por qué no? -le dije-. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos lo hombres. El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época. Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos buzos, de todos los que viven en la acera de los números pares, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Tu masa de oprimidos y de parias -le contesté- no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre de ayer no es el hombre de hoy sentencio algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Salvo en las severas páginas de la Historia, los hechos memorables prescinden de frases memorables. Un hombre a punto de morir quiere acordarse de un grabado entrevisto en la infancia; los soldados que están por entrar en la batalla hablan del barro o del sargento. Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. Hablamos, fatalmente, de letras; temo no haber dicho otras cosas que las que suelo decir a los periodistas. Mi alter ego creía en la invención o descubrimiento de metáforas nuevas; yo en las que corresponden a afinidades íntimas y notorias y que nuestra imaginación ya ha aceptado. La vejez de los hombres y el ocaso, los sueños y la vida, el correr del tiempo y del agua. Le expuse esta opinión, que expondría en un libro años después.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Casi no me escuchaba. De pronto dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Si usted ha sido yo, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No había pensado en esa dificultad. Le respondí sin convicción:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Tal vez el hecho fue tan extraño que traté de olvidarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Aventuró una tímida pregunta:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿Cómo anda su memoria?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años; un hombre de más de setenta era casi un muerto. Le contesté:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Estudio anglosajón y no soy el último de la clase.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Nuestra conversación ya había durado demasiado para ser la de un sueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Una brusca idea se me ocurrió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Yo te puedo probar inmediatamente -le dije- que no estás soñando conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Oí bien este verso, que no has leído nunca, que yo recuerde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Lentamente entoné la famosa línea:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="FR" style="mso-ansi-language: FR;"&gt;L'byre - univers tordant son corps écaillé d'astres. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Sentí su casi temeroso estupor. Lo repitió en voz baja, saboreando cada resplandeciente palabra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Es verdad -balbuceó-. Yo no podré nunca escribir una línea como ésa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Hugo nos había unido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Antes, él había repetido con fervor, ahora lo recuerdo, aquella breve pieza en que Walt Whitman rememora una compartida noche ante el mar, en que fue realmente feliz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Si Whitman la ha cantado -observé- es porque la deseaba y no sucedió. El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Se quedó mirándome.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Usted no lo conoce -exclamó-. Whitman es capaz de mentir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Medio siglo no pasa en vano. Bajo nuestra conversación de personas de miscelánea lectura y gustos diversos, comprendí que no podíamos entendernos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Eramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el dialogo. Cada uno de los dos era el remendo cricaturesco del otro. La situación era harto anormal para durar mucho más tiempo. Aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor. Se me ocurrió un artificio análogo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Oí -le dije-, ¿tenés algún dinero?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Sí - me replicó-. Tengo unos veinte francos. Esta noche lo convidé a Simón Jichlinski en el Crocodile.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Dile a Simón que ejercerá la medicina en Carouge, y que hará mucho bien... ahora, me das una de tus monedas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Sacó tres escudos de plata y unas piezas menores. Sin comprender me ofreció uno de los primeros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Yo le tendí uno de esos imprudentes billetes americanos que tienen muy diverso valor y el mismo tamaño. Lo examinó con avidez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-No puede ser -gritó-. Lleva la fecha de mil novecientos sesenta y cuatro. (Meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Todo esto es un milagro -alcanzó a decir- y lo milagroso da miedo. Quienes fueron testigos de la resurrección de Lázaro habrán quedado horrorizados. No hemos cambiado nada, pensé. Siempre las referencias librescas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Hizo pedazos el billete y guardó la moneda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Yo resolví tirarla al río. El arco del escudo de plata perdiéndose en el río de plata hubiera conferido a mi historia una imagen vívida, pero la suerte no lo quiso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Respondí que lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador. Le propuse que nos viéramos al día siguiente, en ese mismo banco que está en dos tiempos y en dos sitios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Asintió en el acto y me dijo, sin mirar el reloj, que se le había hecho tarde. Los dos mentíamos y cada cual sabía que su interlocutor estaba mintiendo. Le dije que iban a venir a buscarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-¿A buscarlo? -me interrogó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;-Sí. Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano. Nos despedimos sin habernos tocado. Al día siguiente no fui. EL otro tampoco habrá ido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el encuentro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-8858412162669071260?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/8858412162669071260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/8858412162669071260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2010/08/el-otro.html' title='El Otro'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-5139526552476306678</id><published>2009-12-20T14:17:00.001-08:00</published><updated>2009-12-20T14:20:25.487-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento de navidad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guy de Maupassant'/><title type='text'>Cuento de Navidad</title><content type='html'>Guy de Maupassant&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctor Bonenfantes forzaba su memoria, murmurando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Un recuerdo de Navidad?... ¿Un recuerdo de Navidad?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, de pronto, exclamó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Sí, tengo uno, y por cierto muy extraño. Es una historia fantástica, ¡un milagro! Sí, señoras, un milagro de Nochebuena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Comprendo que admire oír hablar así a un incrédulo como yo. ¡Y es indudable que presencié un milagro! Lo he visto, lo que se llama verlo, con mis propios ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"¿Que si me sorprendió mucho? No; porque sin profesar creencias religiosas, creo que la fe lo puede todo, que la fe levanta las montañas. Pudiera citar muchos ejemplos, y no lo hago para no indignar a la concurrencia, por no disminuir el efecto de mi extraña historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Confesaré, por lo pronto, que si lo que voy a contarles no fue bastante para convertirme, fue suficiente para emocionarme; procuraré narrar el suceso con la mayor sencillez posible, aparentando la credulidad propia de un campesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Entonces era yo médico rural y habitaba en plena Normandía, en un pueblecillo que se llama Rolleville.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Aquel invierno fue terrible. Después de continuas heladas comenzó a nevar a fines de noviembre. Amontonábanse al norte densas nubes, y caían blandamente los copos de nieve tenue y blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En una sola noche se cubrió toda la llanura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Las masías, aisladas, parecían dormir en sus corralones cuadrados como en un lecho, entre sábanas de ligera y tenaz espuma, y los árboles gigantescos del fondo, también revestidos, parecían cortinajes blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ningún ruido turbaba la campiña inmóvil. Solamente los cuervos, a bandadas, describían largos festones en el cielo, buscando la subsistencia, sin encontrarla, lanzándose todos a la vez sobre los campos lívidos y picoteando la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sólo se oía el roce tenue y vago al caer los copos de nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Nevó continuamente durante ocho días; luego, de pronto, aclaró. La tierra se cubría con una capa blanca de cinco pies de grueso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y, durante cerca de un mes, el cielo estuvo, de día, claro como un cristal azul y, por la noche, tan estrellado como si lo cubriera una escarcha luminosa. Helaba de tal modo que la sábana de nieve, compacta y fría, parecía un espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La llanura, los cercados, las hileras de olmos, todo parecía muerto de frío. Ni hombres ni animales asomaban; solamente las chimeneas de las chozas en camisa daban indicios de la vida interior, oculta, con las delgadas columnas de humo que se remontaban en el aire glacial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"De cuando en cuando se oían crujir los árboles, como si el hielo hiciera más quebradizas las ramas, y a veces desgajábase una, cayendo como un brazo cortado a cercén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Las viviendas campesinas parecían mucho más alejadas unas de otras. Vivíase malamente; cada uno en su encierro. Sólo yo salía para visitar a mis pacientes más próximos, y expuesto a morir enterrado en la nieve de una hondonada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Comprendí al punto que un pánico terrible se cernía sobre la comarca. Semejante azote parecía sobrenatural. Algunos creyeron oír de noche silbidos agudos, voces pasajeras. Aquellas voces y aquellos silbidos los daban, sin duda, las aves migratorias que viajaban al anochecer y que huían sin cesar hacia el sur. Pero es imposible que razonen gentes desesperadas. El espanto invadía las conciencias y se aguardaban sucesos extraordinarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La fragua de Vatinel hallábase a un extremo del caserío de Epívent, junto a la carretera intransitada y desaparecida. Como carecían de pan, el herrero decidió ir a buscarlo. Entretúvose algunas horas hablando con los vecinos de las seis casas que formaban el núcleo principal del caserío; recogió el pan, varias noticias, algo del temor esparcido por la comarca, y se puso en camino antes de que anocheciera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"De pronto, bordeando un seto, creyó ver un huevo sobre la nieve, un huevo muy blanco; inclinose para cerciorarse; no cabía duda; era un huevo. ¿Cómo sé hallaba en tan apartado lugar? ¿Qué gallina salió de su corral para ponerlo allí? El herrero, absorto, no se lo explicaba, pero cogió el huevo para llevárselo a su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Toma este huevo que encontré en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La mujer bajó la cabeza, recelosa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¿Un huevo en el camino con el tiempo que hace? ¿No te has emborrachado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-No, mujer, no; te aseguro que no he bebido. Y el huevo estaba junto a un seto, caliente aún. Ahí lo tienes; me lo metí en el pecho para que no se enfriase. Cómetelo esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lo echaron en la cazuela donde se hacía la sopa, y el herrero comenzó a referir lo que se decía en la comarca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La mujer escuchaba, palideciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Es cierto; yo también oí silbidos la pasada noche, y entraban por la chimenea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Sentáronse y tomaron la sopa; luego, mientras el marido untaba un pedazo de pan con manteca, la mujer cogió el huevo, examinándolo con desconfianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¿Y si tuviese algún maleficio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¿Qué maleficio puede tener?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¡Toma! ¡Si yo supiera!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¡Vaya! Cómetelo y no digas bestialidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La mujer abrió el huevo; era como todos, y se dispuso a tomárselo con prevención, cogiéndolo, dejándolo, volviendo a cogerlo. El hombre decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¿Qué haces? ¿No te gusta? ¿No es bueno?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ella, sin responder, acabó de tragárselo. Y de pronto fijó en su marido los ojos, feroces, inquietos, levantó los brazos y, convulsa de pies a cabeza, cayó al suelo, retorciéndose, dando gritos horribles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Toda la noche tuvo convulsiones violentas y un temblor espantoso la sacudía, la transformaba. El herrero, falto de fuerza para contenerla, tuvo que atarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y la mujer, sin reposo, vociferaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-¡Se me ha metido en el cuerpo! ¡Se me ha metido en el cuerpo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Por la mañana me avisaron. Apliqué todos los calmantes conocidos; ninguno me dio resultado. Estaba loca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y, con una increíble rapidez, a pesar del obstáculo que ofrecían a las comunicaciones las altas nieves heladas, la noticia corrió de finca en finca: 'La mujer de la fragua tiene los diablos en el cuerpo.'&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Acudían los curiosos de todas partes; pero sin atreverse a entrar en la casa, oían desde fuera los horribles gritos, lanzados por una voz tan potente que no parecían propios de un ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Advirtieron al cura. Era un viejo incauto. Acudió con sobrepelliz, como si se tratara de auxiliar a un moribundo, y pronunció las fórmulas del exorcismo, extendiendo las manos, rociando con el hisopo a la mujer, que se retorcía soltando espumarajos, mal sujeta por cuatro mocetones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Los diablos no quisieron salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y llegaba la Nochebuena, sin mejorar el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La víspera, por la mañana, el cura fue a visitarme:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Deseo -me dijo- que asista la infeliz a la misa de gallo. Tal vez Nuestro Señor Jesucristo la salve, a la hora en que nació de una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Yo respondí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Me parece bien, señor cura. Es posible que se impresione con la ceremonia, muy a propósito para conmover, y que sin otra medicina pueda salvarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El viejo cura insinuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"-Usted es un incrédulo, doctor, y, sin embargo, confío mucho en su ayuda. ¿Quiere usted encargarse de que la lleven a la iglesia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Prometí hacer para servirle cuanto estuviese a mi alcance.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"De noche comenzó a repicar la campana, lanzando sus quejumbrosas vibraciones a través de la sombría llanura, sobre la superficie tersa y blanca de la nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Bultos negros llegaban agrupados lentamente, sumisos a la voz de bronce del campanario. La luna llena iluminaba con su tibia claridad todo el horizonte, haciendo más notoria la pálida desolación de los campos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Fui a la fragua con cuatro mocetones robustos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La endemoniada seguía rugiendo y aullando, sujeta con sogas a la cama. La vistieron, venciendo con dificultad su resistencia, y la llevaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"A pesar de hallarse ya la iglesia llena de gente y encendidas todas las luces, hacía frío; los cantores aturdían con sus voces monótonas; roncaba el serpentón; la campanilla del monaguillo advertía con su agudo tintineo a los devotos los cambios de postura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Detuve a la mujer y a sus cuatro portadores en la cocina de la casa parroquial, aguardando el instante oportuno. Juzgué que éste sería el que sigue a la comunión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Todos los campesinos, hombres y mujeres, habían comulgado pidiendo a Dios que los perdonase. Un silencio profundo invadía la iglesia, mientras el cura terminaba el misterio divino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Obedeciéndome, los cuatro mozos abrieron la puerta y acercáronse a la endemoniada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando ella vio a los fieles de rodillas, las luces y el tabernáculo resplandeciente, hizo esfuerzos tan vigorosos para soltarse que a duras penas conseguimos retenerla; sus agudos clamores trocaron de pronto en dolorosa inquietud la tranquilidad y el recogimiento de la muchedumbre; algunos huyeron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Crispada, retorcida, con las facciones descompuestas y los ojos encendidos, apenas parecía una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La llevaron a las gradas del presbiterio, sosteniéndola fuertemente, agazapada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando el cura la vio allí, sujeta, se acercó cogiendo la custodia, entre cuyas irradiaciones de oro aparecía una hostia blanca, y alzando por encima de su cabeza la sagrada forma, la presentó con toda solemnidad a la vista de la endemoniada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La mujer seguía vociferando y aullando, con los ojos fijos en aquel objeto brillante; y el cura estaba inquieto, inmóvil, hasta el punto de parecer una estatua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La mujer mostrábase temerosa, fascinada, contemplando fijamente la custodia; presa de terribles angustias, vociferaba todavía; pero sus voces eran menos desgarradoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Aquello duró bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hubiérase dicho que su voluntad era impotente para separar la vista de la hostia; gemía, sollozaba; su cuerpo, abatido, perdía la rigidez, recobraba su blandura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La muchedumbre se había prosternado con la frente en el suelo; y la endemoniada, parpadeando, como si no pudiera resistir la presencia de Dios ni sustraerse a contemplarlo, callaba. Luego advertí que se habían cerrado sus ojos definitivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Dormía el sueño del sonámbulo, hipnotizada..., ¡no, no!, vencida por la contemplación de las fulgurantes irradiaciones de la custodia de oro; humillada por Cristo Nuestro Señor triunfante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Se la llevaron, inerte, y el cura volvió al altar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La muchedumbre, desconcertada, entonó un tedeum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Y la mujer del herrero durmió cuarenta y ocho horas seguidas. Al despertar, no conservaba ni la más insignificante memoria de la posesión ni del exorcismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Ahí tienen, señoras, el milagro que yo presencié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un corto silencio y, luego, añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No pude negarme a dar mi testimonio por escrito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-5139526552476306678?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5139526552476306678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5139526552476306678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/12/cuento-de-navidad.html' title='Cuento de Navidad'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-413383641308121917</id><published>2009-12-20T06:16:00.000-08:00</published><updated>2009-12-20T14:36:43.971-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento de navidad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Anton Chejov'/><title type='text'>Vanka</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Anton Chejov&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir. Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada, en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono obscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Querido abuelo Constantino, Makarich —escribió—: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka miró a la obscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecillo enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña, plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Acompañábanle dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando le tenían ya por muerto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;— ¿Quiere usted un polvito? —es preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la obscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Te seré todo lo útil que pueda —continuó momentos después—. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso, que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;— ¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos le trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio... «¡Ven, abuelito, ven! —continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho—. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte, que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdale bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes te quiere tu nieto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Ven en seguida, abuelito.»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«En la aldea, a mi abuelo.»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras una nueva meditación, añadió:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Constantino Makarich.»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie se lo estorbase se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente paseábase en torno de la estufa y meneaba el rabo...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-413383641308121917?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/413383641308121917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/413383641308121917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/12/vanka.html' title='Vanka'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-2308975967710406726</id><published>2009-12-03T07:18:00.000-08:00</published><updated>2009-12-03T07:20:08.879-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='José Emilio Pacheco'/><title type='text'>La Zarpa</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;José Emilio Pacheco&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;color:#000000;"&gt;&lt;b&gt;A                  Fernando Burgos&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Padre, las cosas que habrá oído en el confesionario y aquí en la sacristía... Usted es joven, es hombre. Le será difícil entenderme. No sabe cuánto me apena quitarle tiempo con mis problemas, pero ¿a quién si no a usted puedo confiarme? De verdad no sé cómo empezar. Es pecado alegrarse del mal ajeno. Todos lo cometemos ¿no es cierto? Fíjese usted cuando hay un accidente, un crimen, un incendio. Qué alegría sienten los demás porque no fue para ellos al menos una entre tantas desgracias de este mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Usted no es de aquí, padre, no conoció México cuando era una ciudad pequeña, preciosa, muy cómoda, no la monstruosidad que padecemos ahora en 1971. Entonces nacíamos y moríamos en el mismo sitio sin cambiarnos nunca de barrio. Éramos de San Rafael, de Santa María, de la colonia Roma. Nada volverá a ser igual... Perdone, estoy divagando. No tengo a nadie con quién hablar y cuando me suelto... Ay, padre, qué vergüenza, si supera, jamás me había atrevido a contarle esto a nadie, ni a usted. Pero ya estoy aquí. Después me sentiré más tranquila.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mire, Rosalba y yo nacimos en edificios de la misma calle, con apenas tres meses de diferencia. Nuestras madres eran muy amigas. Nos llevaban juntas a la Alameda y a Chapultepec. Juntas nos enseñaron a hablar y a caminar. Desde que entramos en la escuela de párvulos Rosalba fue la más linda, la más graciosa, la más inteligente. Le caía bien a todos, era amable con todos. En primaria y secundaria lo mismo: la mejor alumna, la que portaba la bandera en las ceremonias, bailaba, actuaba o recitaba en los festivales. "No me cuesta trabajo estudiar", decía. "Me basta oír algo para aprendérmelo de memoria."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ay, padre, ¿por qué las cosas están mal repartidas? ¿Por qué a Rosalba le tocó lo bueno y a mí lo malo? Fea, gorda, bruta, antipática, grosera, díscola, malgeniosa. En fin... Ya se imaginará lo que nos pasó al llegar a la preparatoria cuando pocas mujeres alcanzaban esos niveles. Todos querían ser novios de Rosalba. A mí que me comieran los perros: nadie se iba a fijar en la amiga fea de la muchacha guapa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En un periodiquito estudiantil publicaron: "dicen las malas lenguas que Rosalba anda por todas partes con Zenobia para que el contraste haga resplandecer aún más su belleza única, extraordinaria, incomparable". Desde luego la nota no estaba firmada. Pero sé quién la escribió. No lo perdono aunque haya pasado más de medio siglo y hoy sea muy importante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Qué injusticia ¿no cree? Nadie escoge su cara. Si alguien nace fea por fuera la gente se las arregla para que también se vaya haciendo horrible por dentro. A los quince años, padre, ya estaba amargada. Odiaba a mi mejor amiga y no podía demostrarlo porque ella era siempre buena, amable, cariñosa conmigo. Cuando me quejaba de mi aspecto me decía: "Qué tonta eres. Cómo puedes creerte fea con esos ojos y esa sonrisa tan bonita que tienes". Era sólo la juventud, sin duda. A esa edad no hay quien no tenga su gracia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-2308975967710406726?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2308975967710406726'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2308975967710406726'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/12/la-zarpa.html' title='La Zarpa'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-3466113164427242719</id><published>2009-11-13T06:28:00.000-08:00</published><updated>2009-11-13T06:29:01.617-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Truman Capote'/><title type='text'>Un día de trabajo</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Escena: Una lluviosa mañana de abril, 1979. Voy caminando por &lt;st1:personname productid="la Segunda Avenida" st="on"&gt;la Segunda Avenida&lt;/st1:personname&gt; en la ciudad de Nueva York, llevando una vieja bolsa de compras, de hule, repleta de materiales de limpieza de propiedad de Mary Sánchez, que va a mi lado tratando de protegerme con un paraguas, lo que no es muy difícil, ya que es mucho más alta que yo, de metro ochenta de estatura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mary Sánchez es una profesional de la limpieza que trabaja por hora, a cinco dólares la hora, seis días por semana. Trabaja unas nueve horas al día, y por lo general visita unos veinticuatro domicilios diferentes entre lunes y sábados. Sus clientes generalmente no requieren sus servicios más que una vez a la semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mary tiene cincuenta y siete años, y es nativa de un pueblito de Carolina del Sur, hace cuarenta años vive en el “Norte”. Su marido, un portorriqueño, murió el verano pasado. Tiene una hija casada que vive en San Diego, y tres hijos varones, uno de los cuales es dentista, el otro está cumpliendo una condena de diez años por robo a mano armada, y el tercero “se ha ido, simplemente. Dios sabe adónde. Me llamó &lt;st1:personname productid="la Navidad" st="on"&gt;la Navidad&lt;/st1:personname&gt; pasada, y sonaba como de muy lejos. Le pregunté adónde estás, Pete, pero no quiso decirme, así que le dije que su papá había muerto, y me dijo qué bien, que ése era el mejor regalo de Navidad que podía darle, así que corté, con todas mis fuerzas, y espero que nunca vuelva a llamar. Escupir de esa manera en la tumba del papá. Bueno, claro, Pedro nunca fue bueno con los chicos. Ni conmigo. No hacía más que emborracharse y jugar a los dados. Andaba con malas mujeres. Lo encontraron muerto en un banco del Central Park. Tenía una botella vacía de Jack Daniels envuelta en una bolsa de papel madera entre las piernas. Ese hombre siempre bebió únicamente lo mejor. Aun así, Pete fue demasiado lejos al decir que se &lt;i&gt;alegraba&lt;/i&gt; de que su padre estuviera muerto. Le debía el don de la vida, ¿no? Y yo también debía algo a Pedro. Si no fuera por él, seguiría siendo una ignorante bautista, perdida para el Señor. Pero al casarme, me casé por &lt;st1:personname productid="la Iglesia Cat￳lica" st="on"&gt;la  Iglesia Católica&lt;/st1:personname&gt;, y &lt;st1:personname productid="la Iglesia Cat￳lica" st="on"&gt;la Iglesia Católica&lt;/st1:personname&gt; trajo un &lt;i&gt;brillo &lt;/i&gt;a mi vida que nunca se ha apagado, y nunca se apagará, ni siquiera cuando muera. Crié a mis hijos en &lt;st1:personname productid="la Fe. Dos" st="on"&gt;la Fe. Dos&lt;/st1:personname&gt; salieron muy bien, y eso se lo debo a &lt;st1:personname productid="la Iglesia" st="on"&gt;la Iglesia&lt;/st1:personname&gt;, más que a mí.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mary Sánchez es musculosa, pero tiene una cara agradable, redonda, pálida y afable, con una nariz respingada y un lunar en lo alto de la mejilla izquierda. No le gusta el término “negro” cuando se aplica racialmente. “Yo no soy negra. Soy morena. Una mujer de color, morena clara. Y le diré otra cosa. No conozco a muchas otras personas de color a quienes les gusta que les digan negros. A lo mejor algunos jóvenes. Y los extremistas. Pero no las personas de mi edad, ni la mitad de jóvenes. Ni siquiera les gusta a los que son realmente negros. Yo soy de color, y católica, y me enorgullezco al decirlo.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Conozco a Mary Sánchez desde 1968, fecha en que empezó a trabajar para mí, y ha seguido haciéndolo periódicamente. Es concienzuda y se interesa más de lo acostumbrado en sus clientes, a algunos de los cuales apenas conoce, o no ha visto en absoluto, ya que muchos son hombres y mujeres solteros que trabajan y no están en casa cuando ella llega a limpiarles el departamento. Se comunican recíprocamente por notas: &lt;i&gt;Mary, por favor riegue los geranios y dé de comer al gato. Espero que usted esté bien. Gloria Scotto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Una vez le dije que me gustaría seguirla durante un día de trabajo, y ella dijo que bueno, que no veía nada malo en ello y que, en realidad, disfrutaría de mi compañía. “Una se siente sola en este trabajo a veces.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Es por eso que camino a su lado esta lluviosa mañana de abril. Vamos a su primer trabajo: a lo de un tal Andrew Trask, que vive en la calle setenta y tres este. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Qué diablos lleva en esta bolsa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Démela. No puedo soportar las maldiciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: No. Perdón. Pero es pesada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Debe ser la plancha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Plancha la ropa? Nunca lo hace para mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Algunas de estas personas no tienen nada. Por eso tengo que llevar tantas cosas. Les dejo notas: compren esto o aquello. Pero se olvidan. Parece que cada uno está envuelto en sus propias preocupaciones. Como este Mr. Trask, adonde vamos ahora. Hace siete, ocho meses que trabajo para él, pero no lo he visto todavía. Pero bebe demasiado, y su mujer lo dejó por eso, y debe a todo el mundo; cuando contesto el teléfono, es alguien que trata de cobrar. Pero ahora le han desconectado el teléfono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Llegamos a la dirección y ella saca de una cartera que lleva colgada del hombro un enorme llavero de metal con docenas de llaves. El edificio es de cuatro pisos, con un ascensor diminuto).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC (después de entrar y echar un vistazo a la casa de Trask, que consta de una habitación grande, de paredes color verde arsénico, con &lt;i&gt;kitchenet &lt;/i&gt;y un baño con inodoro roto, pues el agua no cesa de correr): Hmm. Ya veo lo que quiere decir. Este hombre tiene problemas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY (abriendo un ropero húmedo y atestado de ropa con olor a sudor): ¡No hay una sábana limpia en toda la casa! ¡Y fíjese en esa cama! ¡Mayonesa! ¡Chocolate! Migas, migas, goma de mascar, puchos. ¡Lápiz labial! ¿Qué clase de mujer se rebajaría a meterse en una cama como esta? Hace semanas, meses, que no puedo cambiar las sábanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Enciende varias lámparas con pantallas torcidas, y mientras trata de organizar el desorden circundante, observo detenidamente el lugar. En realidad, parece que hubiera entrado un ladrón, dejando abiertos algunos cajones del escritorio, otros cerrados. Sobre el escritorio hay una foto: es de un hombre muy macho, moreno y corpulento, una rubia arrogante de una asociación universitaria y tres muchachos rubios, tostados por el sol, sonrientes, de dientes protuberantes. El mayor tendrá unos catorce años.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Hay otra foto, ésta sin marco, metida en el espejo manchado: otra rubia, aunque decididamente no universitaria: tal vez levantada en Maxwell´s Plum. Debe ser de ella el lápiz labial de las sábanas. Sobre el piso se ve el número de diciembre de &lt;i&gt;True Detective, &lt;/i&gt;y en el baño, apiladas junto al inodoro que no para nunca, revistas de mujeres desnudas: &lt;i&gt;Penthouse&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Hustler, Oui. &lt;/i&gt;Aparte de esto, parece haber una ausencia total de posesiones culturales. Hay cientos de botellas vacías de vodka por todas partes, del tipo miniatura que sirven en los aviones.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Por qué beberá nada más que estas miniaturas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: A lo mejor no puede comprar tamaño más grande. Compra lo que puede, nada más. Tiene un buen empleo, aunque no sé si podrá conservarlo. Supongo que su familia le saca todo el dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Qué hace?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Trabaja en los aviones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Eso lo explica. Consigue estas botellitas gratis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Sí? ¿Cómo? No es camarero, sino piloto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Oh, Dios mío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Suena el teléfono, con tono apagado, pues el aparato está sumergido debajo de una frazada arrugada. Frunciendo el entrecejo, con las manos mojadas de detergente pues está lavando los platos, Mary lo desentierra con la delicadeza de un arqueólogo.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Se lo debe haber vuelto a conectar. ¿Hola? (Silencio.) ¿Hola?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;VOZ DE MUJER: ¿Quién habla?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Habla con la residencia de Mr. Trask.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;VOZ DE MUJER: ¿La &lt;i&gt;residencia&lt;/i&gt; de Mr. Trask? (Risas. Luego tono arrogante). ¿Con quién hablo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY:&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Con la mucama de Mr. Trask.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;VOZ DE MUJER: De modo que Mr. Trask tiene mucama, ¿eh? Bueno, algo que Mrs. Trask no tiene. ¿Quiere la mucama de Mr. Trask hacer el favor de decirle a Mr. Trask que &lt;st1:personname productid="la Mrs. Trask" st="on"&gt;la Mrs. Trask&lt;/st1:personname&gt; quiere hablar con él?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: No está en casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. TRASK: No me mienta. Llámelo al teléfono.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Lo siento, Mrs. Trask, supongo que está volando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. TRASK (con amarga alegría): ¿Volando? Siempre está volando, querida. Siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Quiero decir que está trabajando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. TRASK: Dígale que me llame no bien llegue, si es que sabe lo que le conviene.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Sí, señora, le dejaré el mensaje. (Corta.) Qué mujer despreciable. No me extraña que él esté como está.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Y ahora se ha quedado sin trabajo. ¿Me habrá dejado el dinero? Ah, sí. Ahí está. Encima de la heladera. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Sorprendentemente, después de una hora, más o menos, ha logrado camuflar el caos y hecho que la habitación, si bien no está en perfecto estado, parezca respetable.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Con un lápiz, escribe una nota y la calza en el marco del espejo: &lt;i&gt;Estimado Mr. Trask, su esposa quiere que la llame a casa de su hermana, atentamente Mary Sánchez. &lt;/i&gt;Luego suspira, se sienta en el borde de la cama y de su boca saca una pequeña caja de lata llena de puchos de marihuana. Elige uno, lo pone en una boquilla, lo enciende y aspira profundamente, conteniendo el humo en los pulmones mientras cierra los ojos. Me ofrece una pitada.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: No, gracias. Es demasiado temprano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Nunca es demasiado temprano. De todos modos, debería probar esto. &lt;i&gt;Muchos cojones. &lt;/i&gt;Lo consigo de una cliente, una señora católica muy distinguida. Está casada con un hombre de Perú. La familia de él se lo envía. Directamente por correo. Nunca fumo para drogarme, un poquito, nada más, para borrar lo malo. La pesadez. (Aspira el humo de su cigarrillo hasta que casi le quema los labios). Andrew Trask. Pobre diablo asustado. Podría terminar como Pedro. Muerto sobre el banco de un parque, sin que a nadie le importe. No es que a mí no me importara mi marido. Últimamente no hago más que recordar los buenos momentos pasados con Pedro, y supongo que eso es lo que pasa con la gente que una vez amó a alguien y luego lo perdió. Lo malo se olvida, y una se detiene en las cosas lindas, en lo que hizo que una los quisiera al principio. Pedro, el hombre joven del que me enamoré, era un bailarín maravilloso, sabía bailar el tango, la rumba, me enseñó a bailar y nos cansamos de bailar. Siempre íbamos a los bailes del viejo Savoy. Era limpio, pulcro, hasta cuando se entregó a la botella tenía las uñas limpias, bien cortadas y pulidas. Y sabía cocinar de todo. Así se ganaba la vida, como cocinero. Le dije que nunca hizo nada por los chicos, pero les preparaba el almuerzo que llevaban a la escuela. Sandwiches de todas clases envueltos en papel encerado. De jamón, de manteca de maní y dulce, de huevo, atún, y les ponía frutas, manzanas, bananas o peras y un termo lleno de leche tibia con miel. Me duele cuando pienso en él solo en el parque, y que no lloré cuando vino la policía a avisarme. Debí haber llorado. Por él, se lo debía. Le debía un puñetazo en la mandíbula, también. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Voy a dejar las luces encendidas para Mr. Trask. No es bueno que entre en una pieza oscura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Cuando salimos ya la lluvia había cesado, pero el cielo seguía amenazante y el viento que se había levantado arrojaba la basura por las cunetas y hacía que los transeúntes aferraran sus sombreros. Nuestro destino quedaba a cuatro cuadras. Era un edificio de departamentos, modesto pero moderno, con portero uniformado. Íbamos a la casa de Miss Edith Shaw, una joven de veintitantos años que formaba parte del personal de la editorial de una revista. “Una revista de noticias. Debe tener mil libros. Aunque no parece un ratón de biblioteca. Es una chica muy saludable, y tiene muchos amigos. Demasiados. Ningún muchacho parece durarle. Nos hicimos amigas porque... Bueno, un día fui a su departamento y estaba muy enferma. Había asesinado a su bebé, con un médico. Normalmente yo no apruebo eso: es contrario a mis creencias. Le dije: ¿Y por qué no se casó con el hombre? La verdad es que no sabía quién era el padre, así que no sabía con quién casarse. Y además, lo que menos quería era un esposo o un hijo.”)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY (examinando la escena desde la puerta del departamento de dos dormitorios de Miss Shaw, que acababa de abrir): No hay mucho que hacer aquí. Sacar un poco el polvo. Ella lo cuida bien. Fíjese en todos esos libros. Hasta el techo. Nada más que biblioteca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Excepto por los estantes cargados de libros, el departamento era atractivo, nada recargado, con muebles escandinavos blancos y lustrosos. Había un mueble antiguo: un escritorio de tapa corrediza con una máquina de escribir. Una hoja de papel en la máquina. Me fijé en lo que estaba escrito: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;“Zsa Zsa Gabor tiene &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;305 años&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;lo sé&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;porque le conté&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;los anillos.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Y a triple espacio, decía:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;“Sylvia Plath, te odio&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;y odio a tu maldito papito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;Y me alegro me oyes,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-indent: 9pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;me alegro de que hayas metido&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;&lt;span style=""&gt;                                &lt;/span&gt;la cabeza en el horno.” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Es poeta la señorita Shaw?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Siempre está escribiendo algo. No sé qué es.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Lo que veo me hace pensar que escribe drogada. Venga, quiero mostrarle algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Me lleva al baño, que me sorprende por lo grande y resplandeciente. Abre la puerta de un armario e indica un objeto en un estante: es un vibrador rosado, de plástico, con la forma de un pene de tamaño natural.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;¿Sabe qué es?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Usted no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Yo le pregunté primero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Es un consolador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Ya sé. Pero nunca vi uno igual a éste. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;Dice &lt;i&gt;Made in &lt;st1:country-region st="on"&gt;&lt;st1:place st="on"&gt;Japan&lt;/st1:place&gt;&lt;/st1:country-region&gt;.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Ah, bueno. La mente oriental.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Paganos. Tiene unos perfumes maravillosos. Si a una le gusta el perfume. Yo no me pongo más que un poco de esencia de vainilla detrás de las orejas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Mary empezó a trabajar, barriendo los pisos encerados, sin alfombras, y pasando un plumero por los estantes. Mientras trabajaba mantenía abierta la caja de cigarrillos de marihuana, y no dejaba de fumar. No sé cuánta “pesadez” debía levantar, pero el aroma solamente me elevaba.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Está seguro de que no quiere un par de pitadas? Se está perdiendo algo bueno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Usted me obliga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(De muchacho y de hombre he probado marihuana fuerte, si bien nunca para enviciarme, lo suficiente para reconocer la diferencia entre la hierba mexicana común y el contrabando de lujo, como Thai y la soberbia Maui-Wowee. Mientras fumaba un cigarrillo entero y la mitad de otro de los de Mary, me sentía como poseído por un demonio delicioso, presa de una loca y maravillosa alegría: el demonio me hacía cosquillas en los dedos de los pies, me rascaba la cabeza, que me picaba, me besaba apasionadamente con sus rojos labios azucarados, me metía la fogosa lengua en la garganta. Todo relucía. Mis ojos eran lentes de una cámara fotográfica: alcanzaba a leer los títulos de los libros en los estantes superiores: &lt;i&gt;La personalidad neurótica de nuestro tiempo &lt;/i&gt;por Karen Horney, &lt;i&gt;Eimi, &lt;/i&gt;por e. e. cummings; &lt;i&gt;Los cuatro cuartetos, Poesía completa, &lt;/i&gt;de Robert Frost.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Desprecio a Robert Frost. Era un hijo de puta malvado y egoísta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Si vamos a empezar a maldecir...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Con su halo de pelo desgreñado. Un sádico egomaníaco y traidor. Arruinó a toda su familia. A algunos de ellos. Mary, ¿has discutido esto alguna vez con tu confesor?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Con el padre McHale? ¿Discutido qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Este precioso néctar que estamos divinamente devorando, mi adorable amiga. ¿Has informado al padre McHale de esta deliciosa aventura?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Lo que no sabe no le hará daño. Sírvase, una pastilla de menta. Hace que la marihuana sepa mejor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Aunque me parecía extraño, no estaba drogada. Yo había pasado junto a Venus y a Júpiter, al alegre Júpiter, convocado más allá en la distancia planetaria, deslumbrado por las liláceas estrellas. Mary se dirigió al teléfono y discó un número. Dejó que llamara un rato largo antes de colgar.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: No están en casa. Eso es algo que debo agradecer. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;Mr. y Mrs. Berkowitz. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Si hubieran estado en casa, no habría podido llevarlo a usted. Porque son unos judíos pomposos. ¡Ya sabe qué pomposos pueden llegar a ser &lt;i&gt;ellos&lt;/i&gt;! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¿Los judíos? Dios, sí. Muy pomposos. Todos deberían estar en el Museo de Historia Natural. Todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Estoy pensando en avisar a Mrs. Berkowitz, que voy a dejar de trabajar para ella. Lo que pasa es que Mr. Berkowitz, que vendía ropa, se ha retirado, y ahora los dos están siempre en casa. Estorbando. A menos que vayan a Greenwich, donde tienen una propiedad. Allí deben estar hoy. Otra razón por la que tengo ganas de dejarlos. Tienen un loro viejo, que ensucia por todas partes. ¡Y es muy estúpido! No sabe más que dos cosas: “¡Pardiez!” y “¡Oy vey!” Cada vez que alguien entra en la casa empieza a gritar “¡Oy vey!” Me pone nerviosísima. ¿Qué le parece? Nos fumamos otro pucho y nos vamos de aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Había vuelto a llover y el viento había aumentado, lo que hacía que el aire pareciera un espejo destrozado. Los Berkowitz vivían en Park Avenue y la calle ochenta y tantos, de modo que sugerí que tomáramos un taxi, pero Mary dijo no, qué clase de hombre era yo, podíamos ir caminando, de modo que, a pesar de la apariencia, ella también estaba viajando por caminos estelares. Caminábamos lentamente como si fuera un día tibio y tranquilo, el cielo estuviera color turquesa, y las calles resbaladizas fueran una playa del Caribe. Park Avenue no es mi boulevard favorito. Es fecundo en falta de encanto. No serviría de nada que Mrs. Lasker plantara tulipanes a ambos lados, desde la estación Grand Central hasta el Harlem español. Sin embargo, hay algunos edificios que traen recuerdos. Pasamos uno en el que pasó sus últimos años Willa Catre, la escritora norteamericana que yo más admiraba, con su compañera, Edith Lewis. Muchas veces estuve sentado frente a su chimenea, bebiendo jerez y observando cómo la luz del fuego de leños encendía el pálido azul pradera de los serenos ojos de genio de Miss Catre. En la calle ochenta y cuatro reconocí una casa de departamentos donde, en una oportunidad, había asistido a una comida de pocos invitados, todos de etiqueta, ofrecida por el senador John F. Kennedy y su señora, entonces tan jóvenes y despreocupados. Pero a pesar de los agradables esfuerzos de los dueños de casa, la noche no había sido tan reveladora como yo esperaba, porque después de retirarse las damas, los hombres quedamos solos en el comedor a saborear nuestros licores y habanos, y uno de los invitados, un modisto de barba un tanto torcida, llamado Oleg Cassini, abrumó con el informe de un viaje a Las Vegas y el millar de coristas a las que había examinado allí: sus medidas, logros eróticos, requerimientos financieros. El recital hipnotizó a los oyentes; el que más atendía y reía bajito era el futuro presidente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Cuando llegamos a la calle ochenta y siete, señalé una ventana del cuarto piso de Park Avenue mil sesenta, e informé a Mary: “Mi madre vivía allí. Ése era su dormitorio. Era hermosa y muy inteligente, pero no quería vivir. Tenía muchas razones, o por lo menos, eso creía ella, pero al final se resumieron en su marido, mi padrastro. Era un hombre que se había hecho a sí mismo, con bastante éxito. Ella lo idolatraba. Él era un buen tipo, pero jugaba, se metió en dificultades y malversó un montón de dinero. Perdió su negocio e iba derecho a Sing Sing.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mary sacude la cabeza: “Igual que mi hijo. Igual que él.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Los dos estamos parados, mirando la ventana, empapados por la lluvia. “De modo que una noche mi madre se vistió de gala y dio una comida. Todos decían que estaba encantadora. Pero después de la fiesta, antes de acostarse, se tomó treinta seconals y nunca despertó.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mary está enojada. Vuelve a caminar bajo la lluvia. “No tenía derecho a hacer eso. Yo no apruebo eso. Está en contra de mis creencias.”)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;LORO CHILLÓN: ¡Pardiez!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;MARY: ¿Lo oye? &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;¿Qué le dije? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;LORO: &lt;i&gt;¡Oy vey! ¡Oy vey! &lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(El loro, un &lt;i&gt;collage &lt;/i&gt;surrealista en verde, amarillo y anaranjado, que está cambiando las plumas, está trepado sobre una percha de caoba en la sala rigurosamente formal del los Berkowitz. Es una habitación que parece toda hecha de caoba: los pisos de parquet son de caoba, la boiserie y los muebles, costosas reproducciones de grandiosos muebles de época, aunque sólo Dios sabe de qué época. Sillas de respaldo recto, canapés que habrían puesto a prueba la resistencia de un profesor de posturas. Cortinados de terciopelo morado cubrían las ventanas, incongruentemente equipadas con celosías color marrón mostaza. Sobre la tallada repisa de caoba del hogar, el retrato, de marco de caoba, de Mr. Berkowitz, de grandes carrillos y piel cetrina, ataviado como caballero de campo listo para una cacería, con saco escarlata, pañuelo de seda, una trompa de caza bajo un brazo y una fusta bajo el otro. No sé cómo sería el resto de la incongruente casa, pues no vi nada más, excepto la cocina.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Qué hay de gracioso? ¿De qué se ríe?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: De nada. Es por este tabaco peruano, querubín. Supongo que Mr. Berkowitz es ecuestre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;LORO: &lt;i&gt;¡Oy vey! ¡Oy vey!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¡Cállate! Antes de que te retuerza el maldito cuello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Bueno, si vamos a maldecir... (Mary musita algo y se persigna). ¿Tiene nombre la criatura?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Ah. Trate de adivinar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Polly.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY (realmente sorprendida): ¿Cómo lo supo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: De modo que es hembra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Es un nombre de mujer, de modo que debe ser niña. Sea lo que sea, es una bruja. Fíjate, toda esa caca en el suelo. Para que yo la limpie.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¡Qué manera de hablar!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;POLLY: ¡Pardiez!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Son los nervios. Es mejor que nos levantemos el espíritu. (Saca la cajita de lata, los puchos, la boquilla, los fósforos). Y veamos qué encontramos en la cocina. Tengo ganas de comer algo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(El interior de la heladera de los Berkowitz es la fantasía de un glotón, una cornucopia de cosas riquísimas que engordan. No es raro que el dueño de casa tenga esos carrillos. “Oh, sí”, confirma Mary, “son dos cerdos. El estómago de ella parece a punto de tener las quintillizas de Dionne. Todos los trajes de él son a medida. Nada comprado en una tienda le quedaría bien. Hmm, qué rico. Tengo hambre. Estas tortitas de chocolate parecen muy ricas. Y la torta de moka. No me importaría comer una tajada. Podríamos ponerle un poco de helado encima.” Encuentra dos recipientes enormes y Mary los llena con tortitas de chocolate, torta de moka y cubre todo con un montón de helado de pistacho. Regresamos a la sala con este banquete y lo atacamos como huérfanos maltratados. No hay nada como la marihuana para dar apetito. Después de terminar el plato, y abastecernos de más cigarrillos, Mary vuelve a llenar los recipientes con porciones más generosas todavía.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Cómo se siente?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Me siento bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Cómo de bien?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Realmente bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Dígame exactamente cómo se siente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Estoy en Australia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Ha estado en Austria? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: En Austria no, en Australia. No, pero ahí es donde estoy ahora. Y todo el mundo decía siempre que era un lugar muy aburrido. ¡Eso demuestra lo que saben! El surfing mejor del mundo. Estoy en el mar, sobre una tabla, montando una ola tan alta como, como... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Alta como usted. Ja, ja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Una ola hecha de esmeraldas fundidas. El sol me quema en la espalda, y la espuma sabe salada en mi cara, y estoy rodeado de tiburones. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;Blue Water, White Death. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;¿No fue una película maravillosa? Hambrientos tiburones por todas partes, pero no me preocupan... francamente, me importan un carajo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY (con los ojos abiertos de miedo): ¡Cuidado con los tiburones! Tienen dientes que matan. Quedará lisiado para el resto de su vida. Deberá pedir limosna en las esquinas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: ¡Música!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¡Música! ¡Eso falta!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Como una luchadora mareada avanza hacia un objeto como gárgola que afortunadamente no había notado hasta ese momento: una consola de caoba que es televisor, radio y fonógrafo a la vez. Mary aprieta los botones de la radio hasta encontrar una estación que toca una música estruendosa, con compás latino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Mueve las caderas, chasquea los dedos, se mece con elegancia pero cierto sereno abandono al mismo tiempo, como si recordara alguna sensual noche de juventud, bailando con un compañero fantasmal una coreografía conocida. Y es mágico cómo su cuerpo, ahora sin edad, reacciona ante los tambores y las guitarras, cómo se contorsiona ante el ritmo más sutil; está en trance, en ese estado de gracia que supuestamente alcanzan los santos al tener una visión. Y yo también oigo la música; me atraviesa aceleradamente como una anfetamina, cada nota suena con la claridad separada de repiques de las campanas de una catedral en un silencioso domingo de invierno. Me muevo hacia ella, entro en sus brazos, y seguimos el compás, paso a paso, riendo, meciéndonos, y aun cuando se interrumpe la música para dejar a un anunciador que habla español con la rapidez del matraqueo de las castañuelas seguimos bailando, porque ahora hemos encerrado a las guitarras en nuestras mentes, igual que estamos envueltos en la risa, abrazados: más y más alto, tan alto que no nos damos cuenta del ruidito metálico de la llave, de la puerta que se abre y se cierra. Pero el loro oye.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;POLLY: ¡Pardiez!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;VOZ DE MUJER: ¿Qué es esto? ¿Qué pasa aquí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;POLLY: &lt;i&gt;¡Oy vey! ¡Oy vey!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;MARY: Hola, Mrs. Berkowitz. Hola, Mr. Berkowitz. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;¿Cómo les va?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Y allí están, flotando ante nosotros como dos globos de Mickey Mouse y Minnie Mouse en el desfile del Día de Acción de Gracias de la tienda Macy. Pero no se parecen, en absoluto, a dos ratones. Los ojos enfurecidos, los de ella feroces tras los anteojos de arlequín con marco de lentejuelas, absorben la escena: nuestros bigotes de helado de pistacho, el acre humo de la marihuana que contamina el ambiente. Mr. Berkowitz majestuosamente se dirige a la radio y la apaga.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. BERKOWITZ: ¿Quién es este hombre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Yo no sabía que usted estaba en casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="EN-US"&gt;MRS. BERKOWITZ: Obviamente. &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;Le pregunté: ¿quién es este hombre?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Sólo un amigo. Que me está ayudando. Tengo tanto trabajo hoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MR. BERKOWITZ: Usted está borracha, mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY (engañosamente dulce): ¿Qué dice?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. BERKOWITZ: Dijo que usted está borracha. Estoy escandalizada. De verdad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Ya que estamos diciendo la verdad, la verdad que tengo yo que decirle es: hoy es mi último día, me cansé de hacer de esclava negra aquí. Le aviso que me voy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MRS. BERKOWITZ: ¿Usted me avisa a &lt;i&gt;mí &lt;/i&gt;que se va?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MR. BERKOWITZ: ¡Váyase de aquí! Antes que llamemos a la policía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Sin más discusión, juntamos nuestras pertenencias. Mary saluda al loro: “Adiós, Polly. Tú eres bueno. Una buena chica. No hablaba en serio.” Y en la puerta de calle, donde sus ex empleadores se han apostado adustamente, anuncia: “Nada más que como aclaración, nunca probé alcohol en mi vida.” Abajo, sigue lloviendo. Caminamos pesadamente por Park Avenue, luego vamos por una transversal hasta Lexington.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¡No le dije que eran pomposos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: De museo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Pero la antigua vivacidad nos ha abandonado; el poder del follaje peruano disminuye, somos presa de la desilusión, mi tabla de surf se hunde, y ahora cualquier tiburón me aterraría.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Todavía me falta Mrs. Kronkite. Pero ella es buena, y me perdonará si no voy hasta mañana. A lo mejor me voy a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Permítame llamarle un taxi.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Aborrezco darles dinero. Los taxistas no nos quieren a los de color. Aunque ellos mismos sean de color. No, puedo tomar el subterráneo en Lexington y la ochenta y seis, aquí mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Mary vive en un departamento de alquiler cerca del estadio Yankee. Dice que era muy pequeño cuando vivía con toda su familia, pero ahora que está sola, parece inmenso y peligroso: “Tengo tres cerraduras en cada puerta, y todas las ventanas clavadas. Me compraría un perro de policía si no tuviera que dejarlo solo tanto tiempo. Sé lo que es estar sola, y no se lo desearía a un perro”.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Por favor, Mary, permítame que le pague un taxi.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: El subterráneo es mucho más rápido. Pero quiero ir a una parte. Está por aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;(Se trata de una iglesia angosta apretada entre anchos edificios a cada lado. Adentro hay dos hileras de bancos y un pequeño altar con una figura de yeso de un Jesús crucificado suspendido sobre él. Un olor a incienso y cera predomina en la oscuridad. Ante el altar hay una mujer escondiendo una vela, cuya luz fluctúa como el sueño de un espíritu vacilante. En otro sentido, somos los únicos allí. Nos arrodillamos en el último banco y Mary saca del bolso un par de rosarios. (“Siempre llevo uno de más”), uno para sí, el otro para mí, aunque yo no sé muy bien qué hacer, pues nunca he usado uno. Los labios de Mary se mueven y susurran.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: Querido Señor, tan misericordioso. Por favor, Señor, ayuda a Mr. Trask a que deje de beber y consiga nuevamente su trabajo. Por favor, Señor, no permitas que Miss Shaw sea un ratón de biblioteca y se quede solterona. Debería traer tus hijos al mundo. Y Señor, te ruego te acuerdes de mis hijos, de mi hija y nietos, de todos ellos. Y no dejes que la familia de Mr. Smith lo mande a ese hogar de ancianos; no quiere ir, llora todo el tiempo... (La lista de sus nombres es más numerosa que las cuentas de su rosario, y sus pedidos por ellos tienen el brillo sincero de la luz de la vela en el altar. Hace una pausa para mirarme.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: ¿Está rezando?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: No lo oigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;TC: Estoy rezando por usted, Mary. Quiero que viva para siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 9pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES"&gt;MARY: No rece por mí. Mi alma ya se ha salvado. (Me toma de la mano.) Rece por su madre. Rece por todas esas almas perdidas en la oscuridad. Pedro. Pedro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-3466113164427242719?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/3466113164427242719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/3466113164427242719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/11/un-dia-de-trabajo.html' title='Un día de trabajo'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-2170215309854253964</id><published>2009-11-05T10:05:00.000-08:00</published><updated>2009-11-05T10:08:47.708-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ray Bradbury'/><title type='text'>Los globos de fuego</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Ray Bradbury&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Las luces estallaban sobre los prados nocturnos del verano. Rostros de tíos y tías se iluminaban en la oscuridad. Los fuegos artificiales descendían en los ojos castaños y brillantes de los primos instalados en el porche, y las varas frías y calcinadas rebotaban &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;allá lejos sobre los campos de hierba seca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El muy reverendo padre Joseph Daniel Peregrine abrió los ojos. -¡Qué sueño! ¡Él y sus primos que jugaban animadamente en la antigua casa del abuelo, en Ohio, hacía ya tantos años!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Se quedó escuchando el gran vacío de la iglesia, las otras celdas donde descansaban los otros padres. ¿Recordarían ellos, también, en la víspera de la partida del cohete&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Crucifijo, el cuatro de julio? Sí. Esta inquieta madrugada se parecía a aquellas noches de la fiesta de la Independencia cuando uno espera el primer cañonazo y corre luego por las aceras, cubiertas de rocío, con las manos llenas de ruidosos milagros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y aquí estaban, los padres de la Iglesia Episcopal, momentos antes de lanzarse hacia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Marte. Subirían como una rueda de fuegos de artificio, dejando una estela de incienso en la aterciopelada catedral del espacio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Tenemos que ir realmente? -murmuró el padre Peregrine-. ¿No será mejor arreglar nuestros pecados, aquí, en la Tierra? ¿No estaremos huyendo de nuestra vida terrestre?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se incorporó moviendo pesadamente ese cuerpo voluminoso que tenía el color de las fresas, la leche y la carne cruda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿O será sólo pereza? -se preguntó-. ¿No tendré miedo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Se metió bajo las agujas de la ducha.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero te llevan a Marte, carne -se dijo a sí mismo-. Dejaré aquí los viejos pecados. ¿E iré a Marte a encontrarme con otros pecados nuevos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Una idea atrayente, casi. Pecados que nadie había podido imaginar. Oh, él mismo había escrito un libro titulado El problema del pecado en otros mundos, que la comunidad episcopal había ignorado casi totalmente, como cosa poco seria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;La noche anterior, mientras fumaban un último cigarro, él y el padre Stone habían conversado sobre eso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-En Marte el pecado puede tener la apariencia de la virtud. ¡Tenemos que estar prevenidos contra unos actos virtuosos que quizá sean pecados! -había dicho el padre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Peregrine sonriendo animadamente-. ¡Qué interesante! ¡El trabajo de un misionero nunca estuvo tan envuelto en aventuras! ¡Desde hace siglos!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Yo reconoceré el pecado, aun en Marte -dijo bruscamente el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Nosotros los sacerdotes, tenemos el orgullo de ser como papeles de tornasol, que cambian de color ante la presencia del pecado -replicó el padre Peregrine-. Pero, ¿y si la química marciana es tal que no nos coloreamos? Si hay sentidos nuevos en Marte, tenemos que admitir también la posible existencia de pecados irreconocibles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Si no hay mala intención, no puede haber pecado, ni castigo, ni arrepentimiento. Son palabras del Señor -dijo el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-En la Tierra, sí. Pero quizá los pecados marcianos puedan llevar el mal al subconsciente, en forma telepática, dejando la conciencia en libertad de acción, ¡aparentemente sin malicia! ¿Qué pasa, entonces?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Qué pecados nuevos podrían existir?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se había inclinado pesadamente hacia adelante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Adán, solo, no pecó. Añádale Eva, y añade usted la tentación. Añada un segundo hombre, y ya es posible el adulterio. Con la adición del sexo y otros seres humanos, se añade el pecado. Si los hombres no tuviesen brazos, no podrían estrangular a nadie con los dedos. No existiría entonces ese pecado de asesinato. Añádales manos y aparece la posibilidad de una nueva violencia. Las amebas no pecan. Se reproducen por división celular. No desean la mujer del prójimo, ni se matan entre sí. Añádales a las amebas sexo, piernas y brazos y tendrá usted crímenes y adulterios. Añada o saque un brazo y una pierna a una persona, y añadirá o suprimirá un mal posible. Si hay en Marte otros cinco nuevos sentidos, órganos, miembros invisibles que no podemos imaginar, ¿no habrá entonces cinco nuevos pecados?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone lanzó un bufido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Parece como si esa idea le gustara!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Me mantiene la mente despierta, padre. Eso es todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Su mente está siempre haciendo juegos de manos, ¿eh? Con espejos, platos, antorchas...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Sí. Porque muy a menudo la Iglesia se parece a esos cuadros vivos de los circos donde al levantarse el telón aparecen unos hombres inmóviles, blancos, bañados en talco u óxido de cinc, que representan la belleza abstracta. Admirable. Pero yo confío en que me dejen andar libremente entre esos hombres. ¿Usted no, padre Stone?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone se había alejado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Creo que será mejor que nos acostemos. Dentro de unas horas daremos un salto para ver esos nuevos pecados suyos, padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El cohete estaba preparado para partir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres dejaron sus oraciones matinales. Hacía mucho frío. Los escogidos sacerdotes de Los Ángeles, Nueva York o Chicago -la Iglesia estaba enviando lo mejor que tenía- caminaron a través del pueblo hasta el campo escarchado. El padre Peregrine recordaba las palabras del obispo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Padre Peregrine, usted capitaneará a los misioneros con el padre Stone como ayudante. Al elegirlo a usted para esta importante tarea he visto que mis motivos son deplorablemente oscuros. Pero su folleto sobre los pecados planetarios no ha dejado de tener sus lectores. Es usted un hombre flexible. Y Marte es como un armario sucio del que nadie se preocupó durante miles de años. Los pecados se han acumulado allí como en un almacén de antigüedades. Marte tiene el doble de la edad de la Tierra, y tiene también el doble de noches de sábados, de despachos de bebidas, y de ojos clavados en mujeres desnudas como focas blancas. Cuando abramos ese armario cerrado, todo eso caerá sobre nosotros. Necesitamos un hombre rápido y flexible, alguien que sepa esquivar el golpe. Un hombre demasiado dogmático se rompería en dos. Me parece que usted resistirá bien. Padre, puede comenzar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El obispo y los padres se arrodillaron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Se sucedieron las bendiciones, y rociaron el cohete con agua bendita. El obispo, incorporándose, se dirigió a los padres:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Vais a preparar a los marcianos para que ellos puedan recibir la Verdad. Sé que Dios os acompaña. Os deseo a todos un viaje bien meditado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pasaron ante el obispo, los veinte hombres, con un susurro de sotanas. Todos pusieron las manos entre las bondadosas manos del obispo, y luego subieron al proyectil purificado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Me pregunto -dijo en el último instante el padre Peregrine-, ¿y si Marte fuese el infierno? ¿Si estuviese esperándonos para luego estallar en una nube de fuego y piedras?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Que el Señor nos bendiga -dijo el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El cohete comenzó a moverse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Salir del espacio era como salir de la más hermosa de las catedrales. Pisar el suelo de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Marte era como pisar el ordinario pavimento, fuera de la iglesia, cinco minutos después de haber sentido, realmente, amor a Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres salieron cautelosamente del cohete humeante y se arrodillaron en el suelo marciano. El padre Peregrine entonó una oración de gracias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Señor, te damos gracias por este viaje a través de tus moradas. Y, Señor, hemos llegado a un mundo nuevo, de modo que necesitamos ojos nuevos. Oiremos sonidos nuevos, y necesitamos oídos nuevos. Y habrá aquí pecados nuevos, y te pedimos la gracia de unos corazones más firmes y más puros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres se incorporaron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y aquí estaba Marte, como un mar en el que se iban a sumergir disfrazados de biólogos submarinos, en busca de la vida. Este era el territorio de los ocultos pecados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;¡Oh, qué cuidadosamente debían de guardar el equilibrio, como plumas grises, en este nuevo elemento, temerosos de que hasta caminar sobre él fuese pecado, o respirar, o aun ayunar!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y ahí estaba el alcalde de la Primera Ciudad que se acercaba a ellos con la mano extendida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Qué puedo hacer por usted, padre Peregrine?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Quisiéramos saber algo de los marcianos. Pues sólo así podremos construir inteligentemente nuestra iglesia. ¿Miden tres metros de altura? Construiremos unas puertas muy altas. ¿Tienen la piel azul, roja o verde? Cuando pongamos figuras humanas en los vitrales pintaremos la piel con el color adecuado. ¿Son pesados? Haremos asientos sólidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Padre Peregrine -dijo el hombre-, no creo que los marcianos deban de preocuparle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Hay dos razas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Una de ellas está casi muerta. Los pocos que quedan viven escondidos. Y la segunda raza... bueno, no son seres humanos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Oh. -El corazón del padre Peregrine latió más rápidamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Son globos de luz, padre, luminosos y redondos. Hombres o animales, ¿quién puede saberlo? Pero actúan inteligentemente. Así he oído. -El alcalde se encogió de hombros-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pero por supuesto, no son hombres, así que no creo que usted deba preocuparse...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Al contrario -dijo el padre Peregrine con rapidez-. ¿Inteligentes, ha dicho?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Corre una historia. Un cateador de minas se rompió una pierna en esas montarías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Solo, se hubiese muerto. Las esferas de luz se le acercaron. Cuando se despertó, estaba acostado en la carretera y no sabía cómo había llegado allí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Borracho -dijo el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Esa es la historia -dijo el alcalde-. Padre Peregrine, muerta la mayor parte de los marcianos, y sólo con esos globos azules, creo francamente que sería mejor que se instalase en la Primera Ciudad. Marte se ha inaugurado hace poco. Es una región fronteriza, como las de aquellos viejos días terrestres: el Oeste y Alaska. Los hombres vienen aquí en oleadas. Hay unos dos mil mecánicos irlandeses y mineros y trabajadores que necesitan asistencia espiritual; pues hay demasiadas malas mujeres en ese pueblo y demasiado vino marciano de hace diez siglos...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine observaba las colinas azules.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone se aclaró la garganta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Y bien, padre?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine no lo oyó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Esferas de fuego azul?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Sí, padre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Ah -suspiró el padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Globos azules -dijo el padre Stone sacudiendo la cabeza-. ¡Un circo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine sintió que la sangre le golpeaba en las muñecas. Miró el pueblecit fronterizo, con sus pecados frescos y recientes, y miró las antiguas colinas, con los más viejos y sin embargo (para él) más nuevos pecados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Alcalde, ¿sus irlandeses podrán cocinarse un día más en el infierno?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Les daré una vuelta, preparándolos para su llegada, padre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Entonces, iremos allá -dijo el padre señalando las colinas con un movimiento de cabeza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Un murmullo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Sería algo tan simple -explicó el padre Peregrine- ir al pueblo. Prefiero pensar que si el&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Señor viniese a este planeta y le dijeran: «Este es el viejo sendero», El replicaría:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;«Mostradme los matorrales. Yo abriré el sendero.»&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Padre, piense cómo nos pesarían las conciencias si pasáramos junto a unos pecadores sin tenderles la mano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Pero globos de fuego!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Me imagino que los animales cuando vieron por primera vez al hombre pensaron que era bastante raro. Y sin embargo, tenía un alma. Supongamos, hasta que probemos otra cosa, que esas esferas brillantes tienen también un alma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Muy bien -dijo el alcalde-, pero luego vendrá al pueblo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Ya veremos. Primero el desayuno. Luego usted y yo, padre Stone, iremos hasta esas colinas. No quiero asustar a esos marcianos de fuego con máquinas o multitudes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;¿Desayunamos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres comieron en silencio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;A la caída de la noche el padre Peregrine y el padre Stone se encontraban en lo alto de las colinas. Se detuvieron y se sentaron en una roca a descansar y esperar. Los marcianos no habían aparecido aún y los dos padres se sentían vagamente desilusionados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Me pregunto... -El padre Peregrine se secó el sudor de la cara-. ¿Le parece que si les gritamos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;«¡Hola!» nos responderán.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Padre Peregrine, ¿no hablará usted nunca seriamente?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No, no mientras el Señor no haga lo mismo. Oh, no ponga esa cara de susto, por favor. El Señor no es serio. En realidad, es difícil saber qué es, además de amor Y el amor está unido al humor ¿no es cierto? Pues no se puede amar a alguien si no se está dispuesto a aguantarlo. Y no se puede aguantar constantemente a alguien sin reírse de él, ¿no es verdad? Somos, es indudable, unos animalitos ridículos que se revuelven en un tazón. Dios debe de amarnos principalmente porque le causamos gracia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Nunca imaginé a Dios como un humorista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡El creador del platirrino, el camello, el avestruz y el hombre! ¡Oh, por favor! -El padre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Peregrine se rió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pero en ese mismo instante, entre las colinas sombrías, como una hilera de lámparas azules que iluminasen el camino, aparecieron los marcianos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone fue el primero en verlos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Mire!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se volvió y dejó de reír.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los azules globos de fuego se detuvieron palpitando entre las estrellas titilantes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Monstruos!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone se incorporó de un salto. Pero el padre Peregrine lo retuvo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Espere!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Tendríamos que haber ido a la ciudad!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡No! ¡Escuche, mire! -suplicó el padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Tengo miedo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No. Son obra de Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Del demonio!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No. Serénese.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine calmó al padre Stone, y volvieron a sentarse. Las esferas azules se acercaron iluminando la cara de los dos sacerdotes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Otra vez la noche del día de la Independencia, pensó el padre Peregrine, estremeciéndose. Se sentía como un niño en aquellos atardeceres del cuatro de julio, cuando estallaban los cielos, rompiéndose en estrellas de polvo y ardiente sonido, y las ventanas de las casas temblaban como el hielo de mil charcos. Las tías, los tíos y los primos. Gritaban: ¡Ah! como ante un médico celestial. El cielo de verano se llenaba de colores. Y los globos de fuego, encendidos por algún abuelo indulgente, se alzaban en manos firmes y tiernas. ¡Oh, el recuerdo de aquellos hermosos globos de fuego, de luz suave, de cálidos e hinchados tejidos, como alas de insecto, que yacían como mariposas plegadas en cajas, y que al fin, después de un día de desorden y furia, los niños desdoblaban cuidadosamente! Azules, rojos, blancos, patrióticos, ¡los globos de fuego! El padre Peregrine vio otra vez los rostros de los familiares queridos, muertos hacía ya mucho tiempo, y ya cubiertos de musgo, mientras el abuelo encendía las velitas, permitiendo que el aire caliente subiera a llenar los globos luminosos que los niños sostenían entre las manos, como una brillante visión que no se atrevían a liberar; pues ya sueltos los globos, otro año se iba de la vida, otro cuatro de julio, otro fragmento de belleza se perdía para siempre. Y hacia arriba, hacia arriba, todavía más arriba, hacia las cálidas constelaciones del verano, subían los globos de fuego, mientras los ojos castaños y azules los seguían desde los porches familiares. Allá, en el territorio de Illinois, sobre ríos nocturnos y casas dormidas, los globos de fuego se elevaban cabeceando y alejándose para siempre...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Sobre él oscilaban los marcianos, como mil susurrantes globos de fuego. En cualquier momento su bondadoso abuelo, muerto hacía ya tanto tiempo, aparecería a su lado, con los ojos clavados en la belleza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pero era el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Vámonos, por favor, padre!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Tengo que hablarles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se adelantó sin saber qué decir. ¿Qué les había dicho, mentalmente, a los globos de fuego del pasado? Sois hermosos, sois hermosos. Nada más, y eso ahora no parecía bastante. El padre Peregrine sólo atinó a levantar los gruesos brazos y a gritarles como había deseado hacerlo en otro tiempo ante otros globos:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Hola!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pero las esferas luminosas siguieron ardiendo como imágenes en un espejo oscuro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Parecían inmóviles, gaseosas, milagrosas, eternas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Venimos con Dios -dijo el padre Peregrine dirigiéndose al cielo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Qué tontería, qué tontería! -El padre Stone se mordía el dorso de la mano-. ¡Cállese, padre Peregrine, en nombre de Dios!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Las esferas fosforescentes se alejaron entre las colinas. Un instante después, habían desaparecido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine las llamó de nuevo y el eco de su último grito sacudió las cimas más próximas. Se dio vuelta y vio que un alud levantaba una nube de polvo, se detenía, y luego, con un estruendo de ruedas de piedra, descendía por la montaña.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Mire lo que ha hecho! -gritó el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine miró las piedras, casi fascinado, y luego con horror. Se volvió, sabiendo que sólo podrían correr unos metros. Serían aplastados por las rocas. Apenas alcanzó a murmurar:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Oh, Señor! -y las rocas cayeron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Padre!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los sacerdotes fueron apartados de su sitio como el trigo de la cizaña. El débil resplandor azul de unas esferas, unos astros fríos que se movieron rápidamente, el eco de un trueno, y los padres se encontraron de pie en una arista rocosa a cincuenta metros de distancia del lugar donde habían caído unas cuantas toneladas de piedra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;La luz azul se desvaneció.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres se tomaron por los brazos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Qué ha ocurrido?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Los fuegos azules nos trajeron aquí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Hemos venido corriendo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No, los globos nos salvaron la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Imposible!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pues así ha sido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El cielo estaba desierto. Parecía como si una enorme campana hubiese dejado de sonar. Las reverberaciones golpeaban aún los dientes y las médulas de los padres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Vámonos de aquí. Usted va a matarnos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No he temido a la muerte durante muchos años, padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No hemos probado nada. Esas luces azules huyeron al oír el primer grito. Todo esto es inútil.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No. -El padre Peregrine se sentía poseído por una maravillosa obstinación-. Nos salvaron, de algún modo Eso prueba que tienen alma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Eso prueba solamente que pueden habernos salvado Fue algo confuso. Quizá escapamos por nuestros propios medios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No son animales, padre Stone. Los animales no salvan vidas, y menos aún vidas extrañas. Misericordia y compasión, eso hemos visto. Quizá, mañana, podamos probar algo más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Probar qué? ¿Cómo? -El padre Stone sentía una inmensa fatiga. Su rostro endurecido reflejaba la violencia por la que habían pasado su cuerpo y su mente-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;¿Siguiéndolos en helicópteros, leyéndoles capítulos y versículos? No son seres humanos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;No tienen ojos, ni oídos, ni cuerpos como los nuestros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero yo he sentido algo ante ellos -replicó el padre Peregrine-. Siento que va a revelárseme algo muy importante. Nos salvaron. Piensan. Podían elegir: dejarnos morir o salvarnos. ¡Esto prueba la existencia de un libre albedrío!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone estaba ocupado en encender un fuego, mirando las ramitas que tenía en la mano, tosiendo ante la humareda gris.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Abriré un convento para ocas, un monasterio para cerdos devotos, y construiré una microscópica capilla para que los infusorios puedan asistir a los servicios dominicales y pasen las cuentas del rosario entre sus flagelos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Oh, padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Perdóneme. -El padre Stone, enrojecido, parpadeó a través del fuego-. Pero esto es como bendecir a un cocodrilo que va a devorarnos. Está usted arriesgando todas nuestras vidas. ¡Deberíamos estar en la Primera Ciudad, sacando el licor de las gargantas de los hombres y el perfume de las manos!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿No puede usted reconocer lo humano en lo inhumano?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Reconozco más fácilmente lo inhumano en lo humano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero, ¿y si yo pruebo que estos seres conocen el pecado, conocen la moral, y gozan de libertad e inteligencia?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Le costará convencerme.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;La noche se enfriaba con rapidez, y los padres miraron las llamas donde bailaban unos trastornados pensamientos, y comieron unos bizcochos y unas fresas, y luego se abrigaron para dormir bajo la armonía de los astros. Y antes de volverse por última vez, el padre Stone, que estaba pensando en cómo molestar al padre Peregrine, miró las brasas rosadas y dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No hubo Adán y Eva en Marte. No hubo pecado original. Quizá los marcianos viven en gracia de Dios. Así que podríamos volver a la ciudad y comenzar a trabajar con los terrestres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se prometió a sí mismo rezar una oración por el padre Stone, que se había enojado tanto, y que ahora se estaba mostrando vengativo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Sí, padre Stone; pero los marcianos mataron a varios de nuestros colonos. Eso es pecado. Tiene que haber habido un pecado original y una Eva y un Adán marcianos. Los descubriremos. Los hombres son siempre hombres, no importa cuál sea su forma, y pecan fácilmente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pero el padre Stone se hacía el dormido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine no cerró los ojos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Indudablemente, no podían mandar a esos marcianos al infierno, ¿podían acaso? ¡Qué compromiso para sus conciencias! Podían volver a las nuevas ciudades de la colonia, esas ciudades tan llenas de lugares de perdición, y mujeres con ojos como chispas y blancos cuerpos de ostra que retozaban en las camas con los trabajadores solitarios. ¿No era ese el lugar de los padres? ¿No era este paseo por las colinas un mero capricho?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;¿Pensaba él realmente en la Iglesia de Dios, o estaba apagando la sed de su esponjosa curiosidad? ¡Esos fuegos de San Telmo, redondos y azules, como ardían detrás de la máscara, lo humano detrás de lo inhumano! ¿No se sentiría interiormente orgulloso si pudiera decirse a sí mismo que había convertido a toda una mesa de billar llena de bolas de fuego? ¡Qué pecado de orgullo! Merecía una buena penitencia. Pero uno comete tantos actos de orgullo por amor, y él amaba tanto a Dios y era por eso tan feliz. Y quería que todos fueran tan felices como él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Antes de dormirse vio aún el retorno de los fuegos azules, como un vuelo de ángeles ardientes que venían a velar su sueño cantándole en silencio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Cuando el padre Peregrine se despertó, en las primeras horas de la mañana, los sueños redondos y azules estaban todavía en el cielo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone dormía profunda y serenamente. El padre Peregrine observaba a los marcianos, que flotaban y lo observaban. Eran seres humanos, lo sabía muy bien. Pero tenía que probarlo, o si no iba a enfrentarse con un obispo de lengua seca y ojos secos que le diría, bondadosamente, que se hiciera a un lado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;¿Pero cómo probar la humanidad de unos seres que se ocultaban en las altas bóvedas del cielo? ¿Cómo atraerlos, y obtener de ellos las respuestas necesarias?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Nos salvaron de esas rocas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se levantó, camino entre las piedras y comenzó a subir por la colina más cercana hasta una saliente que caía a pico sobre un abismo de cincuenta metros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Respiraba fatigosamente. Había ascendido con rapidez, y el aire era helado. Se detuvo, reteniendo el aliento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Si caigo desde aquí, no saldré seguramente con vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Dejó caer un guijarro. Un momento después se oyó el ruido de la piedra al chocar contra las rocas. Dejó caer otro guijarro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-No será suicidio, ¿no es cierto?, si lo hago por amor...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Alzó los ojos hacia las esferas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero antes, probaré otra vez. ¡Hola! ¡Hola!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los ecos retumbaron uno sobre otro, pero los fuegos azules no cambiaron ni se movieron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Les habló durante cinco minutos. Cuando terminó, miró al padre Stone, allá abajo, indignantemente dormido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Tengo que probarlo todo. -El padre Peregrine se adelantó hacia el borde del precipicio-&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;. Soy un hombre viejo. No tengo miedo. Seguramente el Señor comprenderá que lo hago por El..&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Tomó aliento. Su vida entera desfiló rápidamente. ¿Moriré dentro de un instante? Temo amar demasiado la vida. Pero amo aún más otras cosas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y con este pensamiento, dio un paso en el vacío y cayó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Tonto! -se gritó. Daba vueltas en el aire-. ¡Estabas equivocado!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Las rocas subían rápidamente hacia él y se vio a sí mismo aplastado contra ellas y enviado a la gloria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Por qué he hecho esto? -Pero sabía por qué. Se tranquilizó. El viento rugía y las rocas venían a recibirlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y de pronto, un movimiento de estrellas, un resplandor azul, y el padre Peregrine se vio envuelto en una luz celeste, y suspendido en el aire. Un momento después era depositado, con un golpe suave, sobre las rocas. Y allí se sentó, vivo, palpándose el cuerpo, y clavando los ojos en esas luces azules que ya se habían retirado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Me habéis salvado la vida! -murmuró-. No me dejasteis morir. Sabíais que estaba equivocado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Corrió hacia el padre Stone, que dormía aún, tranquilamente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Padre, padre, despierte! -Lo sacudió, y lo volvió hacia él-. ¡Padre, me han salvado!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Quién lo ha salvado? -El padre Stone parpadeó incorporándose.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine relató su experiencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Un sueño, una pesadilla. Vamos, duérmase otra vez -dijo el padre Stone. irritado-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Usted y sus globos de circo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Pero estaba despierto!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Vamos, vamos, padre. Cálmese.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿No me cree? ¿Tiene un arma? Sí, démela.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Qué va a hacer?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone le alcanzó el arma de fuego que habían traído para protegerse de las serpientes, y otros similares e imprevisibles animales.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine esgrimió el arma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Lo probaré!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Apuntó a su propia mano y disparó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Deténgase!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Se vio una luz temblorosa y ante los propios ojos de los padres la bala se detuvo a unos centímetros de la palma de la mano. Se quedó allí, un momento, rodeada por una fosforescencia azul. Luego cayó, hundiéndose en el polvo con un débil silbido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine disparó el arma tres veces: contra una mano, una pierna, el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Las tres balas flotaron, brillantes, y luego, como insectos muertos, cayeron a sus pies.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Ha visto? -dijo el padre Peregrine, soltando el arma, que cayó junto a las balas-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Saben. Comprenden. No son animales. Piensan, juzgan y viven en un clima moral. ¿Qué animal me hubiese salvado de mí mismo como éste? No, ningún animal. Sólo un hombre, padre. ¿Cree usted ahora?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone miraba el cielo y las luces azules. Luego, en silencio, se dejó caer sobre una rodilla y recogió las balas tibias y las tuvo un momento en la palma de la mano. Cerró firmemente los dedos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El sol se levantaba detrás de los padres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Creo que debemos reunirnos con los otros, contarles lo que pasa y traerlos aquí –dijo el padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Cuando el sol llegó a lo alto del cielo, ya no estaban muy lejos del cohete.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine dibujó un círculo en el centro del pizarrón encerado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Éste es Cristo, el hijo del Padre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los sacerdotes ahogaron un grito. El padre Peregrine se hizo el sordo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Este es Cristo en toda su gloria -continuó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Parece un problema de geometría -observó el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Una comparación afortunada, pues se trata aquí de símbolos. Cristo no es menos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Cristo, como deben admitirlo ustedes, porque esté representado por un cuadrado o un círculo. La cruz ha simbolizado, durante siglos, su amor y su agonía. Ahora este círculo será el Cristo marciano. Así lo presentaremos en Marte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres, incómodos, se agitaron en sus asientos y se miraron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Usted, hermano Matías, fabricará un globo de vidrio lleno de fuego. Lo instalaremos sobre el altar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Magia barata -murmuró el padre Stone. El padre Peregrine continuó pacientemente:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Al contrario, les presentaremos a Dios mediante una imagen comprensible. ¿Si Cristo se hubiese presentado en la Tierra como un pulpo, lo hubiéramos aceptado fácilmente? -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine abrió las manos-. ¿Fue acaso un truco barato de Dios enviarnos a&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Cristo bajo la forma de un hombre? Cuando hayamos bendecido la iglesia, y consagremos el altar y este símbolo, ¿creéis que Cristo se rehusará a habitar esta forma?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Vuestros corazones saben muy bien que no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Pero el cuerpo de un animal sin alma! -dijo el padre Matías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Ya hemos discutido eso, muchas veces, hermano Matías. Esas criaturas nos salvaron de las rocas. Comprendieron que la autodestrucción es algo pecaminoso, y la evitaron una y otra vez. Por lo tanto tenemos que edificar una iglesia en las colinas, vivir junto a ellos, que descubrir sus modos de pecar, sus extraños modos de pecar, y ayudarles a encontrar a Dios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres no parecían complacidos con el proyecto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Os preocupa su forma? -preguntó el padre Peregrine-. ¿Pero qué es una forma? Sólo un recipiente para el alma luminosa que Dios nos ha concedido. Si yo mañana descubriese que los leones marinos son inteligentes y libres, que saben cuándo no deben pecar, que comprenden el significado de la existencia, y que moderan la justicia con la misericordia y la vida con el amor, yo levantaría entonces una catedral submarina. Y si los gorriones fueran dotados, milagrosamente, y por voluntad de Dios, de un alma inmortal, llenaría una iglesia de helio y los perseguiría por los aires, pues todas las almas, cualquiera sea su forma, que gocen de libre albedrío y tengan conciencia de sus pecados, arderán en el infierno si no enderezan su vida. No dejaré por lo tanto que una esfera marciana arda para siempre en el infierno. Es una esfera sólo ante mis ojos. Cuando cierro los ojos la veo ante mí como inteligencia, amor, espíritu... y no puedo no hacerle caso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Pero ese globo de vidrio que usted desea instalar en el altar! -protestó el padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pensad en los chinos -replicó el padre Peregrine imperturbable-. ¿Qué clase de Cristo adoran los cristianos en la China? Un Cristo oriental, naturalmente. Todos habéis visto escenas de navidad orientales. ¿Cómo está vestido Cristo? Con ropas asiáticas. ¿Por dónde anda? Entre casas de bambú y montañas de niebla, y árboles torcidos. Las pestañas son más largas; los huesos de las mejillas, más altos. Cada país, cada raza, añaden algo suyo a Nuestro Señor. Me acuerdo de la Virgen de Guadalupe, a quien reverencia todo México. Su piel... ¿Habéis visto el color de su piel? Una piel oscura, igual a la de sus devotos. ¿Es eso una blasfemia? De ningún modo. No es lógico que los hombres acepten a Dios -no importa su realidad- de otro color. Me he preguntado muchas veces por qué nuestros misioneros tienen éxito en África con un Cristo blanco como la nieve. Quizá porque el blanco es un color sagrado, como el de un albino, para las tribus africanas. Denles tiempo. ¿Cristo no se oscurecerá? La forma no tiene importancia. El contenido es todo. No podemos esperar que esos marcianos acepten una forma extraña. Les presentaremos a Cristo parecido a ellos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Hay una falla en su razonamiento, padre -dijo el padre Stone-. ¿No nos creerán hipócritas, los marcianos? Pronto verán que no adoramos a un Cristo redondo y globular, sino a un hombre con cabeza y miembros. ¿Cómo justificaremos la diferencia?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Mostrándoles que no hay ninguna. Cristo ocupa cualquier recipiente. Cuerpos o globos, allí está él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Todos adoran lo mismo, bajo formas distintas. Más aún, tenemos que creer en este globo de fuego. Tenemos que creer en una forma que no tiene, para nosotros, ningún significado. Este esferoide ser Cristo. Y tenemos que recordar que también nosotros, como la forma de nuestro Cristo terrestre, somos algo ridículo y absurdo para estos globos marcianos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine dejó a un lado la tiza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Y ahora, vayamos a las colinas a edificar nuestra iglesia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres empaquetaron sus equipos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;La iglesia no era una iglesia, sino una superficie libre de rocas, una plataforma en lo alto de una colina, de suelo liso y limpio, y un altar en donde el hermano Matías había instalado un globo de fuego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y al cabo de seis días de trabajo la iglesia estaba lista.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Qué haremos con esto? -El padre Stone golpeó con la punta de los dedos la campana de hierro que habían traído-. ¿Qué significa esta campana para ellos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Creo que la he traído para nuestra propia comodidad -admitió el padre Peregrine-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Necesitamos algunas cosas familiares. Esta iglesia se parece tan poco a una. iglesia. Y todos sentimos que hay algo de absurdo en todo esto... Yo mismo lo siento así. Es algo demasiado nuevo. Convertir criaturas de otro mundo. A veces me siento como un actor ridículo. Y entonces le pido a Dios que me de las fuerzas necesarias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Algunos de los padres no se sienten nada contentos. Algunos se ríen de todo esto, padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Ya lo sé. Para tranquilidad de esos padres instalaremos esta campana, en una torrecita.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Y qué haremos con el órgano?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Lo tocaremos mañana, en el primer servicio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pero, los marcianos...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Ya lo sé. Pero vuelvo a repetírselo. Para nuestra propia comodidad, nuestra propia música. Más tarde descubriremos la música marciana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres se levantaron muy temprano en la mañana de domingo, y se movieron en el aire helado como pálidos fantasmas, con las sotanas cubiertas de escarcha crujiente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Estaban como adornados de campanillas, y esparcían a su alrededor unas gotas plateadas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Me pregunto si hoy es domingo en Marte -murmuró el padre Stone, pero al ver el gesto del padre Peregrine continuo-: Puede ser miércoles o jueves, ¿quién sabe? Pero no importa. Dejemos correr la imaginación. Es domingo para nosotros. Adelante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres entraron en la plataforma de la «iglesia» y se arrodillaron, estremeciéndose, con los labios morados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine pronunció una breve oración, y puso los fríos dedos sobre las teclas del órgano. La música se alzó como un vuelo de hermosos pájaros. El padre Peregrine tocaba las teclas como un hombre que mueve las manos entre las hierbas de un jardín salvaje, levantando grandes bandadas de belleza hacia las colinas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;La música calmó el aire. Se sentía el olor fresco de la mañana. La música flotó entre las colinas e hizo caer una lluvia de polvo mineral. Los padres esperaban.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Bueno, padre Peregrine. -El padre Stone recorrió con los ojos el cielo vacío donde el sol, rojizo como un horno, se estaba levantando-. No veo a sus amigos -Probaré otra vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine tenía el rostro cubierto de sudor. Construyó una iglesia de música, tan alta que su presbiterio se alzaba en Nínive y sus agujas junto a la izquierda de San&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pedro. Cuando el padre Peregrine dejó de tocar, la música no se deshizo. Se convirtió en un grupo de nubes blancas, y el viento las llevó hacia otras tierras.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El cielo estaba todavía vacío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Tienen que venir! -Pero el padre Peregrine sintió que el terror lo invadía, lentamente-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Recemos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Pidamos que vengan. Los marcianos saben leer el pensamiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres volvieron a arrodillarse, entre murmullos y suspiros. Rezaron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y del este, de las montañas de hielo, a las siete en punto de aquella mañana de domingo, quizá mañana de jueves o de lunes en Marte, surgieron los delicados globos de fuego. Flotaron suavemente y descendieron hasta rodear a los padres temblorosos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Gracias, oh, gracias, Señor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine cerró con fuerza los ojos y tocó la música, y cuando terminó, volvió la cabeza y miró a sus asombrosos feligreses.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y una voz le rozó la mente. Dijo la voz:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Hemos venido sólo por un rato.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Pueden quedarse -dijo el padre Peregrine.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Sólo por un rato -dijo la voz serenamente-. Hemos venido a deciros algo. Podíamos haber hablado antes. Pero creímos que si os dejábamos solos seguiríais quizá vuestro camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine comenzó a hablar, pero la voz lo detuvo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Somos los viejos -dijo la voz, y las palabras entraron en el padre Peregrine como una llamarada de gases azules que ardieron en las cámaras de su cabeza-. Somos los viejos marcianos. Dejamos las ciudades de mármol y vinimos a las colinas, alejándonos de nuestra antigua vida material. Nos convertimos, hace mucho tiempo, en esto que somos ahora. Una vez fuimos hombres, con cuerpos y piernas y brazos como los vuestros. Dice la leyenda que uno de nosotros, un hombre sabio, descubrió el modo de liberar el alma y la mente del hombre, de liberarlos de las enfermedades corporales, la melancolía, la muerte, las transfiguraciones, los malos humores y la vejez, y entonces tomamos esta forma de luz y fuego azul, y comenzamos a vivir, para siempre, en el viento, el cielo y las colinas, ya nunca orgullosos ni arrogantes, ni ricos ni pobres, ni apasionados ni fríos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Vivimos apartados de los hombres que habitan este mundo. Nadie recuerda cómo ha podido ocurrir. El método ha sido olvidado. Pero no morimos nunca, ni hacemos daño a nadie. Hemos dejado los pecados del cuerpo, y vivimos en estado de gracia. No deseamos los bienes ajenos; no tenemos bienes. No robamos y no matamos, desconocemos la concupiscencia y el odio. Vivimos felices. No podemos reproducirnos, no podemos beber, ni comer, ni guerrear. Cuando abandonamos nuestros cuerpos, abandonamos también las sensualidades y las debilidades de la carne. Nos hemos librado del pecado, padre Peregrine. Nuestros pecados han ardido como hojas de otoño, se han desvanecido como las flores sexuales de una primavera roja y amarilla, han quedado atrás como las noches sofocantes del más cálido verano. Y nuestra estación es templada, y en nuestro clima florecen los pensamientos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine se había incorporado, pues la voz lo tocaba de tal modo que se sentía casi fuera de sí. Era un éxtasis y una llama que le atravesaban el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Deseamos deciros que apreciamos que hayáis construido este edificio para nosotros, pero no nos hace falta, pues cada uno de nosotros es un templo en sí mismo, y no necesita lugar alguno para purificarse. Perdonadnos que no hayamos venido antes, pero vivimos muy apartados los unos de los otros, y no hemos hablado con nadie durante diez mil años, ni hemos intervenido en la vida de este viejo planeta. Se os ha ocurrido ahora que somos como los lirios del campo: no trabajamos, no hilamos. Tenéis razón. Os sugerimos por lo tanto que llevéis este templo a las nuevas ciudades y allí limpiéis a otros hombres. Pues creedlo, nosotros vivimos felices, y en paz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres seguían arrodillados, envueltos en aquella vasta luz azul, y el padre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Peregrine se había arrodillado también, y todos lloraban. No les importaba haber perdido el tiempo. No les importaba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Las esferas azules murmuraron y comenzaron a elevarse otra vez, en una ráfaga de aire fresco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Puedo... -gritó el padre Peregrine, titubeando, y con los ojos cerrados-, ¿puedo venir otra vez, algún día, a aprender de vosotros?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los fuegos azules resplandecieron. El aire se estremeció.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Sí. Algún día podría volver. Algún día.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Y en seguida los globos de fuego se alejaron y desaparecieron, y el padre Peregrine era un niño arrodillado, con los ojos llenos de lágrimas, que gritaba:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¡Vuelvan! ¡Vuelvan! -Y en cualquier momento el abuelo lo alzaría en brazos y lo llevaría escaleras arriba, a aquel dormitorio de un antiguo pueblo de Ohio...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;Los padres abandonaron las colinas. Caía el sol. El padre Peregrine volvió la cabeza y vio los fuegos azules que ardían a lo lejos. No, pensó, no podemos levantar una iglesia para vosotros. Sois la belleza misma. ¿Qué iglesia puede competir con el fuego de un alma pura?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone caminaba en silencio a su lado, y dijo al fin:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Yo creo que hay una verdad en todos los mundos. Y todas ellas son partes de una misma verdad. Un día todas se unirán como trozos de un gran rompecabezas. Ha sido una verdadera experiencia, padre Peregrine. Nunca volveré a tener más dudas. Pues esta verdad es tan cierta como la verdad de la Tierra, y ambas concuerdan entre sí. Iremos a otros mundos, y sumaremos las distintas fracciones de la verdad hasta que el total se alce ante nosotros como la luz de un nuevo día.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Es mucho decir viniendo de usted, padre Stone.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Lamento, en cierto modo, que descendamos a la ciudad, para ocuparnos de seres de nuestra propia especie. Esas luces azules. Cuando se posaron alrededor de nosotros, y esa voz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Stone se estremeció.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine lo tomó de un brazo. Caminaron juntos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Y sabe usted -dijo el padre Stone finalmente, con la vista fija en el hermano Matías que marchaba ante ellos, llevando cuidadosamente en los brazos aquella esfera de vidrio donde una fosforescencia azul brillaba para siempre-, sabe usted, padre Peregrine, ese globo...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-¿Sí?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;-Es Él. Es Él, al fin y al cabo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;El padre Peregrine sonrió y juntos descendieron por las colinas, hacia la nueva ciudad.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-2170215309854253964?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2170215309854253964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2170215309854253964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/11/los-globos-de-fuego.html' title='Los globos de fuego'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-6445646117636239688</id><published>2009-11-05T05:11:00.000-08:00</published><updated>2009-11-05T05:24:21.858-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ernest Hemingway'/><title type='text'>Un lugar limpio y bien iluminado</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:Georgia;font-size:180%;"  &gt;&lt;b&gt;Ernest Hemingway&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt; &lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:Georgia;font-size:130%;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:Georgia;font-size:130%;"  &gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:Georgia;font-size:130%;"  &gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-family:Georgia;font-size:100%;"  &gt;    &lt;span style="font-family:courier new;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;font-family:courier new;" &gt;Era tarde y&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt; todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían las ho­jas del árbol, iluminado por la luz eléctrica. De día, la calle estaba polvorienta, pero por la noche el rocío asentaba el polvo y al viejo le gustaba sentarse allí, tarde, porque aunque era sordo y por la noche reinaba la quietud, él notaba la diferencia. Los dos camareros del café notaban que el anciano estaba un poco ebrio, y, aunque era un buen cliente, sabían que si tomaba demasiado se iría sin pagar, de modo que lo vigilaban.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —La semana pasada trató de suicidarse —dijo uno de ellos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Estaba desesperado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Por nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Cómo sabes que era por nada?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Porque tiene muchísimo dinero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       Estaban sentados uno al lado del otro en una mesa próxi­ma a la pared, cerca de la puerta del café y miraban hacia la terraza, donde las mesas estaban vacías, excepto la del viejo sentado a la sombra de las hojas, que el viento movía ligera­mente. Una muchacha y un soldado pasaron por la calle. La luz del farol brilló sobre el número de cobre que llevaba el hombre en el cuello de la chaqueta. La muchacha iba descu­bierta y caminaba apresuradamente a su lado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Los guardias civiles lo recogerán —dijo uno de los ca­mareros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Y qué importa si consigue lo que busca?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Sería mejor que se fuera ahora. Los guardias han pasado hace cinco minutos y volverán.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El viejo sentado a la sombra golpeó con el vaso en el pla­tillo que tenía a su lado y el camarero joven al oírle se le acercó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Qué desea usted?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El viejo lo miró.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Otro coñac —dijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Se emborrachará usted —dijo el camarero. El viejo lo miró. El camarero se fué.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Se quedará toda la noche —dijo a su colega—. Tengo sue­ño y nunca puedo irme a la cama antes de las tres de la maña­na. Debería haberse suicidado la semana pasada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El camarero tomó la botella de coñac y otro platillo del mostrador que se hallaba en la parte interior del café y se en­caminó a la mesa del viejo. Puso el platillo sobre la mesa y llenó la copa de coñac.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Debía haberse suicidado usted la semana pasada —dijo al viejo sordo. El anciano hizo un movimiento con el dedo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Un poco más —murmuró.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El camarero terminó de llenar la copa hasta que el coñac desbordó y se deslizó por el pie de la copa hasta llegar al pri­mer platillo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Gracias —dijo el viejo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El camarero volvió con la botella al interior del café y se sentó nuevamente a la mesa con su colega.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Ya está borracho—dijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Se emborracha todas las noches.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Por qué quería suicidarse?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Cómo puedo saberlo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Cómo lo hizo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Se colgó de una cuerda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Quién lo bajó?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Su sobrina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Por qué lo hizo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Por temor de que se condenara su alma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Cuánto dinero tiene?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Muchísimo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Debe tener ochenta años.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Si, yo también diría que tiene ochenta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Me gustaría que se fuera a su casa. Nunca puedo acostar­me antes de las tres. ¿Qué hora es ésa para irse a la cama?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Se queda porque le gusta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Él está solo. Yo no. Tengo una mujer que me espera en la cama.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —El también tuvo una mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Ahora, una mujer no le serviría de nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No puedes asegurarlo. Podría estar mejor, si tuviera una mujer.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Su sobrina lo cuida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Lo sé. Tú dijiste que le había cortado la soga.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No me gustaría ser tan viejo. Un viejo es una cosa as­querosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No siempre. Este hombre es limpio. Bebe sin derramarse el liquido encima. Aun ahora que está borracho, míralo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No quiero mirarlo. Quisiera que se fuera a su casa. No tiene ninguna consideración con los que trabajan.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El viejo miró desde su copa hacia la calle y luego a los camareros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Otro coñac —dijo, señalando su copa. Se le acercó el ca­marero que tenía prisa por irse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¡Terminó! —dijo, hablando con esa omisión de la sintaxis que la gente estúpida emplea al hablar con los beodos o los extranjeros—. No más esta noche. Cerramos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Otro —dijo el viejo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¡No! ¡Terminó! —Limpió el borde de la mesa con su ser­villeta y meneó la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El viejo se puso de pie, contó lentamente los platillos, sacó del bolsillo un billetero de cuero y pagó las bebidas, dejando una peseta de propina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       El camarero lo miraba mientras salía a la calle. El viejo ca­minaba un poco tambaleante, aunque con dignidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Por qué no lo dejaste que se quedara a beber? —preguntó el camarero que no tenia prisa. Estaban bajando las puertas metálicas—. Todavía no son las dos y media.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Quiero irme a casa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Qué es una hora?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Mucho más para mi, que para él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Una hora no tiene importancia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Hablas como un viejo. Bien puede comprar una botella y bebérsela en su casa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No es lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No; no lo es —admitió el camarero que tenía esposa—. No quería ser injusto. Sólo tenía prisa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Y tú? ¿No tienes miedo de llegar a tu casa antes de la hora de costumbre?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Estás tratando de insultarme?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No, hombre, sólo quería hacerte una broma.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No —el camarero que tenía prisa se irguió después de haber asegurado la puerta metálica—. Tengo confianza. Soy todo confianza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Tienes juventud, confianza y un trabajo —dijo el camarero de más edad—. Lo tienes todo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¿Y a ti, qué te falta?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Todo; menos el trabajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Tienes todo lo que tengo yo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —No. Nunca he tenido confianza y ya no soy joven.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Vamos. Deja de decir tonterías y cierra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Soy de aquellos a quienes les gusta quedarse hasta tarde en el café —dijo el camarero de más edad—, con todos aquellos que no desean irse a la cama; con todos los que necesitan luz por la noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Yo quiero irme a casa y a la cama.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Somos muy diferentes —dijo el camarero de más edad. Se estaba vistiendo para irse a su casa—. No es sólo una cuestión de juventud y confianza, aunque esas cosas son muy hermosas. Todas las noches me resisto a cerrar porque puede haber al­guien que necesite el café.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —¡Hombre! Hay bodegones que están abiertos toda la noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Tú no entiendes. Este es un café limpio y agradable. Está bien iluminado. La luz es muy buena y también, ahora, las ho­jas hacen sombra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Buenas noches —dijo el camarero más joven.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;       —Buenas noches —dijo el otro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-6445646117636239688?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/6445646117636239688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/6445646117636239688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/11/un-lugar-limpio-y-bien-iluminado.html' title='Un lugar limpio y bien iluminado'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-5108933064519081453</id><published>2009-10-17T12:20:00.000-07:00</published><updated>2009-10-17T12:23:08.794-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mario Vargas Llosa; entrevista; testimonios'/><title type='text'>"Sin erotismo no hay gran literatura"</title><content type='html'>&lt;dl&gt;&lt;dt&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mario Vargas Llosa&lt;/span&gt;&lt;/dt&gt;&lt;/dl&gt;&lt;br /&gt;Testimonios recogidos por &lt;b&gt;Javier Rodríguez Marcos.&lt;/b&gt;&lt;dl&gt;&lt;dt&gt;&lt;br /&gt;&lt;/dt&gt;&lt;dt&gt;&lt;span style="font-size:6;"&gt;Lecturas eróticas&lt;/span&gt;&lt;/dt&gt;&lt;/dl&gt;  &lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mario Vargas Llosa: "Sin erotismo no hay gran literatura"&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="firma"&gt;&lt;i&gt;El autor de &lt;/i&gt;Elogio de la madrastra&lt;i&gt; comenta algunas lecturas fundamentales de la literatura erótica al tiempo que repasa su biografía como aficionado al género desde los días de estudiante en la Lima de su juventud y reflexiona sobre las conexiones entre placer sexual y placer estético.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Digámoslo desde el principio: no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. Una literatura especializada en erotismo y que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre. Un texto literario es más rico en la medida en que integra más niveles de experiencia. Si dentro de ese contexto el erotismo juega un papel primordial, se puede hablar verdaderamente de literatura erótica. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;La Celestina&lt;/i&gt;, por ejemplo, es una obra maestra, probablemente la más importante de la literatura española después del &lt;i&gt;Quijote.&lt;/i&gt; Decir que &lt;i&gt;La Celestina&lt;/i&gt; es una obra erótica sería empobrecerla, porque aunque es eso, también es muchas otras cosas: una obra de una gran riqueza verbal, de una gran inteligencia en su construcción, que incluye muchas manifestaciones de la vida -la moral, la cultura, la psicología-, pero indudablemente el erotismo tiene en ella un papel primordial. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;¿Un ejemplo contemporáneo? &lt;i&gt;Lolita,&lt;/i&gt; de Nabokov, una de las grandes novelas modernas. En ella el erotismo tiene un papel principal entre muchos otros ingredientes que juegan un papel similar dentro de una gran complejidad. Así es como se da en la vida la experiencia erótica. Una exaltación muy desembozada de la pulsión sexual, de la fantasía erótica, de los fantasmas, del derecho al placer. Todo eso está en &lt;i&gt;Lolita,&lt;/i&gt; que, por otra parte, es una obra muy intelectual. El mejor erotismo nunca está disociado de otras manifestaciones, que, además, lo enriquecen". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Erotismo y pornografía&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"La frontera entre erotismo y pornografía sólo se puede definir en términos estéticos. Toda literatura que se refiere al placer sexual y que alcanza un determinado coeficiente estético puede ser llamada literatura erótica. Si se queda por debajo de ese mínimo que da categoría de obra artística a un texto, es pornografía. Si la materia importa más que la expresión, un texto podrá ser clínico o sociológico, pero no tendrá valor literario. El erotismo es un enriquecimiento del acto sexual y de todo lo que lo rodea gracias a la cultura, gracias a la forma estética. Lo erótico consiste en dotar al acto sexual de un decorado, de una teatralidad para, sin escamotear el placer y el sexo, añadirle una dimensión artística. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Ese tipo de literatura alcanzó su apogeo en el siglo XVIII. Los de ese siglo son grandes textos eróticos que a la vez son grandes textos artísticos. A esto habría que añadirle que en ellos hay una carga crítica que hoy se ha perdido. Los autores de esa época creían que escribir de esa manera, reivindicar el placer sexual y darle al cuerpo ese tratamiento reverente era un acto de rebeldía, un desafío a lo establecido, al poder. Los escritores eróticos eran, pues, pensadores revolucionarios. Diderot, por ejemplo. O Mirabeau, que desde la prisión escribe a Sofía de Monnier cartas de un contenido sexual muy fuerte. Para él esos escritos forman parte de una lucha por la transformación humana, por la reforma social. El caso más extremo, sería el marqués de Sade, aunque no creo que de los textos de Sade pueda decirse que son de exaltación del placer erótico. Hay algo intelectual, obsesivo, casi fanático en sus demostraciones sexuales. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Sea como fuere, el reconocimiento del derecho al placer es en el siglo XVIII un instrumento para conseguir un mundo mejor, más libre, más auténtico, menos hipócrita, un medio para liberar al individuo de las iglesias, de las convenciones. Eso no se vuelve a alcanzar. El erotismo en el siglo XIX se convierte en un juego muy refinado. Y en el XX se banaliza, se vuelve superficial y previsible, se comercializa, en el peor sentido de la palabra. Ya no genera experimentación formal y pierde su carga crítica, salvo en casos excepcionales, como el de Bataille. Los escritos de Georges Bataille son profundamente revulsivos, muy desafiantes con las últimas convenciones. A la vez son más lúgubres y siniestros. Los suyos son más textos de perversión que de asunción del placer, pero es uno de los escritores modernos en los que el erotismo va acompañado de una gran audacia artística". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Liberalidad contra literatura&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"La liberalidad de las costumbres, que es un progreso moral para la sociedad, ha jugado tradicionalmente en contra de la literatura erótica. Ha hecho que el erotismo pierda la carga de inconformismo, de desafío a la moral establecida que tenía cuando los de talante erótico eran libros para leer a escondidas, volúmenes que estaban en los infiernos de las bibliotecas, lo que les daba una aureola especial. Eso ha desaparecido y ha hecho que el erotismo se haya vuelto previsible, convencional, mecánico, es decir, que se haya degradado en pornografía. Hoy escribir un libro erótico es mucho más difícil que en el pasado porque ya no es la censura lo que hay que flanquear, sino el escollo de la banalidad y del estereotipo. Hay una permisividad tal que todo es aceptable y aceptado. El efecto escandaloso ha desaparecido. Ahora hay un erotismo más de lujo, refinado, como un juego elegante. Un buen ejemplo de esto serían las obras de André Pieyre de Mandiargues, que son muy finas y están muy bien escritas, con un aliento poético un tanto surrealista pero de una carga sensual muy marcada, con una dosis de fantasía muy grande. Es lo contrario del malditismo buscado de Bataille, que pensaba que por ahí vendría una liberación del espíritu. En Mandiargues todo es juego, aunque sea de un alto nivel. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;En el mundo de lengua española la literatura erótica como tal es casi inexistente. La hubo en el pasado, tal vez porque hubo también una tradición represiva muy grande. En la literatura moderna hay textos de una gran libertad de expresión, insolentes, hasta vulgares, pero el erotismo no es eso, sino que exige cierto refinamiento. El erotismo no es de sociedades primitivas. Requiere una evolución en las formas y una adquisición de grandes espacios de libertad para el individuo. Sólo en ese contexto la relación sexual se convierte en un juego, en un teatro, en una ceremonia, en unos ritos, y adquiere una connotación artística. El amor se practica entonces como un espectáculo rodeado de formas. Eso no se da en culturas muy represivas ni muy reprimidas, y por supuesto, no se da en sociedades primitivas. La tradición erótica presupone un elevado nivel de civilización". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Biografía de lector&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"Descubrí la literatura erótica cuando era estudiante universitario, de una manera casual. Conseguí un trabajo de ayudante de bibliotecario de un club social de Lima muy activo, el Club Nacional, el de la gente rica. Mi maestro de historia era el bibliotecario de ese club y me contrató como ayudante. Mi labor consistía en ir dos horas al día a fichar los libros que se adquirían. En esa época ya no se hacían muchas adquisiciones, así es que yo aprovechaba esas horas leyendo los libros de la biblioteca del club, que en el pasado había adquirido libros eróticos de gran calidad. Tenían la colección completa de Les Maîtres de l'Amour (los maestros del amor), una colección que dirigió en Francia Apollinaire, con muchos libros prologados por él mismo, a veces de una manera muy erudita, siempre muy irónica. Allí descubrí la tradición erótica al más alto nivel literario: Sade, Restif de la Bretonne, John Cleland, el autor de &lt;i&gt;Fanny Hill,&lt;/i&gt; Sacher-Masoch, Casanova, por supuesto, allí estaban los tres tomos de sus memorias... Estaban todos. Durante un tiempo, y de una forma un tanto inocente, pensé que ahí estaba la verdadera revolución, que en ese tipo de literatura se estaba gestando una transformación profunda de la sociedad, de la moral, del individuo. Era una idea bastante ingenua de los poderes de la literatura erótica. Descubrí, no obstante, una veta riquísima. Había, por ejemplo, unos tomos con una selección de los cuentos más eróticos de &lt;i&gt;Las&lt;/i&gt; &lt;i&gt;mil y una noches.&lt;/i&gt; La colección era muy interesante porque reunía grandes textos eróticos y además daba una perspectiva erótica para acercarse a la literatura en general. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Durante un tiempo leí esos libros con gran pasión. Después supongo que descubrí su gran limitación: la monotonía. La relación sexual enriquece extraordinariamente la vida, pero es limitada. Por más inteligencia que se ponga en renovarla, siempre transcurre en un marco determinado. Y eso da a los textos que son sólo eróticos una gran monotonía, los hace caer en la rutina de lo previsible. Por eso el mejor erotismo es el que aparece en obras que no son sólo eróticas, aquéllas en las que lo erótico es un ingrediente dentro de un mundo diverso y complejo. Y eso nos lleva, de nuevo, a la gran literatura. De ahí que pueda decirse que sin erotismo raramente hay gran literatura. Y al revés, una literatura que es sólo erótica difícilmente llega a ser grande". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Una antología espontánea&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"Un texto que sólo es erótico resulta muy poco convincente porque pierde vitalidad. Como la vida no es sólo sexo, un texto en el que la vida no es otra cosa, termina siendo muy artificial y postizo, un juego lúdico disociado de la experiencia vivida convertido muchas veces en un artificio intelectual. No es ése el erotismo que me seduce y estimula. En cambio, para mí es muy difícil que haya una gran novela en la que no haya páginas de una alta intensidad sexual. Recuerdo novelas de las que no se podría decir que son eróticas, pero en las que hay episodios de una carga erótica tal que se han convertido en el cráter de esas novelas, en la imagen que las sintetiza. Por ejemplo, en &lt;i&gt;Esplendor y miseria de cortesanas,&lt;/i&gt; de Balzac, hay un viaje en diligencia con dos personajes, una pasajera y un joven que viaja frente a ella. Las irregularidades del terreno precipitan a unos pasajeros contra otros, y el joven siente de repente el roce de las rodillas de la pasajera. Es una descripción maravillosa. De esa novela no se me olvidará nunca el roce en esa clandestinidad nerviosa. Esos fogonazos eróticos dentro de una historia tienen para mí una importancia capital. Un relato sin esas apariciones de lo sensual no alcanza nunca la grandeza de las novelas que incorporan esa experiencia. Lo mismo pasa en el &lt;i&gt;Quijote&lt;/i&gt; con la escena de Maritornes, en la que hay un erotismo muy rico, aunque esté atenuado por el humor y por el sarcasmo. Tal vez porque era la única manera de pasar la censura. Jaime Gil de Biedma contaba que de joven había tenido una gran inflamación erótica con esa escena. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Siempre he tenido la idea de hacer una antología del erotismo no buscado, no deliberado. Es un proyecto que me sigue dando vueltas. Sería algo así como la antología del humor negro de André Breton o la antología de lo fantástico de Roger Caillois. Se podría hacer una selección preciosa con textos eróticos procedentes de libros que no sólo no son eróticos sino que difícilmente podrían concebirse como eróticos, por ejemplo, algunos textos religiosos, los místicos. Muchas cosas de san Juan de la Cruz pueden leerse en clave erótica. Si uno los lee con un espíritu laico le pueden inflamar extraordinariamente. Lo mismo podría decirse del &lt;i&gt;Cantar de los cantares.&lt;/i&gt; De hecho, el misticismo ha estado siempre muy cerca del erotismo. Recuerdo, a propósito, &lt;i&gt;San Genet, comediante y mártir,&lt;/i&gt; un ensayo en el que Sartre compara, de un modo muy convincente, textos de Genet con textos místicos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Otro fragmento de antología es el comienzo de &lt;i&gt;Moby Dick,&lt;/i&gt; una de mis novelas de cabecera. En esas páginas hay una relación extraña entre dos personajes masculinos, un indio y el narrador, que duermen juntos en una casa. Aparentemente todo es muy puro, sin sombra de erotismo, pero un lector malicioso, y todos lo somos, puede encontrar extraordinariamente extraña la convivencia de estos dos personajes, que establecen una especie de fraternidad carnal, aunque no se mencione ni por asomo la posibilidad de una relación homosexual. Otra muestra: la carga erótica del monólogo de Molly Bloom, en el &lt;i&gt;Ulises&lt;/i&gt; de Joyce. Son unas páginas de una fuerza extraordinaria por la increíble sensualidad de Molly, que impregna todo el monólogo de una especie de vaho seminal. Una lectura 'malintencionada' podría dar una maravillosa antología del erotismo no buscado, aislando textos, igual que en esos libros de arte que reproducen fragmentos de obras concretas". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Un canon personal&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"En mi canon personal de la literatura erótica entendida en el sentido tradicional estarían, entre los textos clásicos, el &lt;i&gt;Decamerón&lt;/i&gt; de Bocaccio, que tiene algunas historias muy ingeniosas y divertidas. Más tarde, &lt;i&gt;Fanny Hill,&lt;/i&gt; de John Cleland, y &lt;i&gt;Memorias de una cantante alemana&lt;/i&gt;, de Wilhelmine Shroeder-Devrient. El marqués de Sade, por supuesto: la historia de &lt;i&gt;Justine&lt;/i&gt; quizá sea la más compacta y ordenada. De Restif de la Bretonne, &lt;i&gt;El pie de Mignonne&lt;/i&gt; (el pie de la bonita, de la chica bonita, podría traducirse), una novela absolutamente deliciosa en la que los personajes se enamoran de la protagonista exclusivamente a través de su pie. Es una novela fetichista con un humor que le da mucha gracia. Dentro de la literatura más moderna, Bataille, desde luego. ¿Qué libro de Bataille? &lt;i&gt;La historia del ojo.&lt;/i&gt; Es la más novela, la que tiene mejor tejido narrativo, aunque en ocasiones el exceso de perversión la desvitalice un poco y la vuelva un tanto intelectual. Es, no obstante, un libro excelente. En esa lista estaría también Sacher- Masoch y &lt;i&gt;La Venus de las pieles.&lt;/i&gt; Los trópicos de Miller, el de Capricornio y el de Cáncer. &lt;i&gt;El cuaderno negro,&lt;/i&gt; de Lawrence Durrell, aunque es de un erotismo un poco siniestro, pero muy bello. Se trata, además, de un acto de gran coraje y de un exhibicionismo bastante audaz. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Dentro de la literatura española lo más interesante son ciertos capítulos del &lt;i&gt;Tirant lo Blanc,&lt;/i&gt; escritos con extraordinaria gracia y talento: las historias de la princesa Carmesina y sus juegos con Plaerdemavida. Todas las escenas de alcoba del &lt;i&gt;Tirant&lt;/i&gt; son obras maestras de la literatura erótica. Y, por supuesto, &lt;i&gt;La Celestina.&lt;/i&gt; Y &lt;i&gt;La lozana andaluza,&lt;/i&gt; un libro muy divertido, de una libertad insólita para la época en cuestiones de sexo, aunque por momentos haya un exceso de vulgaridad. Para mí ese exceso en un texto erótico lo hace irreal, lo convierte en un juego verbal. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;Hay un autor, por último, que habría que citar: Roger Vailland, que trabajó con Roger Vadim, el director de &lt;i&gt;Y Dios creó a la mujer,&lt;/i&gt; la película de Brigitte Bardot... Vailland escribió algunas novelas que no tiene demasiado interés, pero sobre todo escribió &lt;i&gt;La mirada fría,&lt;/i&gt; un ensayo sobre erotismo que lleva un epígrafe de Sade que dice: 'Y él lanzó sobre mí la mirada fría del perfecto libertino'. Es un libro muy interesante en el que sostiene que para que haya erotismo tiene que haber represión, que la libertad y el erotismo están reñidos. Dice que las muchachas del siglo XVIII han pasado a la historia de la civilización como las más eróticas. ¿Por qué? Porque estaban educadas en los conventos, y los conventos, a través de sus prohibiciones y de sus obsesiones, creaban una curiosidad y unos tabúes que eran los mayores fermentos para la imaginación. Vailland dice que sin la Iglesia católica no hubiera sido posible el erotismo. Por una parte creó las prohibiciones y, por otra, creó un entorno, un ceremonial que le ha suministrado al erotismo su instrumental más rico y novedoso". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Elogio de la madrastra&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"&lt;i&gt;Elogio de la madrastra&lt;/i&gt; es un juego con muchas alusiones a las imágenes eróticas de la pintura. Para mí escribir esa novela fue un experimento divertido que me permitió emplear un lenguaje muy rico y preciosista que no utilizo jamás en mis obras, en las que el lenguaje es muy funcional, siempre en relación con lo que quiero contar. En el &lt;i&gt;Elogio&lt;/i&gt; había un juego formal que permitía contar la historia con un lenguaje rebuscado, muy poco realista. En &lt;i&gt;Los cuadernos de Don Rigoberto,&lt;/i&gt; sin embargo, el erotismo es más intelectual. Hay juego, pero en menor medida que en &lt;i&gt;Elogio de la madrastra.&lt;/i&gt; Allí el lenguaje ya no es el mismo, no podía serlo. La historia tenía más pretensiones realistas y el lenguaje es, no diré más crudo, pero sí que está menos presente. En el &lt;i&gt;Elogio&lt;/i&gt; el lenguaje es casi un espectáculo por sí mismo, una presencia que se interpone entre el lector y la historia". &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Placer frío&lt;/b&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;"Últimamente ha cobrado gran fama &lt;i&gt;La vida sexual de Catherine M.,&lt;/i&gt; de Catherine Millet, pero en este caso no se trata de erotismo. Es un libro muy interesante, pero no erótico, sino profundamente intelectual, una especie de autoexamen, casi una autoautopsia de la vida íntima de la autora. Yo no recuerdo haber leído una sola página de ese libro sintiendo que ahí había un estímulo sexual. Se trata, eso sí, de una experiencia insólita: la de una persona que cuenta con total desenvoltura la historia de una sexualidad desenfrenada. Lo más sorprendente del libro es, con todo, la frialdad con que ella expone esa experiencia. Aunque la población de los fantasmas personales es infinita, no creo que ese libro pueda inflamar sexualmente a nadie. Un libro erótico, a la vez que produce un placer estético, es un libro que tiene también que hacer las veces de un afrodisiaco. Si no te crea una sensación de entusiasmo y de apetito sexual no termina de cumplir enteramente su función".&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Babelia &lt;/strong&gt;(Suplemento         de &lt;strong&gt;El País&lt;/strong&gt; de Madrid), Sábado 4 de         agosto de 2001&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-5108933064519081453?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5108933064519081453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5108933064519081453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/10/sin-erotismo-no-hay-gran-literatura.html' title='&quot;Sin erotismo no hay gran literatura&quot;'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-2198943294089192761</id><published>2009-10-11T13:58:00.001-07:00</published><updated>2009-10-11T14:02:43.539-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rayuela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Cortazar'/><title type='text'>Prólogo a Rayuela</title><content type='html'>Por César Bruto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Siempre que viene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar y volar a los paíx adonde haiga calor, o ser hormiga para meterme bien adentro de una cueva y comer los productos guardados en el verano o de ser una víbora como las del solojicO, que las tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío, que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de plata, porque cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprestijio humano, y nunca le van a dar una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni mas ni meno que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias, pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral. ¡Y ojalá que lo que estoy escribiendo le sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!"&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-2198943294089192761?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2198943294089192761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/2198943294089192761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/10/prologo-rayuela.html' title='Prólogo a Rayuela'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-5998467459700066469</id><published>2009-10-11T11:12:00.001-07:00</published><updated>2009-10-11T11:24:35.186-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ray Bradbury'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas marcianas'/><title type='text'>Ylla</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ray Bradbury&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Tenía en el planeta Marte, a orillas de un mar seco,  una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K  mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras  limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y  luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía  inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el  distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al  señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve,  sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al  contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del  tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban  al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas. El señor K y su  mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto, en la misma  casa en que habían vivido sus antepasados, y que giraba y seguía el curso del  sol, como una flor, desde hacía diez siglos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K y su mujer no eran viejos. Tenían la tez  clara, un poco parda, de casi todos los marcianos; los ojos amarillos y  rasgados, las voces suaves y musicales. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego  químico, habían nadado en los canales, cuando corría por ellos el licor verde de  las viñas y habían hablado hasta el amanecer, bajo los azules retratos  fosforescentes, en la sala de las conversaciones. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ahora no eran felices. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Aquella mañana, la señora K, de pie entre las columnas,  escuchaba el hervor de las arenas del desierto, que se fundían en una cera  amarilla, y parecían fluir hacia el horizonte. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Algo iba a suceder. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La señora K esperaba. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier  momento pudiera encogerse, contraerse, y arrojar sobre la arena algo  resplandeciente y maravilloso. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Nada ocurría. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Cansada de esperar, avanzó entre las húmedas columnas.  Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles, caía suavemente sobre ella  y refrescaba el aire abrasador. En estos días calurosos, pasear entre las  columnas era como pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban  sobre los pisos de la casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro,  incesantemente, sin que los dedos se le cansaran jamás de las antiguas  canciones. Y deseó en silencio que él volviera a abrazarla y a tocarla, como a  una arpa pequeña, pasando tanto tiempo junto a ella como el que ahora dedicaba a  sus increíbles libros. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Pero no. Meneó la cabeza y se encogió  imperceptiblemente de hombros. Los párpados se le cerraron suavemente sobre los  ojos amarillos. El matrimonio nos avejenta, nos hace rutinarios, pensó.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se dejó caer en una silla, que se curvó para recibirla,  y cerró fuerte y nerviosamente los ojos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y tuvo el sueño. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Los dedos morenos temblaron y se alzaron, crispándose  en el aire. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Un momento después se incorporó, sobresaltada, en su  silla. Miró vivamente a su alrededor, como si esperara ver a alguien, y pareció  decepcionada. No había nadie entre las columnas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K apareció en una puerta triangular  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Llamaste? -preguntó, irritado. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No -dijo la señora K. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Creí oírte gritar. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Grité? Descansaba y tuve un sueño. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Descansabas a esta hora? No es tu costumbre.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La señora K seguía sentada, inmóvil, como si el sueño,  le hubiese golpeado el rostro. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Un sueño extraño, muy extraño -murmuró. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Ah. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Evidentemente, el señor K quería volver a su libro. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Soñé con un hombre -dijo su mujer &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Con un hombre? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Un hombre alto, de un metro ochenta de estatura  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Qué absurdo. Un gigante, un gigante deforme.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sin embargo... -replicó la señora K buscando las  palabras-. Y... ya sé que creerás que soy una tonta, pero... ¡tenía los ojos  azules! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Ojos azules? ¡Dioses! -exclamó el señor K- ¿Qué  soñarás la próxima vez? Supongo que los cabellos eran negros. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Cómo lo adivinaste? -preguntó la señora K excitada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K respondió fríamente: &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Elegí el color más inverosímil. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Pues eran negros! -exclamó su mujer-. Y la piel,  ¡blanquísima! Era muy extraño. Vestía un uniforme raro. Bajó del cielo y me  habló amablemente. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Bajó del cielo? ¡Qué disparate! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Vino en una cosa de metal que relucía a la luz del sol  -recordó la señora K, y cerró los ojos evocando la escena-. Yo miraba el cielo y  algo brilló como una moneda que se tira al aire y de pronto creció y descendió  lentamente. Era un aparato plateado, largo y extraño. Y en un costado de ese  objeto de plata se abrió una puerta y apareció el hombre alto. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Si trabajaras un poco más no tendrías esos sueños tan  tontos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pues a mí me gustó -dijo la señora K reclinándose en  su silla-. Nunca creí tener tanta imaginación. ¡Cabello negro, ojos azules y tez  blanca! Un hombre extraño, pero muy hermoso. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Seguramente tu ideal. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Eres antipático. No me lo imaginé deliberadamente, se  me apareció mientras dormitaba. Pero no fue un sueño, fue algo tan inesperado,  tan distinto... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El hombre me miró y me dijo: "Vengo del tercer planeta.  Me llamo Nathaniel York..." &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Un nombre estúpido. No es un nombre. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Naturalmente, es estúpido porque es un sueño -explicó  la mujer suavemente-. Además me dijo: "Este es el primer viaje por el espacio.  Somos dos en mi nave; yo y mi amigo Bart." &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Otro nombre estúpido. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Y luego dijo: "Venimos de una ciudad de la Tierra; así  se llama nuestro planeta." Eso dijo, la Tierra. Y hablaba en otro idioma. Sin  embargo yo lo entendía con la mente. Telepatía, supongo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K se volvió para alejarse; pero su mujer lo  detuvo, llamándolo con una voz muy suave. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Yll? ¿Te has preguntado alguna vez... bueno, si  vivirá alguien en el tercer planeta? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-En el tercer planeta no puede haber vida -explicó  pacientemente el señor K-. Nuestros hombres de ciencia han descubierto que en su  atmósfera hay demasiado oxígeno. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pero, ¿no sería fascinante que estuviera habitado? ¿Y  que sus gentes viajaran por el espacio en algo similar a una nave? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Bueno, Ylla, ya sabes que detesto los desvaríos  sentimentales. Sigamos trabajando. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Caía la tarde, y mientras se paseaba por entre las  susurrantes columnas de lluvia, la señora K se puso a cantar. Repitió la  canción, una y otra vez. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué canción es ésa? -le preguntó su marido,  interrumpiéndola, mientras se acercaba para sentarse a la mesa de fuego.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La mujer alzó los ojos y sorprendida se llevó una mano  a la boca. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No sé. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El sol se ponía. La casa se cerraba, como una flor  gigantesca. Un viento sopló entre las columnas de cristal. En la mesa de fuego,  el radiante pozo de lava plateada se cubrió de burbujas. El viento movió el pelo  rojizo de la señora K y le murmuró suavemente en los oídos. La señora K se quedó  mirando en silencio, con ojos amarillos, húmedos y dulces al lejano y pálido  fondo del mar, como si recordara algo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Brinda por mí con tus ojos y yo te prometeré con los  míos -cantó lenta y suavemente, en voz baja y en otro idioma-. O deja un beso en  tu copa y no pediré vino. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Cerró los ojos y susurró moviendo muy levemente las  manos. Era una canción muy hermosa. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Nunca oí esa canción. ¿Es tuya? -le preguntó el señor  K mirándola fijamente. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No. Sí... No sé -titubeó la mujer-. Ni siquiera  comprendo las palabras. Son de otro idioma. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué idioma? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La señora K dejó caer, distraídamente, unos trozos de  carne en el pozo de lava. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No lo sé. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Un momento después sacó la carne, ya cocida, y se la  sirvió a su marido. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Es una tontería que he inventado, supongo. No sé por  qué. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K no replicó. Observó cómo su mujer echaba  unos trozos de carne en el pozo de fuego siseante. El sol se había ido. Lenta,  muy lentamente, llegó la noche y llenó la habitación, inundando a la pareja y  las columnas, como un vino oscuro que subiera hasta el techo. Sólo la encendida  lava de plata iluminaba los rostros. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La señora K tarareó otra vez aquella canción extraña. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K se incorporó bruscamente y salió irritado de  la habitación. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Más tarde, solo, el señor K terminó de cenar.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se levantó de la mesa, se desperezó, miró a su mujer y  dijo bostezando: &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Tomemos los pájaros de fuego y vayamos a entretenernos  a la ciudad. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Hablas seriamente? -le preguntó su mujer-. ¿Te  sientes bien? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Por qué te sorprendes? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No vamos a ninguna parte desde hace seis meses.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Creo que es una buena idea. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-De pronto eres muy atento. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No digas esas cosas -replicó el señor K disgustado-.  ¿Quieres ir o no? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La señora K miró el pálido desierto; las melliza lunas  blancas subían en la noche; el agua fresca y silenciosa le corría alrededor de  los pies. Se estremeció levemente. Quería quedarse sentada, en silencio, sin  moverse, hasta que ocurriera lo que había estado esperando todo el día, lo que  no podía ocurrir, pero tal vez ocurriera. La canción le rozó la mente, como un  ráfaga. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Yo... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Te hará bien -insistió su marido. Vamos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Estoy cansada. Otra noche. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Aquí tienes tu bufanda -insistió el señor K  alcanzándole un frasco-. No salimos desde hace meses. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Su mujer no lo miraba. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Tú has ido dos veces por semana a la ciudad de Xi  -afirmó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Negocios. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Ah -murmuró la señora K para sí misma. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Del frasco brotó un liquido que se convirtió en un  neblina azul y envolvió en sus ondas el cuello de señora K. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Los pájaros de fuego esperaban, como brillantes brasas  de carbón, sobre la fresca y tersa arena. La flotante barquilla blanca, unida a  los pájaros por mil cintas verdes, se movía suavemente en el viento de la noche. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla se tendió de espaldas en la barquilla, y a una  palabra de su marido, los pájaros de fuego se lanzaron ardiendo, hacia el cielo  oscuro. Las cintas se estiraron, la barquilla se elevó deslizándose sobre las  arenas, que crujieron suavemente. Las colinas azules desfilaron, desfilaron, y  la casa, las húmedas columnas, las flores enjauladas, los libros sonoros y los  susurrantes arroyuelos del piso quedaron atrás. Ylla no miraba a su marido. Oía  sus órdenes mientras los pájaros en llamas ascendían ardiendo en el viento, como  diez mil chispas calientes, como fuegos artificiales en el cielo, amarillos y  rojos, que arrastraban el pétalo de flor de la barquilla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla no miraba las antiguas y ajedrezadas ciudades  muertas, ni los viejos canales de sueño y soledad. Como una sombra de luna, como  una antorcha encendida, volaban sobre ríos secos y lagos secos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla sólo miraba el cielo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Su marido le habló. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla miraba el cielo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿No me oíste? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K suspiró. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Podías prestar atención. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Estaba pensando. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No sabía que fueras amante de la naturaleza, pero  indudablemente el cielo te interesa mucho esta noche. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Es hermosísimo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Me gustaría llamar a Hulle -dijo el marido  lentamente-. Quisiera preguntarle si podemos pasar unos días, una semana, no  más, en las montañas Azules. Es sólo una idea... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡En las montañas Azules! Gritó Ylla tomándose con una  mano del borde de la barquilla y volviéndose rápidamente hacia él. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Oh, es sólo una idea... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla se estremeció. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Cuándo quieres ir? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-He pensado que podríamos salir mañana por la mañana  -respondió el señor K negligentemente-. Nos levantaríamos temprano...  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Pero nunca hemos salido en esta época! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sólo por esta vez. -El señor K sonrió-. Nos hará bien.  Tendremos paz y tranquilidad. ¿Acaso has proyectado alguna otra cosa? Iremos,  ¿no es cierto? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla tomó aliento, esperó, y dijo: &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El grito sobresaltó a los pájaros; la barquilla se  sacudió. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No -dijo Ylla firmemente-. Está decidido. No iré. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K la miró y no hablaron más. Ylla le volvió la  espalda. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Los pájaros volaban, como diez mil teas al viento. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Al amanecer, el sol que atravesaba las columnas de  cristal disolvió la niebla que había sostenido a Ylla mientras dormía. Ylla  había pasado la noche suspendida entre el techo y el piso, flotando suavemente  en la blanda alfombra de bruma que brotaba de las paredes cuando ella se  abandonaba al sueño. Había dormido toda la noche en ese río callado, como un  bote en una corriente silenciosa. Ahora el calor disipaba la niebla, y la bruma  descendió hasta depositar a Ylla en la costa del despertar. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Abrió los ojos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K, de pie, la observaba como si hubiera estado  junto a ella, inmóvil, durante horas y horas. Sin saber por qué, Ylla apartó los  ojos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Has soñado otra vez -dijo el señor K-. Hablabas en voz  alta y me desvelaste. Creo realmente que debes ver a un médico. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No será nada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Hablaste mucho mientras dormías. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Sí? -dijo Ylla, incorporándose. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Una luz gris le bañaba el cuerpo. El frío del amanecer  entraba en la habitación. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué soñaste? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla reflexionó unos instantes y luego recordó.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-La nave. Descendía otra vez, se posaba en el suelo y  el hombre salía y me hablaba, bromeando, riéndose, y yo estaba contenta.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K, impasible, tocó una columna. Fuentes de  vapor y agua caliente brotaron del cristal. El frío desapareció de la  habitación. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Luego -dijo Ylla-, ese hombre de nombre tan raro,  Nathaniel York, me dijo que yo era hermosa y... y me besó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Ah! -exclamó su marido, dándole la espalda.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sólo fue un sueño -dijo Ylla, divertida. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Guárdate entonces esos estúpidos sueños de mujer! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No seas niño -replicó Ylla reclinándose en los últimos  restos de bruma química. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Un momento después se echó a reír. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Recuerdo algo más -confesó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Bueno, ¿qué es, qué es? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Tienes muy mal carácter. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Dímelo! -exigió el señor K inclinándose hacia ella  con una expresión sombría y dura-. ¡No debes ocultarme nada! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Nunca te vi así -dijo Ylla, sorprendida e interesada a  la vez-. Ese Nathaniel York me dijo... Bueno, me dijo que me llevaría en la  nave, de vuelta a su planeta. Realmente es ridículo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Sí! ¡Ridículo! -gritó el señor K-. ¡Oh, dioses! ¡Si  te hubieras oído, hablándole, halagándolo, cantando con él toda la noche! ¡Si te  hubieras oído! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Yll! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Cuándo va a venir? ¿Dónde va a descender su maldita  nave? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Yll, no alces la voz. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Qué importa la voz! ¿No soñaste -dijo el señor K  inclinándose rígidamente hacia ella y tomándola de un brazo- que la nave  descendía en el valle Verde? ¡Contesta! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pero, si... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Y descendía esta tarde, ¿no es cierto? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sí, creo que sí, pero fue sólo un sueño. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Bueno -dijo el señor K soltándola-, por lo menos eres  sincera. Oí todo lo que dijiste mientras dormías. Mencionaste el valle y la  hora. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Jadeante, dio unos pasos entre las columnas, como  cegado por un rayo. Poco a poco recuperó el aliento. Su mujer lo observaba como  si se hubiera vuelto loco. Al fin se levantó y se acercó a él. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Yll -susurró: &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No me pasa nada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Estás enfermo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No -dijo el señor K con una sonrisa débil y forzada-.  Soy un niño, nada más. Perdóname, querida. -La acarició torpemente.- He  trabajado demasiado en estos días. Lo lamento. Voy a acostarme un rato.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¡Te excitaste de una manera! &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Ahora me siento bien, muy bien -suspiró-. Olvidemos  esto. Ayer me dijeron algo de Uel que quiero contarte. Si te parece, preparas el  desayuno, te cuento lo de Uel y olvidamos este asunto. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No fue más que un sueño. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Por supuesto -dijo el señor K, y la besó mecánicamente  en la mejilla-. Nada más que un sueño. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Al mediodía, las colinas resplandecían bajo el sol  abrasador. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿No vas al pueblo? -preguntó Ylla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K arqueó ligeramente las cejas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Al pueblo? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pensé que irías hoy. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla acomodó una jaula de flores en su pedestal. Las  flores se agitaron abriendo las hambrientas bocas amarillas. El señor K cerró su  libro. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No -dijo-. Hace demasiado calor, y además es tarde. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Ah -exclamó Ylla. Terminó de acomodar las flores y fue  hacia la puerta-. En seguida vuelvo -añadió. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Espera un momento. ¿A dónde vas? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-A casa de Pao. Me ha invitado -contestó Ylla, ya casi  fuera de la habitación. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Hoy? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Hace mucho que no la veo. No vive lejos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿En el valle Verde, no es así? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sí, es sólo un paseo -respondió Ylla alejándose de  prisa. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Lo siento, lo siento mucho. -El señor K corrió detrás  de su mujer, como preocupado por un olvido.- No sé cómo he podido olvidarlo. Le  dije al doctor Nlle que viniera esta tarde. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Al doctor Nlle? -dijo Ylla volviéndose. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sí -respondió su marido, y tomándola de un brazo la  arrastró hacia adentro. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pero Pao... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pao puede esperar. Tenemos que obsequiar al doctor  Nlle. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Un momento nada más. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No, Ylla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿No? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K sacudió la cabeza. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No. Además la casa de Pao está muy lejos. Hay que  cruzar el valle Verde, y después el canal y descender una colina, ¿no es así?  Además hará mucho, mucho calor, y el doctor Nlle estará encantado de verte.  Bueno, ¿qué dices? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla no contestó. Quería escaparse, correr. Quería  gritar. Pero se sentó, volvió lentamente las manos, y se las miró  inexpresivamente. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Ylla -dijo el señor K en voz baja-. ¿Te quedarás aquí,  no es cierto? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sí -dijo Ylla al cabo de un momento-. Me quedaré aquí. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Toda la tarde? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Toda la tarde. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Pasaba el tiempo y el doctor Nlle no había aparecido  aún. El marido de Ylla no parecía muy sorprendido. Cuando ya caía el sol,  murmuró algo, fue hacia un armario y sacó de él un arma de aspecto siniestro, un  tubo largo y amarillento que terminaba en un gatillo y unos fuelles. Luego se  puso una máscara, una máscara de plata, inexpresiva, la máscara con que ocultaba  sus sentimientos, la máscara flexible que se ceñía de un modo tan perfecto a las  delgadas mejillas, la barbilla y la frente. Examinó el arma amenazadora que  tenía en las manos. Los fuelles zumbaban constantemente con un zumbido de  insecto. El arma disparaba hordas de chillonas abejas doradas. Doradas,  horribles abejas que clavaban su aguijón envenenado, y caían sin vida, como  semillas en la arena. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿A dónde vas?-preguntó Ylla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué dices?- el señor K escuchaba el terrible zumbido  del fuelle-. El doctor Nlle se ha retrasado y no tengo ganas de seguir  esperándolo. Voy a cazar un rato. En seguida vuelvo. Tú no saldrás, ¿no es  cierto? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La máscara de plata brillaba intensamente. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Dile al doctor Nlle que volveré pronto, que sólo he  ido a cazar. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;La puerta triangular se cerró. Los pasos de Yll se  apagaron en la colina. Ylla observó cómo se alejaba bajo la luz del sol y luego  volvió a sus tareas. Limpió las habitaciones con el polvo magnético y arrancó  los nuevos frutos de las paredes de cristal. Estaba trabajando, con energía y  rapidez, cuando de pronto una especie de sopor se apoderó de ella y se encontró  otra vez cantando la rara y memorable canción, con los ojos fijos en el cielo,  más allá de las columnas de cristal. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Contuvo el aliento, inmóvil, esperando. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se acercaba. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ocurriría en cualquier momento. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Era como esos días en que se espera en silencio la  llegada de una tormenta, y la presión de la atmósfera cambia imperceptiblemente,  y el cielo se transforma en ráfagas, sombras y vapores. Los oídos zumban,  empieza uno a temblar. El cielo se cubre de manchas y cambia de color, las nubes  se oscurecen, las montañas parecen de hierro. Las flores enjauladas emiten  débiles suspiros de advertencia. Uno siente un leve estremecimiento en los  cabellos. En algún lugar de la casa el reloj parlante dice: "Atención, atención,  atención, atención...", con una voz muy débil, como gotas que caen sobre  terciopelo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y luego, la tormenta. Resplandores eléctricos, cascadas  de agua oscura y truenos negros, cerrándose, para siempre. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Así era ahora. Amenazaba, pero el cielo estaba claro.  Se esperaban rayos, pero no había una nube. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla caminó por la casa silenciosa y sofocante. El rayo  caería en cualquier instante; habría un trueno, un poco de humo, y luego  silencio, pasos en el sendero, un golpe en los cristales, y ella correría a la  puerta... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Loca Ylla -dijo, burlándose de sí misma-. ¿Por qué te  permites estos desvaríos? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y entonces ocurrió. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Calor, como si un incendio atravesara el aire. Un  zumbido penetrante, un resplandor metálico en el cielo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla dio un grito. Corrió entre las columnas y abriendo  las puertas de par en par, miró hacia las montañas. Todo había pasado. Iba ya a  correr colina abajo cuando se contuvo. Debía quedarse allí, sin moverse. No  podía salir. Su marido se enojaría muchísimo si se iba mientras aguardaban al  doctor. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Esperó en el umbral, anhelante, con la mano extendida.  Trató inútilmente de alcanzar con la vista el valle Verde. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Qué tonta soy, pensó mientras se volvía hacia la  puerta. No ha sido más que un pájaro, una hoja, el viento o un pez en el canal.  Siéntate. Descansa. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se sentó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se oyó un disparo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Claro, intenso, el ruido de la terrible arma de  insectos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla se estremeció. Un disparo. Venía de muy lejos. El  zumbido de las abejas distantes. Un disparo. Luego un segundo disparo, preciso y  frío, y lejano. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se estremeció nuevamente y sin haber por qué se  incorporó gritando, gritando, como si no fuera a callarse nunca. Corrió  apresuradamente por la casa y abrió otra vez la puerta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla esperó en el jardín, muy pálida, cinco minutos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Los ecos morían a los lejos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se apagaron. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Luego, lentamente, cabizbaja, con los labios  temblorosos, vagó por las habitaciones adornadas de columnas, acariciando los  objetos, y se sentó a esperar en el ya oscuro cuarto del vino. Con un borde de  su chal se puso a frotar un vaso de ámbar. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Y entonces, a lo lejos, se oyó un ruido de pasos en la  grava. Se incorporó y aguardó, inmóvil, en el centro de la habitación  silenciosa. El vaso se le cayó de los dedos y se hizo trizas contra el piso. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Los pasos titubearon ante la puerta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;¿Hablaría? ¿Gritaría: "¡Entre, entre!"?, se preguntó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se adelantó. Alguien subía por la rampa. Una mano hizo  girar el picaporte. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Sonrió a la puerta. La puerta se abrió. Ylla dejó de  sonreír. Era su marido. La máscara de plata tenía un brillo opaco. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El señor K entró y miró a su mujer sólo un instante.  Sacó luego del arma dos fuelles vacíos y los puso en un rincón. Mientras, en  cuclillas, Ylla trataba inútilmente de recoger los trozos del vaso. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué estuviste haciendo? -preguntó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Nada -respondió él, de espaldas, quitándose la  máscara. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Pero... el arma. Oí dos disparos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Estaba cazando, eso es todo. De vez en cuando me gusta  cazar. ¿Vino el doctor Nlle? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Déjame pensar -el señor K castañeteó fastidiado los  dedos-. Claro, ahora recuerdo. No iba a venir hoy, sino mañana. Qué tonto soy. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Se sentaron a la mesa. Ylla miraba la comida, con las  manos inmóviles. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué te pasa? -le preguntó su marido sin mirarla,  mientras sumergía en la lava unos trozos de carne. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No sé. No tengo apetito. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Por qué? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No sé. No sé por qué. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;El viento se levantó en las alturas. El sol se puso, y  la habitación pareció de pronto más fría y pequeña. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Quisiera recordar -dijo Ylla rompiendo el silencio y  mirando a lo lejos, más allá de la figura de su marido, frío, erguido, de mirada  amarilla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Qué quisieras recordar? -preguntó el señor K bebiendo  un poco de vino. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Aquella canción -respondió Ylla-, aquella dulce y  hermosa canción. Cerró los ojos y tarareó algo, pero no la canción. -La he  olvidado y no sé por qué. No quisiera olvidarla. Quisiera recordarla siempre. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Movió las manos, como si el ritmo pudiera ayudarle a  recordar la canción. Luego se recostó en su silla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No puedo acordarme -dijo, y se echó a llorar.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-¿Por qué lloras? -le preguntó su marido. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-No sé, no sé, no puedo contenerme. Estoy triste y no  sé por qué. Lloro y no sé por qué. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Lloraba con el rostro entre las manos; los hombros  sacudidos por los sollozos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Mañana te sentirás mejor -le dijo su marido.  &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;Ylla no lo miró. Miró únicamente el desierto vacío y  las brillantísimas estrellas que aparecían ahora en el cielo negro, y a lo lejos  se oyó el ruido creciente del viento y de las aguas frías que se agitaban en los  largos canales. Cerró los ojos, estremeciéndose. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;-Sí -dijo-, mañana me sentiré mejor.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-5998467459700066469?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5998467459700066469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/5998467459700066469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/10/ylla.html' title='Ylla'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-7004162561982668303</id><published>2009-09-11T11:17:00.000-07:00</published><updated>2009-10-11T11:20:24.074-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ray Bradbury'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Hombre Ilustrado'/><title type='text'>Los Desterrados</title><content type='html'>&lt;div&gt;Ray Bradbury&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los ojos de las brujas eran de fuego y de las bocas les salía un aliento de llamas. Inclinadas sobre el caldero probaban el líquido con palos grasientos y dedos huesudos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;- &lt;em&gt;¿Cuando las tres de nuevo nos veremos en la lluvia, el relámpago o el trueno?&lt;/em&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Las brujas bailaban tambaleándose en la playa de un mar seco, viciando el aire con sus tres lenguas, y calcinándolo con el brillo malévolo de sus ojos de gato.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;--&lt;em&gt;Dando vueltas al borde del caldero;&lt;br /&gt;arrojándole entrañas venenosas...&lt;br /&gt;el trabajo y las trabas redoblemos;&lt;br /&gt;¡que el fuego arda y que hierva el caldero!&lt;/em&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Las brujas se detuvieron y miraron a su alrededor.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Dónde está el cristal? ¿Dónde están las agujas?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Aquí!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Bien!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿La cera amarilla está bien espesa?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Sí!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Arrojadla en el molde de hierro!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿La figura de cera está lista?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El muñeco goteó como una melaza entre las manos verdes.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡­Atravesadle el corazón con la aguja!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡El espejo, el espejo! Sacadlo del saco del Tarot. Limpiadle el polvo, ¡mirad un momento!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Se inclinaron sobre el cristal con los rostros blancos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Mirad, mirad, mirad . . . &lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un cohete se movía por el espacio, desde el planeta Tierra hacia el planeta Marte. Dentro de la nave agonizaban unos hombres.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán, cansado, levantó la cabeza.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Tendremos que darle morfina.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Pero, capitán...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Ya ven ustedes el estado de este hombre.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán apartó la manta de lana, y el hombre acostado sobre la sábana húmeda se estremeció y gimió. Unas nubes sulfurosas llenaban el aire.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Lo vi.. . lo vi. -El hombre abrió los ojos, y miró fijamente la ventanilla, por donde sólo se veía el espacio oscuro, las estrellas móviles, la Tierra que se alejaba, y Marte que crecía, grande y rojo-. Lo vi . . . un murciélago, un murciélago con cara de hombre, detrás de la ventanilla. Aleteaba, y aleteaba y aleteaba...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Qué pulso tiene?--preguntó el capitán.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El enfermero contó los latidos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Ciento treinta.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No puede seguir así. Denle morfina. Vamos, Smith.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán y Smith se alejaron. De pronto, las planchas del piso se cubrieron de huesos y cráneos blancos que lanzaban agudos chillidos. El capitán no se atrevió a bajar los ojos, y volviéndose hacia una puerta, gritó:&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Perse está aquí?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un cirujano vestido de blanco se apartó de un cuerpo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No lo entiendo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Cómo murió Perse?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No lo sabemos, capitan. No fue el corazón, ni el cerebro... Se murió, simplemente.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán tocó la muñeca del médico. La muñeca se convirtió en una serpiente sibilante y mordió al capitán. El capitán no pestañeó.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Cuídese, doctor. Tiene usted un pulso bastante rápido.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El médico asintió con un movimiento de cabeza.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Perse se quejaba de dolores... agujas, decía... en los brazos y piernas. Decía que era un muñeco de cera que estaba derritiéndose. Rodó por el suelo. Lo ayudé a levantarse. Gritaba como un chico. Decía que una aguja le atravesaba el corazón. Y murió. Eso es todo. Podemos repetir la autopsia si usted quiere. No he advertido nada anormal.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Es imposible! ¡Ha muerto de algo!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán se acercó a la ventanilla. Las cuidadas manos le olían a mentol, iodo y jabón antiséptico. Se había cepillado los dientes y se había frotado con fuerza las orejas y las mejillas. Su uniforme tenía el color de la sal. Sus botas eran como espejos oscuros y brillantes. El cabello crespo y cortado al rape le olía a alcohol. Hasta su aliento era suave y limpio. No tenía una sola mancha. Era un instrumento nuevo y afilado que conservaba aún la temperatura del autoclave.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los otros tripulantes estaban cortados por la misma tijera. Uno esperaba ver en sus espaldas unas llaves enormes que giraban lentamente. Eran juguetes costosos, eficaces, bien aceitados, obedientes y veloces.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán observó el planeta que crecía en el espacio.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Dentro de una hora estaremos en ese lugar maldito. Smith, ¿ha visto usted algún murciélago? ¿Ha tenido usted pesadillas? &lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Sí, señor. Un mes antes que el cohete saliera de Nueva York. Unas ratas blancas me mordían el cuello, me bebían la sangre. No dije nada. Temía que usted no me dejase venir.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No importa -suspiró el capitán-. Yo también he tenido pesadillas. Hasta poco antes que saliéramos de la Tierra yo nunca había soñado. Ni un solo sueño en mis cincuenta años de vida. Y desde entonces todas las noches sueño que soy un lobo blanco. Me cazan en una colina de nieve y me matan con una bala de plata. Y con una estaca me atraviesan el corazón. –Señaló Marte con un movimiento de cabeza-. ¿Cree usted, Smith, que ellos saben que estamos llegando?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No sabemos si se trata de marcianos, señor.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿No sabemos? Comenzaron a asustarnos hace ocho semanas, antes que dejásemos la Tierra. Mataron a Perse y a Reynolds. Ayer dejaron ciego a Grenville. ¿Cómo? No lo sé. Murciélagos, agujas, sueños, hombres que mueren sin motivo. Brujería, lo hubiesen llamado antes. Pero estamos en el año 2120, Smith. Somos hombres de mente clara. Esto no puede ocurrir. Y sin embargo ocurre. Quienesquiera que sean, con sus agujas y sus murciélagos, tratan de terminar con nosotros. -Se volvió hacia Smith-. Smith, traiga esos libros que hay en mis estantes. Quiero tenerlos conmigo en el momento de aterrizar.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Doscientos libros fueron apilados en la cubierta del cohete.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Gracias, Smith. ¿Les ha echado una ojeada? Pensará que estoy loco. Quizá. No sé cómo se me ocurrió. Al último momento pedí estos libros al Museo de Historia. A causa de mis sueños. Durante veinte noches fui acuchillado, descuartizado. Durante veinte noches fui un murciélago clavado con alfileres en una mesa de operaciones, algo que se pudría bajo tierra en un negro ataúd. Sueños, pesadillas. Toda la tripulación soñó con brujas y vampiros y fantasmas. Seres que estos hombres no podían de ningún modo conocer. ¿Por qué? Porque todas las obras con estos horribles temas fueron destruidas hace casi un siglo. Se dictó una ley. Se prohibió conservar esos espantosos volumenes. Esos libros que ve ahí son los últimos ejemp1ares, ohjetos históricos que se guardaban en las cajas fuertes de los museos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Smith se inclinó para leer los títulos cubiertos de polvo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Cuentos de Misterio e Imaginación, por Edgard Allan Poe; Drácula, por Bram Stoker; Frankestein, por Mary Shelley, Otra Vuelta de Tuerca, por Henry James; La Leyenda del Valle del Sueño, por Washington Irving; La Hija de Rapaccini, por Nathaniel Hawthorne; Un Incidente en el Puente del Arroyo del Buho, por Ambrose Bierce; Alicia en el País de las Maravillas, por Lewis Carroll; Los Sauces, por Algernon Blackwood; El Mago de Oz, por L. Frank Baum; La Extraña Somtbra sobre Insmouth, por H. P. Lovecraft. ¡Y más! Libros por Walter de la Mare, Wakefield, Harvey, Wells, Asquith, Huxley... todos autores prohibidos. Todos quemados el mismo año en que las fiestas de la víspera de Todos los Santos fueron puestas fuera de la ley, en el que prohibieron la Navidad. Pero, señor, ¿para qué nos sirven estos libros?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No sé -suspiró el capitán-, todavía.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Las tres hechiceras levantaron el espejo donde temblaba la imagen del capitán. La vocecita tintineó dentro del vidrio.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No sé -suspiró el capitán-, todavía.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Las brujas de ojos enrojecidos se rniraron.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No tenemos mucho tiempo -dijo una.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Será mejor que vayamos a la ciudad, a avisarles -dijo otra.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Querrán saber algo de los libros. Esto no tiene buen aspecto. ¡Ese capitán imbécil!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-El cohete llegará dentro de una hora.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Las tres hechiceras se estremecieron, y entornando los ojos miraron la ciudad de esmeralda, a orillas del mar seco. En la más alta de las ventanas un hombre abría una cortina del color de la sangre. El hombre observó las tierras baldías donde las brujas alimentaban el caldero y modelaban las ceras. Más lejos, diez mil fuegos azules, inciensos de laurel, negras humaredas de tabaco y de ramas de pino y de canela y de polvo de huesos se alzaban suavemente como nubes de insectos en la noche marciana. El hombre contó los fuegos furiosos y mágicos. Luego, mientras las brujas lo estaban mirando, volvió la cabeza. Dejó caer la cortina rojiza y la distante ventana parpadeó como un ojo amarillo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;El señor Edgard Allan Poe miraba por la ventana de la torre, envuelto en una vaga aureola de alcohol.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Las amigas de Hécate están muy ocupadas esta noche -dijo observando a las brujas, allá abajo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Una voz murmuró a sus espaldas:&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Hoy vi a Will Shakespeare en la costa, temprano Estaba azotando a las brujas. Había extendido todo su ejército a lo largo del mar. Miles. Las tres brujas, Oberón, el padre de Hamlet, Puck... todos, todos ellos... ¡Miles! Un mar de gente.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Ese bueno de William. -Edgard Poe volvió la cabeza. Dejó caer la cortina rojiza. Observó un momento la piedra desnuda de los muros, las llamas de los cirios, y luego miró al otro hombre, el señor Ambrose Bierce, que estaba perezosamente sentado, encendiendo fósforos y dejándolos arder. Bierce silbaba entre dientes y de cuando en cuando se reía.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Tenemos que avisarle al señor Dickens –dijo Poe-. Ha pasado mucho tiempo. Faltan sólo unas pocas horas. ¿Quiere acompañarme, Bierce?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Bierce abrió alegremente los ojos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Estaba pensando... qué nos pasará?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Si no podemos matar a esos hombres del cohete, o asustarlos hasta que se vayan, tendremos que salir de aquí. Iremos a Júpiter, y cuando lleguen a Júpiter, iremos a Saturno, y cuando lleguen a Saturno, iremos a Urano o Neptuno, y luego a Plutón . . .&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Y luego?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El señor Poe parecía fatigado. Unas brillantes brasas de carbón se apagaban lentamente en sus ojos. Había una furiosa tristeza en su voz, y las manos y el pelo largo y lacio que le caía sobre la asombrosa frente blanca revelaban una cierta impotencia. Parec1a el demonio de una oscura causa perdida, un general derrotado en una desastrosa invasión. Los labios pensativos mordisqueaban los sedosos y negros bigotes. Era tan pequeño que su frente parecía flotar, amplia y fosforescente, en las sombras del cuarto.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Tenemos la ventaja de desplazarnos con métodos muy superiores -dijo Poe-. Siempre podemos esperar una de esas guerras atómicas, la decadencia, la vuelta a las épocas oscuras, el retorno de la superstición. Entonces podríamos volver a la Tierra, todos nosotros, sólo en una noche. -Los ojos oscuros del señor Poe se encendieron bajo la frente redonda y luminosa. Miró fijamente el cielo raso-. ¿Así que vienen a arruinar también este mundo? No quieren dejar nada sin clasificar, ¿eh?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Pero acaso una manada de lobos vacila en matar a su presa y devorarle las entrañas? -dijo Bierce-. Será en verdad una guerra, realmente. Me haré a un lado y llevaré la cuenta Tantos terrestres quemados en aceite, tantos manuscritos encontrados en botellas reducidos a cenizas, tantos terrestres traspasados por agujas, tantas Muertes Rojas puestas en fuga por una batería de jeringas hipodérmicas. .. ¡ja, ja!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Poe se balanceó colérico, ligeramente borracho.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Qué hemos hecho? Póngase de nuestro lado, Bierce, ¡por favor! ¿Nos ha juzgado limpiamente un grupo de críticos? ¡No! Tomaron nuestros libros con unas pinzas de cirugía, limpias y esterilizadas, y los arrojaron a unos tanques, para que hirviesen, ¡para matar sus mortíferos gérmenes! ¡Malditos sean!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Encuentro divertida nuestra situación –dijo Bierce.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un grito histérico que venía de la escalera de la torre interrumpió la charla.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Señor Poe! ¡Señor Bierce!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Sí, sí, ya vamos!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Poe y Bierce descendieron y se encontraron con un hombre que jadeaba apoyándose en uno de los muros de piedra.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Han oído las noticias? -gritó el hombre, tomándose de ellos corno si estuviese a punto de caer en un abismo-. ¡Llegarán dentro de una hora! ¡Y traen libros! ¡Viejos libros! ¡Así dijeron las brujas! ¿Qué están haciendo en la torre en un momento como éste? ¿No piensan actuar?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Hacemos lo que podemos, Blackwood –dijo Poe-. Usted es aún nuevo en estas lides. Acompáñenos, vamos a ver al señor Charles Dickens...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-...a asistir a nuestro destino, a nuestro negro destino -dijo el señor Bierce guiñando un ojo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los tres hombres descendieron por las resonantes gargantas del castillo, por escalones verdes y oscuros, hasta la humedad, las ruinas, las arañas y las telas como sueños.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No se preocupe. -La frente de Poe, una gran lámpara blanca que alumbraba el camino, descendía, hundiéndose en las profundidades-. Todo a lo largo del mar muerto he estado llamando a los otros. Mis amigos y los amigos de ustedes. Todos están allí. Los animales y las viejas y los gigantes de dientes blancos y afilados. Las trampas ya están preparadas, y los pozos, sí, y los péndulos. La Muerte Roja. -Se rio suavemente-. Sí, también la Muerte Roja. Nunca pensé... no, nunca pensé que un día la Muerte Roja iba a existir de veras. Pero ellos la han pedido, ¡y la tendrán!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Pero somos bastante fuertes? -preguntó Blackwood.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Fuertes cómo? No nos esperan, por lo menos. Carecen de imaginación. Esos jóvenes del cohete, tan limpios, con sus escobas antisépticas y sus cascos como peceras... Sacerdotes de un nuevo culto. Alrededor de sus cuellos, colgados de cadenas de oro, escalpelos. Sobre la frente, una diadema de microscopios. En sus dedos santos, unas urnas de incienso humeante que son en realidad unos hornos germicidas para destruir la superstición. Los nombres de Poe, Bierce, Hawthorne, Blackwood... blasfemias en sus labios puros.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Ya fuera del castillo avanzaron por unos terrenos húmedos, un pantano que no era un pantano. Las nieblas se levantaban como una pesadilla. En el aire había ruidos de alas y silbidos agudos. Las tinieblas y el viento corrían de un lado a otro. Se oían unas voces cambiantes, y unas figuras se inclinaban sobre las llamas. El señor Poe observó las agujas quee tejían y tejían a la luz del fuego, que tejían el dolor y la miseria, que tejían el mal sobre muñecos de arcilla, sobre títeres de cera. De los calderos surgía, silbando, un olor a ajo, azafrán y pimienta, que llenaba la noche con su acritud demoníaca.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Continuad! -dijo Poe-. ¡Volveré pronto!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Todo a lo largo de la costa del mar seco unas figuras negras giraban y se empequeñecían, crecían y se transformaban en un humo negro que ocultaba el cielo. Unas campanas repicaban en las torres altas como montanas y unos cuervos de alquitrán huían ante el sonido del bronce y se dispersaban en cenizas.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Poe y Bierce cruzaron de prisa un páramo solitario y un vallecito, y se encontraron de pronto en una callejuela empedrada, por donde corría un viento frío y penetrante. La gente se paseaba de arriba abajo, tratando de calentarse los pies. La niebla cubría la calle, y las velas ardían en los escaparates y ventanas donde colgaban los pavos de Navidad. A cierta distancia, algunos niños, envueltos en ropas de lana, exhalando sus pálidos alientos en el aire invernal, entonaban un villancico, mientras que las campanas de un inmenso reloj daban continuamente las doce de la noche. Otros chicos salían corriendo de la panadería llevando en los brazos harapientos unas cenas que humeaban en bandejas y fuentes de plata.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;En un anuncio se leía SCROOGE, MARLEY y DICKENS. Poe hizo sonar el llamador, que era el retrato de Marley, y al abrirse la puerta brotó del interior una bocanada de música que casi los hizo bailar. Y allí, por encima del hombro de alguien que les apuntaba con una barbita y unos bigotes, vieron al señor Fezziwig, que batía palmas, y a la senora de Fezziwig, una vasta e inalterable sonrisa, que bailaba y chocaba con otros alegres compafieros, mientras los violines chillaban y las risas corrían airededor de la mesa como los cristales de una araña de luces agitada por el viento. Sobre la mesa se amontonaban las carnes, y los pavos, y las ramas de acebo, y los gansos, y los pasteles, y los tiernos lechones coronados de salsas, y las naranjas y las manzanas. Y allí estaban Bob Cratchit y la pequeña Dorrit y Tiny Tim y el mismo sefior Fagin, y un hombre que parecía un trozo de carne a medio asar, un grano de mostaza, una pizca de queso, un fragmento de papa mal cocida. ¿Quién podía ser sino el mismísimo señor Marley, con cadenas y todo? Y corría el vino, y de los pavos asados brotaba un humo que esparcía por el cuarto lo mejor de las aves.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Qué quieren? -preguntó el señor Charles Dickens.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Venimos a pedírselo otra vez, Charles –dijo Poe-. Necesitamos su ayuda.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Mi ayuda? ¿Pero creen que voy a enfrentar a esos hombres excelentes? Además, éste no es mi mundo. Quemaron mis libros sólo por error. No soy un aficionado a lo sobrenatural. No he escrito libros terroríficos como usted, Poe; usted, Bierce, y los otros. No soy como ustedes, ¡horribles criaturas!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Es usted un razonador convincente –comentó Poe-. Podría usted recibir a los hombres del cohete, adormecerlos, adormecer sus sospechas, y luego. . . Luego intervendríamos nosotros.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El señor Dickens miraba los pliegues de la capa en donde Poe ocultaba las manos. Poe, sonriendo, sacó un gato negro.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Para uno de los visitantes.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Y para los otros?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Poe sonrió otra vez, complacido.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿EI enterramiento prematuro?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Es usted un hombre siniestro, sefior Poe.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Soy un hombre asustado y lleno de odio. Soy un dios, señor Dickens, como usted, como todos nosotros. Y no sólo amenazaron nuestras creaciones... nuestros personajes, si así lo prefiere. Las suprimieron, quemaron, destrozaron y censuraron Acabaron con ellas. ¡Nuestros mundos se derrumban! ¡La lucha alcanza a los dioses!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Y? -El sefior Dickens miró a un lado y a otro, deseando volver a la fiesta, la música y la comida-. ¿Por eso estamos aquí ?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-La guerra engendra guerra. La destrucción engendra destrucción. Hace un siglo, en la Tierra, en el año 2020, proscribieron nuestros libros. Oh, algo horrible. Destruir así nuestras obras... Tuvimos que salir de.. . ¿qué? ¿La muerte? ¿El más allá? No me gustan las palabras abstractas. No sé. Sólo sé que oímos el llamado de nuestros mundos, nuestras invenciones, y que tratamos de salvarlos. Hemos pasado un siglo entero en Marte, esperando que la Tierra se ahogara a sí misma con el peso de sus sabios, y las dudas de sus sabios. Y ahora vienen a arrojarnos de aquí, a nosotros y a nuestras tenebrosas creaciones, y a todos los alquimistas, brujas, vampiros y espectros que, uno a uno, se retiraron al espacio. La ciencia infestó la Tierra, sin dejarnos finalmente más salida que el éxodo. Ayúdenos, señor Dickens. Habla usted con mucha elegancia. Lo necesitamos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Ya se lo he dicho. No soy uno de ustedes. No estoy de acuerdo ni con usted ni con los otros -dijo&lt;br /&gt;Dickens, enojado-. Yo no he jugado con brujas, vampiros y cosas nocturnas.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Y Cuento de Navidad?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Ridículo! Sólo un libro. Oh, escribí otros que también tratan de fantasmas, pero ¿y eso qué? Mis obras esenciales no tienen ninguna relación con esas tonterías.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-De un modo o de otro lo identificaron como uno de los nuestros. Destruyeron sus libros... sus mundos. ¡Tiene que odiarlos! ¡Tiene que odiarlos, señor Dickens!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Reconozco que son unos estúpidos mal educados, pero nada más. ¡Buenos días!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Deje venir al señor Marley, por lo menos!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡No!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Dickens dio un portazo. Mientras Poe se alejaba, en el fondo de la calle, resbalando en el suelo escarchado, apareció una carroza. El cochero tocaba en un cuerno una alegre melodía. Y de la carroza, con las mejillas encendidas como cerezas, riéndose y cantando, salieron los Pickwickianos y golpearon la puerta, y cuando el rollizo muchacho salió a recibirlos, entraron gritando ¡Feliz navidad! con voces fuertes y alegres.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;El señor Poe corrió a lo largo de la costa envuelta en las sombras de la medianoche. De cuando en cuando se detenía, ante los fuegos y las humaredas, y lanzaba órdenes, o examinaba los hirvientes calderos, los brebajes y los pentagramas trazados con tiza.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Muy bien! -decía y volvía a correr-. ¡Magnífico! -gritaba, y seguía corriendo. La gente se acercaba y corría con el .EI señor Coppard y el señor Machen lo acompañaban ahora. Y allí, gimiendo, babeando, escupiendo, quedaron las sibilantes serpientes, los airados demonios, los feroces dragones amarillos, las víboras, las brujas temblorosas, y las púas y las ortigas y las espinas, y todo lo que el retirado mar de la imaginación había dejado en esa costa melancólica.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El señor Machen se detuvo. Se dejó caer, como un niño, sobre la arena fría. Sollozó. Los otros trataron de calmarlo. Machen no los escuchaba.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Se me acaba de ocurrir -les dijo-. ¿Qué será de nosotros el día que destruyan los últimos ejemplares?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El aire se arremolinó.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡No hable de eso!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Tenemos que hablar -gimió el señor Machen-. Ahora. ahora mismo, mientras se acerca el cohete, señor Poe; usted, Coppard; usted, Bierce. .. todos parecen más débiles. Como una humareda. Se deshacen. I.as caras se les disuelven...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡La muerte! ¡La muerte real!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Sólo existimos en el sufrimiento de la Tierra. Si un edicto final destruye esta noche los últimos ejemplares de nuestras obras, seremos sólo unas luces que se apagan.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Coppard reflexionó:&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Me pregunto quién soy. ¿En qué mente terrestre existo esta noche? ¿En alguna choza africana? ¿Algún ermitaño estará leyendo mis obras? ¿Será él la única luz que el huracán del tiempo y la ciencia ha dejado encendida? ¿La llama vacilante que alimenta este exilio rebelde? ¿Ser él? ¿O algún niño que me encuentra, justo a tiempo, en una olvidada bohardilla? Oh, anoche me sentí enfermo, enfermo hasta la médula, pues existe también un cuerpo del alma, lo mismo que un cuerpo del cuerpo, y este cuerpo del alma me dolía, todo este cuerpo luminoso. Anoche me sentí como una vela goteante... ¡Y de pronto me incorporé difundiendo una luz nueva! Como si algún niño hubiese encontrado en un granero terrestre, enmohecido y polvoriento, uno de mis agusanados ejemplares, manchado por los años. ¡Y tuve así un nuevo respiro!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;En una cabaña, junto a la costa, se golpeó una puerta. Un hombre de baja estatura, de carnes flacas y colgantes, salió de la choza, y sin fijarse en los otros, se sentó en la playa de arena y se miró los puños crispados.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Ese me apena de veras -murmuró Blackwood-. Mírenlo. Se muere. Fue una vez más real que nosotros, y nosotros éramos hombres. Nació como una idea esquelética, y luego, durante siglos, lo fueron vistiendo con carnes rosadas y barbas de nieve y trajes de terciopelo rojo y botas negras. Le añadieron pinos, lentejuelas, hojas de acebo. Y al fin lo ahogaron en una cuba de desinfectante.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres guardaron silencio.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Cómo será la Tierra sin navidad? -se preguntó Poe-. Sin castañas, sin árbol, sin adornos, tambores&lt;br /&gt;ni velas. Nada. Nada, sino la nieve y el viento y los hombres solitarios y prácticos...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Todos miraron al viejito, de barba rala y traje descolorido.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿No conocen la historia?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Me la imagino. El psiquiatra de ojos brillantes, el inteligente sociólogo, el pedagogo resentido de boca espumosa, los padres antisépticos...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Una situación lamentable para los comerclantes -dijo Bierce con una sonrisa-. Recuerdo que exhibían adornos y entonaban villancicos desde fines de octubre. Este año habr-an empezado en setiembre...&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Bierce dejó de hablar. Lanzó un suspiro y cayó de bruces. Tendido en la arena tuvo tiempo de decir: -¡Qué interesante! -, y luego, rnientras los demás lo miraban con horror, ardió y fue un polvo azul, y unos huesos calcinados, y unas cenizas que flotaron en el aire como copos oscuros.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Bierce, Bierce!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Se ha ido.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Su último libro. Alguien acaba de quemarlo allá en la Tierra.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Que descanse en paz. Nada de él queda ahora. Desaparecemos con ellos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un sonido veloz en el aire.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Todos gritaron, asustados, y alzaron los ojos. En el cielo, envuelto en unas luminosas y chirriantes nubes de fuego, estaba el cohete. Alrededor de las figuras de la costa se agitaron las linternas. Rechinaron los dientes, burbujearon los líquidos, y se sintió un olor de filtros destilados. Las calabazas de ojos de velas encendidas se elevaron en el aire claro y frío. Los dedos huesudos se cerraron en puños, y una bruja de boca desdentada gritó:&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Nave, nave, cae, destrózate! ¡Nave, nave, incéndiate! ¡Rómpete, quiébrate, fúndete! ¡Conviértete en polvo de momia, en pellejo de gato!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Hora de irse -murmuró Blackwood-. A Júpiter, a Saturno o a Plutón.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Escapar? -gritó Poe en medio del viento-. ¡Nunca!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Soy viejo y estoy cansado.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Poe miró la cara de Blackwood y comprendió. Subió rápidamente a la cima de una duna y enfrentó las diez mil sombras grises y las luces vertes y los ojos amarillos que flotaban en el viento ululante.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Los polvos! -gritó.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un olor caliente y espeso a almendras amargas, cebollas, comino, santónico y raíces de lirio.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El cohete descendía, implacablemente, aullando como un alma condenada. Poe lo miró enfurecido. Alzó los puños, y la orquesta de calor, olor y odio le respondió con un acorde. Como cortezas arrancadas de un árbol se levantaron los murciélagos. Unos corazones en llamas se elevaron como proyectiles y estallaron en el aire chamuscado como sangrientos fuegos de artificio. El cohete descendía, descendía, incesantemente, como un péndulo. Y Poe, furioso, gritaba, retrocedía mientras el cohete avanzaba y avanzaba cortando y devorando el aire. Y el mar muerto parecía una cisterna donde las víctimas esperaban el descenso de la máquina horrible, del hacha centelleante, de la roca que caía hacia ellos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Las serpientes! -gritó Poe.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Y unas luminosas serpientes de un verde ondulante atacaron el cohete. Pero el cohete -una llama, un movimiento- descendió en las arenas, a un kilómetro de distancia, lanzando alrededor los últimos restos de su plumaje rojo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡A él! -gritó Poe-. ¡Cambiaremos los planes! ¡Una oportunidad aún! ¡La última! ¡A él! ¡Corran! ¡Ahoguémoslo con nuestros cuerpos! ¡Que mueran todos!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Y como si le hubiese ordenado a un mar furioso que cambiara su curso, que abandonara su lecho primitivo, los torbellinos y las salvajes trombas del fuego se dispersaron y corrieron, como vientos y lluvias y relámpagos, sobre las arenas del mar, por las hondonadas vacías, con sombras y gritos, silbidos y lamentos, chispas y corrientes, hacia el cohete que yacía extinguido, como una antorcha metálica y limpia, en el más lejano de los valles. Y como si un inmenso caldero calcinado de lava espumosa se hubiese volcado de pronto, una hirviente marea de animales y hombres cubrió los abismos desiertos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Mátenlos! -gritó Poe.&lt;/div&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres del cohete salieron de la nave, con las armas preparadas. Dieron unos pasos, oliendo el aire como perros de presa. No vieron nada. Se tranquilizaron. Por último salió el capitán. Dio brevemente unas órdenes. Se juntaron unas maderas, se encendieron, y el fuego creció en un instante. El capitán reunió a su alrededor a los hombres, en un semicírculo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Un mundo nuevo -dijo, tratando de hablar con serenidad aunque de cuando en cuando miraba nerviosamente y por encima del hombro hacia el mar vacío-. El viejo mundo ha quedado atrás. Empezamos otra vez. Nada será más simbólico que dedicarnos, con mayor firmeza aún, a la ciencia y al progreso. –Hizo una seña a su ayudante-. Los libros.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;La luz de la hoguera iluminó los borrosos títulos dorados: Los Sauces, El Extrano, La Mirada, El Soñador, El Doctor Jekyll y el Señor Hyde, El País de Oz, Pellucidar, El País Olvidado por el Tiempo, El Sueño de una Noche de Verano, y los monstruosos nombres de Machen y Edgard Allan Poe y Campbell y Dunsany y Blackwood y Lewis Carroll; los nombres, los viejos nombres, los nombres malditos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Un mundo nuevo. Con este acto tan simple quemamos los últimos restos del pasado.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán arrancó las páginas de los libros. Las hojas marchitas alimentaron la hoguera.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Un grito.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres dieron un salto, y se quedaron mirando, por encima de las llamas, las orillas del océano desierto.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;¡Otro grito! Penetrante y triste, como la agonía de un dragón, o el espasmo de un cet ceo jadeante cuando las aguas del mar se secan y evaporan en los abismos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El silbido del aire que corría a ocupar el sitio vacío donde antes había habido algo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El capitán dispuso del último libro arrojandolo al fuego.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El aire dejó de vibrar.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Silencio.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres del cohete se inclinaron hacia delante para escuchar mejor.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Capitán, ¿ha oído?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-No.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Como una ola, señor. ¡En el fondo del mar! Me pareció ver algo. Allí. Una ola negra. Enorme. Venía hacia nosotros.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Habrá visto mal.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Allá, señor!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Qué?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿No ve? ¡La ciudad! La ciudad verde junto al lago. Se parte en dos. ¡Se derrumba!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres se adelantaron entornando los ojos.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Smith temblaba. Se llevó una mano a la cabeza como buscando algo.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Sí, recuerdo -dijo-. Sí. Hace muchos años, cuando yo era chico. Un libro que leí. Un cuento Oz, creo que se llamaba. Sí, Oz. La cíudad esmeralda de Oz.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Oz. Nunca oí ese nombre.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Sí, Oz. Eso era. La acabo de ver. Como en el cuento. Se derrumba.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¡Smith!&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-¿Señor?&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Preséntese mañana al psicoanalista.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Si, señor.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Smith saludó.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Y tenga cuidado.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;Los hombres avanzaron de puntillas, con las armas vigilantes, alejándose de las luces asépticas del cohete para examinar el mar extenso y las colinas bajas.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;-Pero, ¡cómo! -murmuró Smith, desilusionado-. No hay nadie aquí. Absolutamente nadie.&lt;/div&gt; &lt;div&gt;El viento gimió cubriéndole de arena los zapatos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34615916-7004162561982668303?l=elbaulito.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/7004162561982668303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34615916/posts/default/7004162561982668303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbaulito.blogspot.com/2009/10/los-desterrados.html' title='Los Desterrados'/><author><name>Israel Centeno</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16786731416658665142</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_mn0gi_Ra4BA/TJPoWFUQpdI/AAAAAAAAB9M/6caJ_6ygzcI/S220/israyo.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34615916.post-3980978531256627291</id><published>2009-07-22T10:21:00.000-07:00</published><updated>2009-07-22T10:22:49.748-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Francisco Rivera'/><title type='text'>Malcom Lowry: El eterno adolescente</title><content type='html'>&lt;div class="Section1"&gt;&lt;p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman';"&gt;Francisco Rivera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-left: 0pt; margin-right: 0pt; text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un año después de mi llegada a los Estados Unidos, recuerdo haber leído en &lt;i&gt;New World Writing 1953, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;una narración breve intitulada “&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Strange Con&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;fort Afforded by the Profesión”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; cuyo autor, totalmente desconocido para mi, era Malcolm Lowry. El texto me atrajo mucho y creo poder decir por qué: para un joven de veinte años con muchas ganas de ver el mundo y de aprender cosas, y con un ferviente deseo, además, de convertirse en escritor, aquella narración, en que se habla de Roma y se evocan figuras como Keats y Shelley, en que el narrador se identifica, de cierto modo, con grandes creadores, ha debido de ser una experiencia en verdad impresionante. Lowry, a quien yo imaginaba joven, pues aparecía en una colección en que también &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;vi&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; por primera vez los nombres de Jack Kerouac y Allen Ginsberg, se dirigía directamente a lo que en m&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;í había de “artista adolescente”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Las frías y desoladas llanuras de Wisconsin de repente servían en aventuras fantásticas. Fue dos años después, ya en Berkeley, California, cuando descubrí que Lowry era el autor de una novela conocida, &lt;i&gt;Under the Volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, publicada en 1947, que no era tan joven como Ginsberg o Kerouac, pues había nacido en 1909, y que en 1933 había publicado su primera novela &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;i&gt;,&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; la cual no alcancé a leer en esos años. ¿Por qué me &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;había parecido “Strange Confort”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; la narración de un joven casi de mi edad&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Durante el verano de 1955, mientras leía &lt;i&gt;Bajo el volcán, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;fui descubriendo que, en torno a Lowry, se había formado una leyenda que puedo resumir de la manera siguiente: Malcom Lowry era un genio y un mártir de la literatura, un individuo inexorablemente perseguido por las diversas formas en que el destino se ensaña contra los realmente grandes (pérdidas de manuscritos únicos en viajes e incendios, encarcelamiento totalmente injustificado en México, etc), que, a pesar de tantas adversidades, había logrado la fama con esa novela de 1947 y estaba creando una serie de obras que, sin sombra de duda, constituiría uno de los conjuntos narrativos más importantes del siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Han transcurrido ya casi tres décadas desde esa lectura. En noviembre del año pasado, la exhibición de la película de John Houston basada en &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; volvió a despertar mi curiosidad por el legendario escritor y quise leer la biografía de Douglas Day de 1973 que había tenido un par de veces en las manos, pero que nunca me había animado a comprar. El destino la ponía &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;de nuevo delante de mi, ya que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;coincidiendo con el film- acababa de llegar a Caracas la traducción de esa obra publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1983. Apenas había leído unas páginas, cuando me percaté de que se trataba de un libro importante, puesto que me mostraba que, mientras yo leía extasiado &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; en el verano de 1955, formando parte de un gran número de jóvenes atraídos por el supuesto genio creador de Lowry, éste estaba a punto de llegar a Londres en un estado verdaderamente lamentable. La leyenda había servido para enmascarar a una de las existencias más estériles de este siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Leamos con cuidado una descripción del Lowry de 1955. Douglas Day nos cuenta que tiembla sin parar y no puede mover los dedos de las manos. Su esposa, Margerie Bonner Lowry, tiene que hacerle todo, desde vestirlo y atarle los cordones de los zapatos hasta ocuparse de su correspondencia, pues Lowry ya no está ni intelectual ni físicamente en capacidad de contestar sus cartas. Margerie lo hace por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entre estas cartas, por cierto, hay una del 15 de abril, fechada en Sicilia y dirigida al editor Albert Er&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;skine, que vale la pena citar: “&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde hace un par de semanas, Malc trata de escribirte, pero la carta se hace más y más complicada y extensa: al tratar de expresar algo, el pobre termina sin decir nada comprensible, así es que trato de imaginarme lo que en realidad quiso decir y de escribírtelo yo. Por todo esto podrás decir que no se encuentra bien y es cierto que no lo está, aunque ahora se halla un&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; poco mejor y tengo esperanzas”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Ya en Londres, un neurocirujano amigo de Lowry de la época de Cambridge, George Northcroft, impresionado por el estado en que se halla Malcom, le sugiere a Margerie la posibilidad de hacerle a su marido una lobotomía. La reacción de los esposos es interesante. Margerie se enfurece porque sabe que la ope&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ración produce un estado de “infantilismo quirúrgico”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, mientras que Lowry dócilmente le dice a su mujer que está dispuesto a someterse a la operación si ésta puede convertirlo en una carga menos pesada para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En una carta al crítico David Markson del 17 de&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; septiembre, Margerie escribe: “Dicen que es sólo un “alcohólico secundario”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, lo que yo podía haberle explicado, y que el problema verdadero está en su mente, lo que yo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;he sabido por años, desde luego.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Pero no ha escrito nada en casi un año, no puede escribir cartas, como ves, y está perdiendo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; todo contacto con la realidad”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Por comentarios de otros amigos y conocidos suyos sabemos ahora, gracias a las meticulosas pesquisas de Douglas Day, que Lowry con sólo cuarenta y cinco años, lucía mucho más viejo, padecía confusiones y propendía a vivir en el pasado. Pero Margerie se aferraba a cualquier comentario optimista de los médicos para creer que había probabilidades de que su esposo se recuperara y volviera a escribir. En una carta a Markson un mes después de la anterior, es dec&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ir, el 16 de octubre, le dice: “&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su genio está intacto, su memoria es aún fenomenal, su talento y su sentido&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del humor están en gran forma.”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Genio intacto. Talento en gran forma. Muy pronto volverá a escribir y la novela que habrá de producir será más genial aún que &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Pienso en la leyenda. Si uno no creyera en el inconsciente y en sus fuerzas destructoras, hablaría, como Sartre lo hubiera hecho, de mala fe en Margerie. Bajo los efectos del pentotal sódico, entre el 28 de noviembre de 1955 y el 7 de febr&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ero de 1956, Lowry se “confiesa”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ante los psiquiatras. De estas confesiones sacamos que tenía una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;neurosis de ansiedad&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, miedo de vivir, miedo a la sexualidad, miedo de fracasar, miedo a la autoridad, una culpabilidad muy profunda, desprecio de sí mismo, homosexualidad latente, amor a la muerte y deseos de ser olvidado. A pesar de lo cual, Mallinson reconocía que la única razón que tenía Lowry para mantenerse sobrio era poder escribir, pero, y esto lo hace notar Day, el alcohol le ofrecía una excelente excusa para no hacerlo y, por lo tanto, para no fracasar. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry bebía &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;nos dice- para no escribir, buscaba la sobriedad para escribir y, llegado a este punto, bebía de nuevo para no escribir. Y así sucesivamente.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; El cuadro es, en verdad, macabro. Pero Douglas Day, a despecho de su meticulosidad e imparcialidad, parece no alcanzar nunca el centro o meollo del asunto. Es fácil crear una leyenda. El propio Malcolm se la había empezado a crear en los años treinta en Cambridge. También es fácil acabar con ella. Lo que sí resulta un tanto más difícil &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y Douglas Day lo ha logrado a la perfección- es acabar con una leyenda sin caer en las exageraciones, sin encarnizarse, sin cubrir de oprobio al héroe destronado. Sin embargo, la lectura de la biografía de Day nos deja en la oscuridad, pues el crítico parece no haber pensado lo suficiente en el meollo del problema de Lowry, que no debe ser buscado sólo en el campo de lo estrictamente personal, sino en el mundo de lo transpersonal, es decir, de los arquetipos del inconsciente colectivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Repasemos pues, una vez más, la vida de este individuo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;genial y único&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, caso extremadamente raro en la historia de la literatura del siglo XX, con el objeto de encontrar su trasforndo mítico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Cuándo empieza la vocación artística de Lowry&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Si leemos con atención los capítulos acerca de su infancia y adolescencia nos encontramos con que, en 1923, a los catorce años, Malcolm, al entrar en la &lt;i&gt;public school&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Cambridge, The Leys, lee con pasión a Jack London, Conrad, Melville, y las primeras obras de O&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Neill, autores en que, como es sabido, el mar desempeña un papel de gran importancia. Sabemos, además, que ya para 1927 Malcolm tenía cierta fama de bebedor subrepticio y que, a comienzos de ese mismo año, hay un episodio que es preciso no olvidar: su amistad con Ronald Hill, un muchacho dos años menor que él, con quien llega a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;componer&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; un par de canciones. Malcolm tocaba bastante bien el ukelele, y con Hill, que era pianista, interpretaba lo que en esos años se llamaba &lt;i&gt;hot music.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Hill ha recordado que empezaron a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;escribir canciones juntos y a pagar unas pocas libras para que nos las imprimieran.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Estas actividades son muestras tempranas, estimuladas por el alcohol, claro está, de lo que se ha dado en llamar una vocación artística. Vocación significa llamamiento, nada más ni nada menos. Etimológicamente, una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;vocación&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es una voz que escuchamos en nuestro interior y a la que podemos hacer caso o no. Es posible que la voz sea engañosa o que sea verdadera, que llame sólo una vez o varias veces. En todo caso, Malcolm creyó haber oído una voz. ¿Qué hizo con respecto a ella&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A principios de ese año, su padre, el rico comerciante Arthur Osborne Lowry, quiere enviarlo al Christ College de Cambridge, pero Malcolm acepta con una sola condición, la de que su padre le permita pasar un año en un barco como marinero. Jack London y su &lt;i&gt;Seawolf&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de 1904 lo habían impresionado, lo habían hecho pensar que, para convertirse en escritor, primero había que convertirse en hombre, tener experiencias de la vida y, para lograr esto último, había que hacerse marinero. Su padre no solamente le dio su consentimiento sino que incluso escogió el barco en que habría de embarcarse... y el día de la partida, Malcolm fue conducido al muelle por sus padres en el Rolls Royce de la familia, detalle que, además de acentuar el enorme contraste entre el señorito Lowry y el resto de la tripulación, es un claro indicio de lo falso de las premisas de las que partía Lowry en su búsqueda de virilidad. Pero hay un pormenor nada desdeñable también relacionado con la despedida. En el muelle, la madre del joven marinero declara a los periodistas con respecto a su hijo: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Está resuelto a seguir una carrera literaria y sus cuentos lo son todo para él. Desde luego lleva consigo el ukelele y espera componer algunos charlestones durante el viaje.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Lowry estaba resuelto, con la anuencia de sus padres, a seguir una carrera literaria y musical, pero&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; antes tenía que conocer la vida. Empezamos a sospechar que realmente no sabía lo que deseaba hacer. Hay en todo esto una terrible confusión y, ya desde el comienzo, un deseo de atraer la atención, incluso de la prensa, sobre ciertos aspectos de inconformismo y rebeldía en un niño rico que, a los diecisiete años, causa la impresión de haber oído no una voz, sino dos. La primera parecía decirle: serás escritor, mientras que la segunda: tienes que vivir con el fin de poder luego escribir acerca de tus experiencias. Estas dos voces tan contradictorias estarán en pugna dentro de él para el resto de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Qué experiencias vitales tuvo el joven marinero&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿Qué hizo el futuro escritor durante todo el viaje&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Beber, beber y beber. Beber solo y beber acompañado. Y, además de esto, cultivar sus temores con respecto a la sexualidad, fomentando una sifililofobia que, según Day, se remonta a una visita de Lowry a los cinco años con su hermano mayor Stuart a un Museo de Enfermedades Venéreas en Liverpool.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry regresa a Inglaterra en octubre de 1927 y, como es demasiado tarde para entrar en Cambridge y para que no esté sin hacer nada, su padre lo envía a una escuela en Bonn donde, en medio de constantes borracheras (pues ya Malcolm empezaba seriamente a convertirse en dipsómano) logra aprender algo de alemán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De vuelta a Inglaterra en 1828, Lowry se niega a vivir en casa de sus padres y es enviado a vivir en Londres por Arthur Lowry donde el joven marinero decide que quiere escribir con técnicas modernas una narración de sus experiencias a bordo. Day nos cuenta que Lowry había leído algo de Joyce, pero es en ese momento cuando hace uno de los descubrimientos más importantes de su vida, la novela &lt;i&gt;The blue voyage&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del norteamericano Conrad Aiken, que había aparecido un año antes, y se hace el juramento de leer todos los libros de ese autor: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;absorbería &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;nos cuenta Day- todas sus obras y luego iría a buscarlo, se sentaría a sus pies y absorbería todo el genio de Aiken&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Es curioso que nuestro biógrafo no hable mucho de esa actitud agresiva con respecto a sus modelos literarios en Malcolm Lowry, quien empieza muy joven con la idea, no simplemente de aprender los aspectos técnicos ya adquiridos por un escritor, sino también con la de apropiarse por vía digestiva del genio de otro ser humano, actitud que nos permite constatar hasta qué punto era débil el ego del joven Malcolm. Morder y comer son modalidades primarias de dominio y adquisición de todo lo que es extraño y diferente de nosotros, y que se encuentran en muchos aspectos de nuestra vida de adultos, pero las fantasías antropofágicas de Lowry con respecto a Aiken iban a la larga a resultar más peligrosas aún que las de confundir &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;experiencias de la vida&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; con el constante e inmoderado consumo de bebidas alcohólicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry, quien creía que Aiken se encontraba en Inglaterra, le escribe una carta llena de adulación y luego una segunda, en mayo de 1929, en la que le propone que lo reciba unos meses en su casa y, por un sueldo de cinco o seis guineas, que, desde luego, su padre está dispuesto a pagar, haga las funciones de tutor y maestro de él. Lowry se deshace, claro está, en elogios para Aiken y añade: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;aunque he tenido algún éxito juvenil como compositor de lentos y hábiles &lt;i&gt;blues&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; me cuesta muchísimo ejecutar algo en mi casa (lo que no me preocupa en demasía), pero cuando me ven escribiendo algo en serio, no es que me desalienten sino que me dicen que eso debería estar subordinado a mi verdadero trabajo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Aiken, quien además de todo se encontraba en apuros económicos, respondió positivamente a estas adulaciones y coartadas y aceptó convertirse en una especie de hermano mayor de Lowry. Day, siguiendo una línea de pensamiento tradicional, ha visto en la extraña amistad de Lowry con Aiken un drama simbólico en el que el norteamericano desempeñó el papel de sustituto del padre para Lowry, pero me atrevo a proponer la posibilidad de otra lectura de este drama. A mi parecer, lo que Lowry realmente buscaba en Aiken no era una figura de padre positivo ni un maestro del cual aprender técnicas literarias, sino alguien en quien proyectar el arquetipo del doble, es decir, alguien que le permitiera encontrar su propia identidad como varón y como escritor. Claro que, tratándose de Lowry, en quien ya vamos viendo los rasgos característicos del eterno adolescente, esta proyección del doble adquirió un aspecto negativo, o sea, competitivo que aun antes de conocer personalmente a Aiken, tomó un cariz antropofágico. Lowry quería comerse a Aiken, tragarse a su doble y, como se verá más adelante, lo consiguió plenamente, dejando desde luego a Aiken intacto. Y si hay alguna duda acerca de este aspecto competitivo.atropofágico que viciaba a Lowry, sólo es preciso recordar para disiparla que, en su primer encuentro, los dos hombres se pusieron a forcejear como dos hermanos que se pelean un tanto en broma, y Lowry empujó tan brutalmente a Aiken que le provocó una fractura de cráneo. Mucho más tarde, Aiken se refería a este episodio tan altamente simbólico y premonitorio como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el comienzo de una bella amistad&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aiken trató de cumplir lo más concienzudamente posible sus funciones de maestro, ayudando a Lowry en la escritura de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, la novela de las &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;experiencias&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del joven Malcolm. Mucho le explicó acerca de los problemas relacionados con la arquitectura narrativa, cosa que evidentemente, ningún marinero, borracho o no, a bordo del &lt;i&gt;Pyrrhus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; habría podido enseñarle, lo cual nos muestra la falacia de tener &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;experiencias&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; para luego poder escribir sobre ellas. La literatura no se hace con experiencias vividas fuera de uno, sino todo lo contrario, con experiencias psíquicas muy profundas que exteriorizamos mediante procedimientos técnicos que sí tienen que tomarse del mundo exterior. Aiken, como todo escritor, sabía muy bien esto y se dedicó a transmitirle todas las técnicas que había utilizado en &lt;i&gt;The blue voyage&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; (flujos y reflujos, contracciones y expansiones, etc), pues el novato de Malcolm trataba de escribir &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; como una larga y monótona meditación. Aiken, además, tenía que enseñarle al joven Lowry algo de técnica poética, pero pronto se dio cuenta de que, en el terreno de la poesía, su alumno estaba destinado a ser sólo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;un aficionado con talento&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, opinión intuitivamente certera que ha debido dolerle a Lowry toda la vida, pues siempre conservó la fantasía de ser poeta por encima de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry tiene veinte años cuando ingresa en el St Catherine&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;s College de Cambridge y, desde ese mismo momento se dedica resueltamente a obtener prestigio literario, estableciendo relaciones con escritores jóvenes. Comienza a labrarse la famosa leyenda del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;marinero predestinado y genial&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que iba a deslumbrar al mundo con sus creaciones literarias. Parte de esa fantasía consistía en mantener su habitación lo más sucia y desordenada posible, en no bañarse, en tener por todos los rincones libros de Joyce, Eliot y los isabelinos que leía a ratos y, sobre todo, en mantenerse borracho todo el tiempo. Es allí entonces cuando se crea la leyenda del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;genio&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Lowry o, dicho con palabras más precisas, cuando las capacidades histriónicas indudables de Malcolm &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;que incluían la de afectar a la prefección el caminar de los marineros- les permiten a varios escritores y artistas en ciernes proyectar en él la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;genialidad&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que sentían vagamente dentro de sí mismos. Sin embargo, no todos sus conocidos la proyectaron, claro está, porque el destino también quiso que, en esos años, para desventura del futuro autor de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, se estuviese formando allí mismo una nueva sensibilidad &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;científica&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, tanto en la poesía como en la crítica. No hay que olvidar que uno de los compañeros de Lowry fue William Empson, más tarde famoso por sus &lt;i&gt;Seven types of Ambiguity&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, libro aparecido en 1930 pero cuya influencia se sentiría en el &lt;i&gt;New Criticism&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; una década después. Los desplantes de Lowry, su pose de proletario, mantenida con las guineas de su padre, tenían que chocar violentamente contra esa nueva sensibilidad, que a su vez influía en él para acentuar más y más sus fantasías de &lt;i&gt;poete maudit&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; en imitación de escritores como Baudelaire, eterno adolescente también muerto temprana y trágicamente, pero que, a diferencia de Lowry, nos ha legado una obra acabada y genial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En esos mismos años, Lowry descubrió otra figura en quien proyectar el arquetipo del doble: el escritor noruego Nordahl Grieg, del que leyó, en traducción inglesa, una novela sobre el tema marítimo intitulada &lt;i&gt;The ship sails on.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Malcolm, transportado por lo que creía ser una similitud de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;experiencias&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; entre él y Grieg, le escribe a éste varias cartas que no llega a enviarle (asunto muy lowriano) y finalmente decide ir a Noruega a conocerlo personalmente, embarcándose en Liverpool en julio de 1930. De este encuentro es poco lo que se sabe, pero es importante hacer notar que el viaje a Noruega le proporcionó a Lowry un segundo proyecto literario, una novela que decidió llamar &lt;i&gt;In Ballast to the White Sea &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;que luego iría a formar parte de su gigantesco plan narrativo nunca realizado hasta que fue destruida en el incendio de su cabaña en British Columbia el 7 de junio de 1944. Pero no nos adelantemos a comentar el &lt;i&gt;unmerciful Disaster&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que, constantemente evocado por él mismo, &lt;i&gt;followed fast and followed faster&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; a Lowry durante toda su vida; digamos solamente que de este proyecto, según contó su segunda esposa, desaparecieron unas dos mil páginas. También es importante señalar aquí que el doble fue proyectado más adecuadamente en el autor noruego, por ser Grieg sólo siete años mayor que Lowry y, sobre todo, por haberse tratado con él casi exclusivamente por vía epistolar. Grieg sí combinaba muy bien el ideal buscado por Lowry, el del hombre de acción que, al mismo tiempo, es poeta y narrador, y Lowry, quien luego se creyó poseído por el espíritu de Grieg, pudo de ese modo añadir un nombre más a la lista de autores supuestamente plagiados por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Una vez más en Inglaterra, en septiembre de 1930, Lowry va a Chesire a visitar a sus padres y a Jeake&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;s House, en Rye, Sussex, a entrevistarse con su tutor norteamericano, quien muy pronto comenzará a difundir la leyenda del genio literario de su protegido &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;un genio, recordemos, que todavía no ha publicado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Otoño de 1930 en Cambridge. Continuas borracheras, vida crapulosa con trasforndo de música de jazz. Los favoritos de Lowry son Joe Venuti y Eddie Lang, músicos a los que aludirá en todos sus escritos. De esta época son preciosas para la investigación de la supuesta vocación de Lowry las apreciaciones del profesor T.R.Henn sobre el trabajo académico de Malcolm. Henn no parece haber quedado muy impresionado con el joven estudiante, ni con su &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;brillantez&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; inducida, como hace notar Day, por el alcohol. Lowry, desempeñando a cabalidad su papel de proletario y &lt;i&gt;poete maudit&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, se negaba a asistir los lunes por la tarde a la casa de Henn, donde éste, con Richards y Tillyard, rodeados de alumnos entre los que se hallaban T.H.White, el norteamericano Richard Eberhart y y el ya nombrado Empson, se dedicaban a leer y comentar poesías. Era un ambiente que a Lowry repugnaba y no le faltaba razón: qué tenía que ver un pobre marinero, destinado a convertirse en un artista genial, con un grupo de jóvenes intelectuales burgueses y sus profesores&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; El pormenor el precioso, pero más revelador aún es saber cómo termina por graduarse nuestro marinero. Fuerza las cosas para que Henn acepte, en vez del trabajo crítico que se exigía en Cambridge, el manuscrito de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, en el que ni siquiera después de la aceptación de Henn, trabajó con seriedad, quizá porque le resultaba más divertido en ese momento darse a conocer como compositor de jazz. El doctor Martin Case, compañero de juerga de Lowry por esos años, en su semblanza para la CBC de 1962, nos habla de este aspecto de este aspecto de Malcolm y de sus presentaciones en diversas tabernas de Cambridge, él al piano y Lowry con su ukelele: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde luego, los recursos de este instrumento son muy limitados &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;nos dice-, ya que no es capaz de mucho más que un efecto de rasgueado, pero él lo usaba con gran habilidad cuando cantaba. Tenía una voz de tenor resonante, no educada pero agradable, y un oído instintivo muy bueno para los acordes y las progresiones armónicas. Así que, además de armonizar ágilmente con melodías dadas, conocidas no no, podía improvisar otras nuevas con gran facilidad. Uno de sus trucos favoritos era tomar de algún disco cierto pasaje instrumental que le gustara y luego componer él mismo la letra sobre la melodía así extraída. Muy a menudo, después de cantarla muchas veces, tendía a olvidar que esa melodía no era suya estrictamente hablando. Como resultado de esto, disfrutó, entre quienes no tenían gran capacidad crítica o no eran iniciados, de una reputación más alta de la que como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;compositor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; original de jazz quizás merecía.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Empezamos a comprender por qué Lowry estuvo obsesionado con sus plagios literarios hasta el día de su muerte. Así como se apropiaba de melodías que no eran suyas, así quiso adueñarse del espíritu de Aiken y del de Grieg, terminando por sentirse poseído no por ellos, sino por su propia actitud frívola y burlona en relación con las fuerzas creadoras del inconciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿De dónde provenía esta actitud&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Lowry empezaba a identificarse con lo que la psicología junguiana llama el arquetipo del &lt;i&gt;Puer aeternus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Los arquetipos, como es sabido, son neutros en sí mismos. En su aspecto positivo, el &lt;i&gt;puer aeternus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, que tiende hacia una unión con el espíritu, por contener dentro de sí imágenes como el héroe, el niño divino, el psicopompo y el mesías; puede dar origen a magníficos impulsos creadores y a grandes e inesperadas renovaciones. Ahora bien, el caso de Lowry pertenece al terreno de la psicopatología, pues se dio en él una identificación absoluta con el estilo específico de la adolescencia prolongada que, entre otras cosas, se caracteriza por una falta de conexión con la tierra, una propensión a los accidentes y a las heridas y un esteticismo exacerbado; una incapacidad para entrar en el reino de lo temporal y por lo tanto, de contraer compromisos; una inclinación a la autodestrucción, que podemos observar en los deseos del &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de caerse, de fracasar, de perecer en un cataclismo o en su afición a las drogas o al alcohol; cierta amoralidad o supermoralidad y una constelación exagerada de las figuras paternas, que le impide vivir en el plano humano sin divinizar o demonizar a sus padres personales y a sus amigos más cercanos. La psicopatología del &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, como hace notar James Hillman, es además un patrón de comportamiento psíquico que rechaza a su opuesto, el &lt;i&gt;senex&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y lucha contra él, por ser éste el representante del tiempo, el orden, los límites, la erudición, la historia, la supervivencia y la resistencia.La impaciencia del &lt;i&gt;puer aeternus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; le imposibilita la debida concentración en cualquier empresa, hasta el punto de haberse hablado con respecto a él de una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;vida provisional&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;: ningún trabajo presente es bueno para él, porque siempre piensa en la posibilidad de una situación maravillosa y excepcional que lo espera en el futuro, es decir, en lo intemporal o en la eternidad. El &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; se siente siempre fálicamente impulsado a viajar, a buscar e investigar, transgrediendo todos los límites. Es un espíritu inquieto que no tiene hogar en la tierra y está condenado a ir y venir de un lugar a otro como en una perenne y vertiginosa transición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al aceptar el profesor Henn el manuscrito de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; como trabajo de fin de curso de Lowry, la leyenda de su autor como marinero genial adquirió una buena parte de su fuerza destructiva. En la primavera de su tercera año en Cambridge, en mayo de 1932, Lowry pasó a las manos de un nuevo tutor, su amigo John Davenport, quien fue contratado por Arthur Osborne Lowry con la esperanza de que su hijo se preparara debidamente para los exámenes finales. Ya convertido en un eterno adolescente, Malcolm habrá de permanecer para siempre sometido a la autoridad de la familia, encarnada primero en su padre, luego en los tutores y abogados por él designados y, después de la muerte de Arthur Lowry, en su hermano mayor Stuart. Con respecto a su dependencia total de su segunda esposa, Margerie Bonner, más adelante habrá mucho que decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La historia de cómo el editor Jonathan Cape finalmente publicó &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; (uno de los lectores de Chatto and Windus había recomendado la novela por ser &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;potencialmente buena&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y a su autor &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;más por sus capacidades que por lo que ha logrado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) y de cómo el manuscrito fue perdido y tuvo que ser reescrito por Lowry es sencillamente la primera confirmación de la poca seriedad del &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; con respecto al trabajo creador. La escritura viene directamente del cielo y el trabajo cuidadoso y paciente no es nada importante. Lowry quería hacer resaltar desde el comienzo que lo que realmente importaba era la vida, dejando los problemas de arquitectura narrativa a escritores burgueses y decadentes como Thomas Mann, cuyo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;horrible&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;” &lt;i&gt;Tonyo Kröger&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; simbolizaba para Lowry exactamente todo lo contrario de lo que debía ser el artista. Al final de su examen de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, Douglas Day cita dos pasajes de esta novela que vale la pena releer desde nuestro punto de vista. Dana Hilliot, de diecinueve años, se embarca como un autor aplicado que aún no ha escrito nada y va avanzando hasta descubrir, hacia la mitad de la novela, que su inexperiencia y su excesiva concentración en si mismo no le permiten ser escritor &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;““&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el deseo de escribir es una enfermedad como cualquier otra; y lo que uno escribe, si ha de ser algo bueno, debe estar arraigado en una especie de originalidad. Allí es donde me doy por vencido. Soy tan incapaz de crear como de volar&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; La cita es preciosa porque, empezamos a sospecharlo, Lowry era incapaz de crear porque lo único que sí podía hacer era volar. El &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; siempre anda por los aires en pos del espíritu, pero le hace falta el contacto con la realidad terrena y con la temporalidad del &lt;i&gt;senex&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que son las que hacen posible el trabajo constante y disciplinado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hacia el final de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, Hilliot, en una carta que jamás envía a su novia (uno de los temas favoritos de Lowry: el del mensaje no enviado o no recibido a tiempo) le dice: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero en el futuro me interesarán más los biceps que los fórceps, levantaré pesas más que vasos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Y en cuanto a mis libros, los tiraré por la borda y me compraré otros nuevos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¡Que sus autores se embarquen en un carguero y aprendan a enrollar un cable con pasión! ¿Mi vocación de escritor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Tú o cualquier mujer pueden hacerlo en mi lugar. Todavía no sé qué será de mi. Pero algún día encontraré una tierra corrompida hasta la ignominia, donde los niños desfallezcan por falta de leche, una tierra desdichada e inocente, y gritaré: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Permaneceré aquí, lo juro, hasta que éste sea un buen lugar por obra mía&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;” &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Esta cita es un verdadero compendio: el joven promete beber menos, desdeña la literatura como asunto digno de mujeres y se jura dedicarse a ser un benefactor de la humanidad. Es fascinante ver cómo el inconsciente le manda a Lowry el mensaje de que, sin un contacto con lo femenino, con el &lt;i&gt;anima&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, no es posible convertirse en artista creador, y ¿quién está más alejado de la mujer que el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, encarnación inmortal y al mismo tiempo, fugaz del espíritu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Las líneas finales nos invitan a contemplar al espíritu puro en marcha, al ungido que habrá de salvar a todos los niños hambrientos de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, a pesar de ser una novela bastante mediocre, tiene al menos el mérito de ser el único libro de Lowry escrito sin la ayuda constante de un colaborador. Pero es preciso hacer notar que los consejos de Aiken acerca de cómo estructurar una narración &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y esto lo ha señalado Day con exactitud- le hicieron a Lowry a la larga más mal que bien, ya que estimular a un joven la introspección meramente estética equivalía a animarlo a permanecer en esa autocontemplación morbosa en la que ya se encontraba antes de conocer a Aiken, era &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y claro está, Day no lo dice- fortalecerlo en su condición de &lt;i&gt;puer aeternus&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El matrimonio de Malcolm Lowry con Jan Gabrial, a quien había conocido en Granada durante un viaje a España con los Aiken en el verano de 1933, estaba &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;evidentemente- destinado a ser un fracaso estrepitoso. Jan se enamoró de Lowry en su papel de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;autor genial&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; aparece en el otoño de 1933 y los jóvenes se casan en París en enero de 1934. La &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;felicidad conyugal&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; duró apenas un mes. Jan no podía comprender por qué, si Lowry era un escritor famoso, ni escribía ni ganaba dinero. Otro asunto importante; en el terreno de lo sexual, Malcolm ya se mostraba impotente, condición agravada por el perfectamente suicida abuso del alcohol. Los reseñistas de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; no fueron particularmente bondadosos para con Lowry y éste ya empezaba a padecer de manía persecutoria. Después de múltiples y flagrantes traiciones a las que la empujó el propio Malcolm, Jan regresó a los Estados Unidos en el verano de 1934, dejando al novel autor en París, quien regresó por unos meses a Londres, para luego marcharse en el otoño a los Estados Unidos, esperando reconciliarse con Jan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Malcolm y Jan estuvieron juntos en Nueva York unos pocos meses. Pero las cosas no salían bien. Al principio tuvieron algo de vida social. Lowry conoció a Waldo Frank y, por intermedio de éste, a quien fue su amigo íntimo en esa ciudad, Erik Estorick, director de la Grosvenor Gallery de Londres, que en esa época vivía en Brooklin. Malcolm ahora bebía más que antes y Jan volvió a abandonarlo. Estorick, al ver el progresivo estado de confusión etílica de Lowry, consiguió internarlo, sin la aprobación de Jan, en el pabellón psiquiátrico del Bellevue Hospital. Lowry, tembloroso, incoherente y alucinado, se dejó llevar a la clínica en junio de 1935. A los veintiséis años experimentaba las primeras señales realmente alarmantes de su enfermedad. Del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;alcoholismo temprano&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; iniciado en The Leys a los dieciséis años, había pasado al &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;alcoholismo básico&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; durante sus años en Cambridge entre 1928 y 1933. Ahora, en el verano de 1935, pasaba a la tercera etapa, la del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;alcoholismo crónico&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, que se caracteriza por un mayor deterioro moral, pensamientos irracionales, temores vagos y un exceso de fantasías y comportamientos psicóticos. En esta tercera etapa, el enfermo ya no tiene excusas ni puede dar por sí mismo ningún paso para recuperarse. Los especialistas en alcoholismo afirman que se puede alcanzar la tercera etapa en un período que oscila entre los cinco y los veinticinco años. Lowry había logrado su meta en ocho años. ¿Había en ese momento, en el pabellón psiquiátrico del Bellevue Hospital, alguna esperanza para el genio de la literatura que Lowry juraba tener dentro de sí mismo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No sabemos a ciencia cierta cuántos días estuvo Malcolm Lowry en el hospital. Lo que sí sabemos es que no fue mucho tiempo, ya que, debido a su condición de extranjero y temiendo ser deportado, después de haber sufrido los severos síntomas relacionados con la carencia &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;sudores, vómitos, diarrea, convulsiones y alucinaciones visuales y auditivas-se escapó de la clínica, se fue de juerga dos días y, al tercero, se presentó en casa de Estorick con una tremenda resaca, pero dócil y compungido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Este episodio habría podido constituír para Lowry la oportunidad de una toma de conciencia con respecto a los poderes destructores del inconciente, si hubiera habido en él algún tipo de contacto, por más evanescente que fuera, con la realidad del alma. Pero ya hemos visto que el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es intelecto puro y como buen cerebral, muy pronto Malcolm convirtió su permanencia forzada en la clínica en una peregrinación premeditada con el fin de obtener informaciones precisas para una narración que deseaba escribir. Cuando leemos esto, inmediatamente pensamos en Flaubert visitando un hospital de París para documentarse minuciosamente acerca de cómo mueren los niños enfermos de difteria con el fin de escribir una o dos líneas de la &lt;i&gt;Education Sentimentale&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. No es posible establecer si Lowry conocía los excesos de documentación en los que caía Flaubert, pero de lo que sí estoy seguro es de que Lowry sabía convertir la experiencia más trágica y profunda que pudiera tener en un asunto trivial e incluso cómico. La narración a la que se refirió en su carta al editor Robert Giroux es, desde luego, el segundo de los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;proyectos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; nunca llevados a cabo por Lowry mientras vivió: la novela corta que, con tel título de &lt;i&gt;Lunar Caustic&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; fue publicada por Earle Birney, profesor de literatura de la Universidad de la Columbia Británica y la segunda esposa de Lowry en el número 29 (invierno y primavera de 1963) de &lt;i&gt;The Paris Review&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nunca se sabrá exactamente cómo Lowry logró que Jan volviera con él a principios de septiembre de 1936, ni muchísimo menos cómo logró convencerla, después de una breve temporada en Los Angeles, de que se fuesen a vivir a México, país al que llegaron en noviembre de 1936. De Acapulco, donde estuvieron unos días, pasaron a ciudad de México y de allí a Cuernavaca, donde Lowry empezó a vivir inmediatamente los tristes sucesos, cada vez más deformados por su etilismo, que en el transcurso de los años irían a convertirse en la tenue trama de la gran novela de su vida: &lt;i&gt;Under de volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry permaneció en México desde Diciembre de 1936 hasta julio de 1938 y, poco tiempo después de instalarse en Cuernavaca, escribió una narración que tituló &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Bajo el volcán&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y que, ampliada y corregida, constituiría el capítulo octavo de la novela del mismo título.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Como era de esperarse, la vida de los Lowry en Cuernavaca fue un verdadero infierno. Malcolm rápidamente había descubierto las bebidas alcohólicas nativas: la cerveza, el tequila y el mezcal y empezó a documentarse, como el más conciente de los escritores realistas del siglo XIX, sobre sus efectos, con el propósito de realizar lo más perfectamente posible la caracterización del personaje central de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Los habitantes de Cuernavaca de Cuernavaca de esa época deben haber quedado agradecidos a Lowry por el hecho de que su personaje fuese un borracho y no, por ejemplo, un asesino de niños o un violador de menores, pues la Lowry había llegado a una concepción sumamente extraña de su método de composición; tenía que experimentar en carne propia las cosas sobre las que deseaba, o creía que deseaba, escribir y, habiendo sido concebido su protagonista como un alcohólico que busca su propia destrucción, se dedicó a beber más cada día y a cortejar la muerte en los ambientes más crapulosos y macabros. Era la suya una originalísima poética, la de un hombre sin imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Douglas Day relata minuciosamente los sucesos ocurridos durante la primera permanencia de Lowry en México. Destaquemos, de esa espantosa monotonía, un par de episodios. Ante todo, la visita de Aiken y de la que iba a ser su segunda esposa. En su relato autobiográfico &lt;i&gt;Ushant&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de 1952, Conrad Aiken nos cuenta acerca de la situación cada vez más desesperada de su alumno, quien se hundía más y más en el alcoholismo y en la miseria marital, mientras &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;se aferraba, tenaz e irremisiblemente, a ese nido de viejos harapos y mantas donde pasaba la mayor parte del tiempo, el mirador de la quinta.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Aiken vuelve sobre las numerosas y flagrantes infidelidades de Jan, producidas, como se sabe, por la falta de interés de Lowry en ella como ser humano y en sí mismo como creador literario. Aiken cuenta acerca de una de las aventuras de Jan y cómo, inmediatamente después, Malcolm empezó una serie de fugas alcohólicas de las que tanto Aiken como su futura mujer, Mary Hoover, temían que no regresaría. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desaparecía una noche. Desaparecía dos. Su aspecto se tornaba cada vez más desaliñado y, aun cuando mantuviera su sentido del humor y sus maravillosas dotes de visionario en la conversación, se iba llenando, por una parte, de irritabilidad y, por la otra, de una creciente entrega a un estrafalario misticismo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; No deja de sorprender que Aiken, quien conocía a Freud, llame &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;misticismo estrafalario&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; al comportamiento psicótico, apoyado en una base cada día más sólida de pensamiento irracional y de fantasías paranoicas, del pobre Malcolm. Con todo, cierta comprensión del asunto se transparenta en su relato cuando, después de recordar que, estando en Inglaterra, ya Lowry le hablaba de estar atrapado en una gigantesca red de correspondencias cósmicas que lo convertían en víctima de toda clase de coincidencias y desastres preestablecidos, pasa a contarnos lo que él llama una tanda de discusiones sobre el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;canibalismo psíquico&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Aiken lo había absorbido (¿pero acaso no era Lowry el que, aun antes de conocerlo personalmente, había decidido absorber el genio de Aiken&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) y ahora era su turno. Pretendía, le dijo a Aiken, consumirlo totalmente como todo hijo debe consumir a su padre. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Eres un país invadido &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;reporta Aiken- y como yo soy más joven y más fuerte que tú, en apetito, en voluntad, en desconsideración y en sentido de la dirección, de nada te servirá tratar de competir conmigo, pues parecerá que simplemente me repites y me parodias. No volverás a tener una personalidad propia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Las palabras de Lowry (y al parecer, Aiken fue muy preciso al citar sus conversaciones con él, puesto que Malcolm no las desmintió cuando, poco antes de morir, leyó &lt;i&gt;Ushant&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) nos revelan mucho acerca del carácter de Lowry y sus tendencias autodestructivas. Lowry seguía obsesionado con la idea de que Aiken era una figura de padre que él tenía que devorar (simbolismo evidentemente tomado de los conceptos que, basados en una fantasía personal y haciendo caso omiso de los descubrimientos de la antropología y la historia de las religiones, había propagado Freud en su &lt;i&gt;Tótem y tabú&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de 1913), cuando, como ya he insinuado, la relación que Lowry trataba de establecer fuera de sí mismo con Aiken, incapacitado como estaba de realizarla interiormente, tenía que ver con el arquetipo del doble, fuente de apoyo transpersonal para todo intento creador. No es nada raro, por lo tanto, que el así llamado canibalismo totémico se convirtiera, en boca de Lowry, en un deseo frenético de ser más fuerte que Aiken, de poder crear como él, lo cual le resultaba más y más difícil ya que, identificado totalmente con la figura divina del eterno adolescente, el arquetipo del doble se le convertía en un poder maligno y competitivo, contaminándose con la sombra y el padre negativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Años después, Conrad Aiken le diría a Day que Malcolm Lowry era un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;tamiz gigante&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Prefiero, sin embargo, pensar en él como en una esponja siempre dispuesta a absorber muchísimos detalles de la conversación de Aiken para luego incluírlos como cosas suyas en &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y otros escritos. Lo que interesa subrayar aquí no es precisamente que Lowry hiciera esto, sino cómo y por qué lo hacía. La psicología ha estudiado un fenómeno que se denomina criptomnesia, término posiblemente acuñado por Théodore Flournoy, que se refiere a un hecho muy conocido por los magnetizadores e hipnotistas del siglo XIX. Durante el trance hipnótico &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;escribe Henri Ellenberger en su extraordinario estudio &lt;i&gt;The Discovery of the inconscious&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-, y, particularmente bajo la forma de regresión hipnótica, un individuo puede hacer el recuento de muchos hechos que su ser conciente normal ha olvidado completamente. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nuestra verdadera menoria críptica es, por lo tanto, inmensamente más grande que nuestra memoria conciente.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Otras pruebas de este fenómeno han sido observadas en los sueños, en los estados febriles y en otras condiciones físicas. Flournoy demostró que las novelas de la imaginación subliminal de su médium Heléne Smith no tenían nada que ver con supuestos recuerdos de vidas anteriores, sino con &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la memoire subconciente de la vie présente&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, lo cual explicaba &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;apparition somnambulique de choses totalement oubliés (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) de Mlle Smith en son etat de veille, mais dont l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;origine a fort bien pu se nicher dans les recoins inconnues de la vieille ecoulée (lectures, conversations, etc.)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; La criptomnesia ha contribuído a la explicación de ciertos casos de supuestos plagios literarios. C.G.Jung descubrió todo un pasaje del &lt;i&gt;Zarathustra&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Nietzche que tenía su origen en el cuarto volumen de las &lt;i&gt;Blatter von Prevorst&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, la revista de Justinus Kerner que sabemos que Nietzche leyó atentamente en su juventud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Muchos otros casos de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pseudoplagios&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; han sido reconocidos y estudiados desde Jung y se ha llegado a la conclusión de que ciertos autores son más propensos a la criptomnesia que otros. Nietzche, según Lou Andreas Salomé, derivó toda la sustancia de su &lt;i&gt;Genealogía de la moral&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de conversaciones sostenidas con Paul Ree, quien le habló extensamente al futuro autor de &lt;i&gt;Ecce homo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de sus concepciones. Nietzche lo escuchó atentamente, convirtió los pensamientos de Ree en suyos, se olvidó de haberlo hecho, y, más tarde se mostró hostil hacia Ree. En los plagios de Lowry, sin embargo, no es posible emplear el concepto de criptomnesia, pues se trata en él de un procedimiento conciente que usaba como arma de combate y amenaza en su trato con Aiken, lo cual nos hace ver de manera patente y definitiva que Lowry confundía el arquetipo del doble benéfico que buscaba a tientas con la rebeldía contra la imagen paterna. Y, en efecto, si comparamos las criptomnesias de Nietzche con respecto a Ree y a Michelet, que produjeron obras tan profundamente suyas como &lt;i&gt;El renacimiento de la tragedia&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y &lt;i&gt;La genealogía de la moral&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; con el famoso episodio de William Blackstone que Day analiza muy bien y considera de poca significación en &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, podemos darnos cuenta de cómo el cerebralismo de Lowry (es decir, su falta de profundidad psíquica) lo traicionaba todo el tiempo. Lowry no podía comprender que ni William Blackstone ni ningún otro tema es propiedad de nadie. Cualquier autor puede tomar, por criptomnesia o concientemente, uno o más temas de cualquier otro autor. Lo que buscamos como creadores es poder dar a los temas un tratamiento que salga de nuestras profundidades después de un proceso de asimilación y reelaboración psíquicas, y Lowry, desgraciadamente, era incapaz de esto, quedándose, sencillamente, en la superficie de su brillante intelectualismo. Esta actitud, desde luego, le haría un daño enorme, pues constelaba en su inconciente como compensación el tema de la culpabilidad del plagiario (presente en &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y en su correspondencia), así como también el del temor competitivo de que alguien &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;siempre considerado concientemente inferior- se le adelantara en tratar un tema o motivo dados de los que él se consideraba puerilmente propietario exclusivo, como sucedió, para constante tormento suyo, con la aparición de la novela &lt;i&gt;The lost week end&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Charles Jackson a que nos referiremos más adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De cierta manera, aun cuando las relaciones epistolares entre Aiken y él continuaron durante muchos años, este episodio de Cuernavaca tuvo una gran importancia en el proceso de involución de Malcolm Lowry. Declarados abiertamente sus propósitos de comerse a Aiken, Malcolm mató la posibilidad de crear dentro de sí mismo un doble positivo. Así se estaba quedando solo y sin personalidad. Ara Calder-Marshall, al recordar los días de embriaguez de Lowry después de la partida de Aiken y de Jan, dijo: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;fue entonces cuando Malc empezó a vivir de verdad &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, precisa captación intuitiva de la poética de Lowry, si es que se tiene el derecho de denominar así a esa actitud solipsista suya con respecto a la escritura y a la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El infierno mexicano de Lowry apenas había comenzado, pues terminaría sólo en julio de 1938 con su expulsión por Nogales. Antes de eso es preciso referirse a un episodio ocurrido en Oaxaca, inmediatamente después de salir Lowry de la cárcel, en donde pasó la navidad de 1937. Se trata de una nueva proyección del doble en un misterioso zapoteco llamado Juan Fernando Márquez que, según Day, fue &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;una de las amistades más intensas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del autor de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Esta relación intensa parece haber durado únicamente dos semanas, pero le ofreció a Lowry material para el personaje del doctor Vigil así como también para la borrosa figura de Juan Cerillo, ambos incluídos en su novela de ambiente mexicano. Day afirma que Juan Fernando Márquez, que en realidad se llamaba Fernando Atonalzin, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;llegó a representar para él su ideal de auténtica hombría: un héroe verdadero, en oposición al héroe literario&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;; pero es difícil estar de acuerdo con esta interpretación. En el ensayo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Garden of Etla&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de junio de 1950 del &lt;i&gt;United National World&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, citado por Day, podemos observar que, ya matado y comido a Aiken, aun cuando nunca asimilado, Malcolm trató una vez más de proyectar al doble en esta extraña figura. Lo convierte en un descendiente de reyes, en médico y en traductor y, por lo tanto, en lingüista. La enumeración de las lenguas que conocía es impresionante, lo que nos hace recordar cómo el propio Lowry, por imitación de modelos como Joyce, deseaba que le fuera atribuída una sofisticación de políglota que nunca tuvo. Parece que el rasgo más atractivo de Juan Fernando era el de ser bebedor, pero un bebedor con mala conciencia que, en las ficciones de Lowry, conserva una inquietante ambigüedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Puede entonces aceptarse lo de la homosexualidad latente de Lowry en su confesión de 1955&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Creo que no. Tanto en su relación con Aiken como en su breve amistad con el zapoteco, lo que se observa, repitámoslo, en el plano de lo transpersonal, es una búsqueda &lt;i&gt;afuera&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de un elemento arquetípico que Malcolm, sencillamente no encontraba dentro de sí mismo y que por esa misma razón, no pudo proyectar de manera positiva, como pudo hacerlo Freud con Fliess, Borges con Bioy Casares o cualquier persona creadora en un momento de su vida en que el contacto sano y fructífero con el inconciente exige la colaboración inspiradora de un arquetipo del mismo sexo. Que el propio Lowry no haya sabido interpretar este fenómeno psíquico que habría podido salvarlo, es una verdadera lástima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A los veintinueve años Lowry se encontró de nuevo en Los Angeles, donde fue recibido por el abogado Benjamin Parks, nombrado por Arthur Osborne Lowry para que representara legalmente a su hijo. Parks, quien había declarado a Malcolm incompetente, tenía que ocuparse de la demanda de divorcio puesta en esa ciudad por Jan y de entregarle al &lt;i&gt;enfant terrible&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; una exigua pensión para alimentos y cigarrillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En esos meses Lowry empezó a trabajar en una segunda versión de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y a redactar unos poemas sobre sus &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;experiencias&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; mexicanas. Con relación a estos últimos, es interesante hacer notar que, en una carta dirigida a Nordahl Grieg, Malcolm le dice que ha terminado un libro de poemas intitulado &lt;i&gt;The lighthouse invites the storm&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y que le enviará un ejemplar si logra encontrar alguno. Day considera este asunto como una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pequeña mentira&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; quizá perdonable o comprensible, cuando en verdad se trata de un gesto que revela hasta qué punto se hallaba Lowry atrapado en la &lt;i&gt;vida provisional&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, tomando sus ilusiones por realidades y sus proyectos por hechos consumados. En la misma carta, Lowry aprovecha la ocasión para referirse a su culpabilidad de plagiario, confesándole a Grieg que su identificación con Benjamin (perspnaje principal de &lt;i&gt;The Ship sails on&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;me llevó con el tiempo a un problema mental. Gran parte de &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es paráfrasis, plagio o pastiche de usted&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Podemos sospechar que, habiendo empezado la segunda versión de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, Lowry sentía mucha angustia al pensar que estaba emprendiendo una tarea para la que no estaba preparado. ¿De qué experiencias heroicas iba a escribir ahora, en emulación de Grieg, cuando su viaje a México le había probado que, dondequiera que estuviese, estaba en un lugar muy parecido al pabellón psiquiátrico del Bellevue Hospital&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; La novela apenas comenzada, y cuya escritura iría a resultarle más que ardua, fue reemplazada en la carta para su colega noruego por un libro de poemas aún no escrito, pero que Lowry ya daba por publicado y posiblemente agotado. Tal era la situación de Lowry en los primeros meses de 1939: mientras una mujer, pagada con el escaso dinero que Parks le entregaba para la comida (tema del artista sacrificado por la incomprensión de las autoridades en el poder), pasaba en limpio la segunda versión de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, su futuro autor se preguntaba cómo se las arreglaría para extraer formas acabadas de los confusos borradores que había hecho en México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La respuesta del todopoderoso azar no se hizo esperar, ya que, gracias a una sobrenatural coincidencia (un amigo inglés que vivía en el mismo hotel y tenía un asunto que tratar con ella), Malcolm conoció el 9 de junio de 1939, un mes antes de cumplir los treinta años, en una parada de autobús, a quien bastante pronto iba a ser su sengunda esposa, Marguerie Bonner. De ésta sabemos mucho más que de las otras dos mujeres importantes en la vida de nuestro autor: su madre, de la que sólo es posible conjeturar ciertas cosas, pues la relación de Lowry con ella fue tan numinosa que habló poquísimo al respecto (recordemos que en el primer capítulo de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, el narrador se apresura a hacer notar al lector que tanto el Cónsul como su hermanastro perdieron a sus respectivas madres en la niñez), y Jan, una mujer de cierta inteligencia que, como puede deducirse de su conducta, no estuvo dispuesta a desempeñar en la vida de Lowry el papel arquetípico de la madre. La ex- actriz y escritora de relatos de misterio y cuentos policíacos, Margerie Bonner, mujer emprendedora y luchadora que, desde muy joven, había mantenido a su familia con su trabajo en Hollywood, era exactamente la persona señalada por el destino para representar el papel que, en su primer encuentro, proyectó en ella Malcolm. El &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; no puede relacionarse positivamente con nadie de su propio sexo ni necesita a ninguna mujer, salvo una &lt;i&gt;puella&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; mágica, como diría James Hillman, o una figura materna que refleje, henchida de admiración y sin nunca cuestionarla, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la exclusiva unidad hermafrodita del &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; con su esencia arquetípica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Margerie, que tenía inclinaciones literarias y había conocido cierto éxito en el cine, proyectó en Lowry al genio que iba a alcanzar la fama y hacerse rico, recuperando para ella el dinero que su padre había perdido durante la Primera Guerra Mundial. Para lograr esto, estaba decidida a dedicar toda su energía a los proyectos de Lowry, mientras que éste, al constatar la tenacidad y fuerza que sin duda Margerie poseía, proyectó en ella no a la &lt;i&gt;femme inspiratrice&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; (cosa totalmente imposible para él) sino a la madre protectora y nutricia que iba a ayudarlo a conectarse con el mundo de las realizaciones espirituales. Una vez más había funcionado el amor a primera vista, sólo que el juego mutuo de las proyecciones fue tan exorbitante y adquirió desde ese mismo momento un carácter tan definitivo (pues, por ser primordialmente perfecto, el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; se opone a todo cambio) que ese amor tenía forzosamente que resultar en destrucción. En efecto, a partir de 1939, Malcolm Lowry no escribió una sola página más sin el apoyo intelectual, moral y, en sus últimos años, &lt;i&gt;físico&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Margerie Bonner, constituyendo de ese modo un caso único y excepcional (adjetivos que tanto gustan al &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) en la historia de la literatura del siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Comienza, pues, en Vancouver, hacia octubre de 1939, la colaboración literaria de Malcolm y Margerie. Douglas Day, que examinó detenidamente los borradores de las diversas versiones de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; explica muy bien hasta qué punto la participación de Margerie le fue dando forma a la novela. Margerie no sólo cambiaba una palabra aquí o allá, sino oraciones enteras. Hay indicaciones marginales en las que, como una madre que le corrige la tarea al hijo, lo amonesta por un caso de adjetivación descuidada o le reprende por su falta de fluidez. Lowry, por su parte, empezó a confiar cada día más en ella, permitipendole pasivamente no sólo que cambiara los nombres de los personajes principales, sino que decidiera con respecto a sus acciones e incluso su destino. Fue Margerie &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;actuación simbólica, por cierto- quien dispuso que el personaje de Ivonne, la psicológicamente irreal esposa del Cónsul, muriera pisoteada por un caballo espantado en el penúltimo capítulo de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El 22 de abril de 1940, deseoso de zafarse de su sometimiento a los abogados de su padre, Malcolm le escribe a éste hablándole de lo cambiado que está. No ha bebido, le dice. Ha estado encerrado escribiendo endiabladamente. Ha tomado la decisión de ponerse a prueba ante sus padres, pero necesita la ayuda de Aiken, pues trabaja en una obra mayor que se propone dedicar a su padre. Y termina con estas palabras: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Te escribiría manteniéndote informado de mis acciones y podríamos, aun a distancia, enterrar de algún modo el pasado, restablecer nuestras relaciones en el plano sincero, razonable y feliz que yo he degradado por mi falta de experiencia y mis locuras. ¡Y esto haría feliz a mi madre! ¡Lo cual deseo por sobre todas las cosas! (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) &lt;i&gt;Estoy dispuesto a cooperar contigo ¿Me ayudarás&lt;/i&gt;&lt;i&gt;”&lt;/i&gt;&lt;i&gt; La bebida, las locuras son cosas del pasado. Esta es la última oportunidad.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Lowry, desde luego, no pensaba seriamente en dejar de beber ni de cometer locuras. La promesa de dedicar a su padre la obra mayor, aún no escrita, nos revela un deseo de aprobación tan lastimoso y, al mismo tiempo, tan absurdo que con gusto lo desdeñaríamos, si no fuera una prueba irrefutable del escaso desarrollo de nuestro autor. Si la ayuda del &lt;i&gt;senex&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que es la constancia en el trabajo, el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; no puede llevar a cabo nada, pero Lowry, una vez más, se mostró incapacitado para comprender la realidad de la psique, transponiendo a un nivel peronal y, por lo tanto, superficial una profunda necesidad interior. Hacer depender su regeneración y la escritura de una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;obra mayor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de un envío de dólares de su padre es el colmo de la puerilidad. A cualquier persona que haya adquirido, a fuerza de sufrimientos (los del niño que todos llevamos dentro), cierta adultez, la carta de este adolescente de treinta años le inspiraría lástima, pero también &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;sobre todo si no se toma en cuenta la fuerza numinosa y paralizante de los arquetipos- cierta repulsión. La respuesta de Arthur Lowry, típica de un &lt;i&gt;senex&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; petrificado en su orden y perfección, es decir, también mutilado psíquicamente, fue breve y desalentadora. Había restricciones en la tesorería, trataría de hacerle llegar cien dólares mensuales y se contentaba de que su hijo diera muestras de arrepentimiento por el trato dado a su padre y a su madre. Un prodigio de frialdad con la que el Padre despachó rápidamente las travesuras del Niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En julio de 1940, terminada la tercera versión de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, Lowry la envía a Harold Marson, a quien había conocido en Nueva York en 1936 y era ahora su agente en esa ciudad. Es entonces cuando los esposos descubren Dollarton, un caserío en un ambiente edénico cerca de Vancouver, donde pasarán la mayor parte del tiempo de 1940 a 1954. Dollarton fue, claro está, la proyección de Lowry del arquetipo del paraíso, y mientras esperaban noticias de Marson relacionadas con el manuescrito, Lowry se dedicó a nadar, a consturir una cabaña y a trabajar en los poemas que debían formar parte de &lt;i&gt;The Lighthouse invites the Storm&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, el libro que había dado por publicado en la carta a Nordahl Grieg antes mencionada. A principios de enero de 1941, los Lowry recibieron las tan esperadas noticias de Marson. &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; había sido rechazada por cuatro editoriales por ser &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;demasiado intelectual, demasiado deprimente, demasiado inonexa y demasiado confusa&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Lowry cae en una profunda tristeza. Se tiende en una cama y mira hacia la pared. No habla, ni come, ni bebe. Pero Marge encuentra el remedio. Se pone a trabajar en su novela &lt;i&gt;The shapes that Creep&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y a consultarle a Lowry sobre ciertos puntos de estilo, invirtiendo así los papeles que habían representado mientras escribían la tercera versión de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Lowry se reanimó, pero no se puso a escribir inmediatamente porque tenía que ocuparse de comprar una cabaña. El pormenor es importante, pues se sabe que el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es un hombre sin hogar en la tierra, aquejado de &lt;i&gt;homelessness&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Por fin se mudaron a la nueva casa y se dedicaron, según contó a Day la propia Marge, a la vida sencilla en su paraíso terrenal. Lowry no dejó de beber, pero parece que no cometía los excesos de México o de Vancouver. Al menos así le escribió a Juan Fernando Márquez en una carta de esa época: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estaría contento de saber que he dejado la bebida hasta el punto de un solo trago necesario, que estoy bien y fuerte y me he desembarazado de una parte de mi espíritu de la que debía desembarazarme&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. ¿Qué quería decir con eso&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿Por qué sintió la necesidad de comunicarse con el misterioso zapoteco&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Parece que fue en esa época que, por primera vez en su vida, Lowry tuvo satisfacción sexual. En junio de 1941, Scribner&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;s aceptó &lt;i&gt;The shapes that creep&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y a Margerie le pareció que, desde entonces en adelante, cada vez que tuviesen necesidad de dinero, ella podía inventar y redactar rápidamente una novela policíaca. En todo caso, a partir del invierno de 1941 y hasta la Nochebuena de 1944, los Lowry trabajaron en la cuarta versión de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Fue sin duda durante este período de intensa colaboración cuando la dependencia de Malcolm con respecto a Margerie se solidificó. El Hijo-Amante se fundió con la Madre. Una prueba de esto se ve el siete de junio de 1944. Estando ya muy avanzada la nueva versión, la cabaña de los Lowry empezó a arder. Malcolm corrió en busca del camión de los bomberos de Dollarton, que resultó ser un decrépido vehículo apto para apagar sólo incendios pequeños. Mientras tanto, Margerie había logrado rescatar de las llamas el manuscrito de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y varias docenas de poemas. Al volver con los bomberos, Lowry intentó entrar en busca de &lt;i&gt;In ballast to the White Sea&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; pero una viga se desprendió del techo y lo golpeó en el hombro fuertemente, viéndose el escritor obligado a salir de la cabaña sin su larguísimo manuscrito. No deja de ser curioso que, al referirse a este episodio, Day no haya reparado en que el azar quiso que no hubiera sido Malcolm sino Margerie, quien salvara &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Lowry había actuado como un agente de su propio destino (después de todo, a él le aterrorizaba terminar la novela), mientras que Margerie, que había soñado al Lowry novelista triunfante y rico, y lo había ido creado, no estaba dispuesta tan fácilmente a entregar al fuego el producto de tantos años de trabajo interesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La cuarta versión fue terminada finalmente, pero no en el paraíso terreral de Dollarton, sino a la orilla del lago de Ontario, en casa de Gerald Noxon, viejo amigo de Lowry de la época de Cambridge, que se desempeñaba como productor, escritor y cronista en la Canadian Broadcasting Corporation. Fue a Noxon a quien, la nochebuena de 1944, Lowry entregó el manuscrito hológrafo de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. En esos meses lejos de la cabaña incendiada, Marge, además de seguir pasando a máquina la novela de su esposo, hizo varios guiones para la radio de Toronto, pero cuando la CBC le ofreció un trabajo estable, no lo aceptó, pues ya había ahorrado lo suficiente para pagar los pasajes de regreso a Vancouver. Una vez en Dollarton, a fines del invierno de 1945, y mientras se disponían a reconstruir la cabaña, le llegó a Malcolm la noticia de la muerte de su padre, víctima de una cirrosis hepática. Arthur Osborne Lowry, al que en un momento de abyección, Malcolm había prometido dedicar su obra mayor, no había alcanzado a verla publicada, pues ésta se hallaba en manos de Harold Matson, quien se ocupaba de proponerla a las editoriales de Nueva York, y de Innes Rose, que gestionaba su publicación en Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya para fines de septiembre de ese año, cuando los Lowry supieron de Inglaterra que mjy pronto recibirían varios miles de dólares de la herencia de Arthur Lowry, Malcolm había vuelto a comenzar a beber con firmeza y Marge trataba de correr pareja con él. Las riñas se hacían más violentas y frecuentes y fue entonces cuando a Lowry se le ocurrió la idea de hacer un viaje a México con el fin de ver de nuevo a su entrañable amigo Juan Fernando Márquez, mostrar a Marge el país que ella había llegado a conocer tan bien gracias a su participación en la escritura de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y conseguir &lt;i&gt;in situ&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; las expresiones coloquiales en lengua española que abundan en el texto. Pero, además, había otros motivos: Malcolm deseaba escribir una continuación de su novela y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;algo muy importante para él- volver a México asumía en su mente la forma de una especie de viaje iniciático durante el cual trataría de exorcizar los malos recuerdos que, a pesar de hallarse entretejidos en la trama de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, no cesaban de atormentarlo y, al mismo tiempo, de atraerlo. Mucho se ha dicho de este viaje, pero, que yo sepa, a nadie se le ha ocurrido hasta el presente hacer notar que, a los treinta y seis años, o sea, &lt;i&gt;nel mezzo del cammin&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; (frase que aparece burlonamente al menos dos veces en la novela: una referida a Hugh, y otra a Geoffrey), Lowry estaba pasando por la llamada crisis de la mitad de la vida, período de transición que, según D.Levinson, puede suceder entre los treinta y cinco y los cincuenta años, pero que generalmente se produce alrededor de los cuarenta. Lowry, como hemos visto, era un caso muy extremo de &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y éste puede impunemente vivir desconectado de la realidad exterior y de la intrapsíquica hasta cierto momento, a partir del cual un gran vacío y una tremenda soledad comienzan a hacerse prsentes, exigiéndole un cambio imprescindible para su supervivencia psíquica y, en muchísimos casos, incluso física.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde el diecisiete de diciembre, dia de su llegada a Cuernavaca, Lowry se mostró obsesionado con respecto al correo, esperando con angustia noticias de sus agentes en Nueva York y Londres. La víspera del año nuevo, llegó por fin una carta. Era de Jonathan Cape, quien, junto con dos lectores, había leído &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; con gran cuidado. Según Cape, la novela era valiosa, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pero sería una lástima que apareciera como está, porque creemos que las modificaciones que proponemos contribuirían a su éxito.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; El primer capítulo, por ejemplo, era demasiado largo. Había que eliminar cosas aquí y allá, y con el objeto de que el libro se diferenciara lo más posible de &lt;i&gt;The Lost Weekend&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Charles Jackson (del que se acababa de hacer una película que había gustado muchísimo), &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;todo debería concentrarse en la incapacidad del borracho de redimirse a pesar del regreso de Yvonne, en su conciencia delirante (que sí está muy bien lograda) y en el color local, que es excelente en toda la obra.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; La carta garantizaba la publicación de la novela si Lowry revisaba el texto podándolo de sus excesos. Lowry tomó el punto como un desafío y el 2 de enero de 1946 empezó a escribir una de las defensas más largas e intelectualmente más brillantes que ningún autor haya hecho de una obra suya. Douglas Day cuenta que Lowry se sentó a escribir su respuesta con valentía y serenamente. Pero pronto vemos que la serenidad inicial se fue transformando en una depresión descomunal y que, mientras los esposos se entregaban con energía a la redacción de la carta, asunto al que dedicaban las mañanas, se pasaban las tardes bebiendo abundantemente. ¿Por qué bebía Lowry mientras redactaba un documento tan importante en defensa de su obra mayor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La noche del diez de enero, cinco días antes de terminarlo, después de pelearse con Margerie, el autor, según Douglas Day, de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la novela religiosa más grande de este siglo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, cogió la borrachera más grande de los últimos años y perdió el conocimiento, despertándose en mitad de la noche con una botella de mezcal vacía en la mano. Lleno de remordimiento, Malcolm tropezó con una silla y logró sentarse en ella. Tomó su ukelele y, mientras cantaba suavemente para no despertar a Margerie, empezó a pensar en sus fracasos como escritor y como esposo y en el dinero que gastaban. Tomó una navaja de afeitar con el propósito de cortar una de las cuerdas del instrumento y, sin darse cuenta, se la pasó por la muñeca izquierda. La herida no fue gran cosa, pero la hemorragia fue impresionante. Margerie, que se despertó con el ruido hecho por el ukelele al caer, corrió a llamar a un médico. El media hora, el suicida frustrado tenía la muñeca vendada y dormía profundamente gracias a una fuerte dosis de fenobarbital, droga con que Lowry experimentaba desde hacía tiempo. El fénix no tardó en resucitar de sus cenizas y, un par de días después, ya se hallaba en pie dándole los últimos toques a su largo documento de autodefensa, el cual fue enviado el quince de enero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Las alabanzas para esta carta, los desmesurados elogios de la fuerza combativa y la capacidad intelectual de Lowry (que, desde luego, forman parte de la leyenda de mártir de la creación literaria a que aludí al comienzo de este ensayo) podrían parecer una crueldad, si no supiéramos que la myoría de los lectores de Lowry &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;indudablemente de buena fe- se han contentado con una interpretación superficial del asunto. Lowry tenía que defender su libro; debía actuar como un individuo luchador y conciente. Margerie, además, se desesperaba a ratos ante la pasividad de su Hijo-Amante. Ya habían, entre los dos, terminado el libro. Ahora le tocaba a él defenderlo, insistir en que estaba &lt;i&gt;per-fectum&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, absolutamente acabado, afirmación ésta que cada día se contraba más allá de las fuerzas de Lowry. Es decir, la depresión de Malcolm no se debía a las críticas y recomendaciones de Cape, sino al hecho de constatar que &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; era un libro cerrado, aunque, como &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; extremo, ya Lowry estuviera pensando en una continuación de la obra. Mientras trataba de razonar su defensa, el eterno adolescente que llevaba Lowry por dentro le gritaba que no era así, que realmente a su novela le faltaban miles de páginas, mil ajustes y mil correcciones e incluso necesitaba una continuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Qué ocurre en todo proceso de creación artística&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Primero hay una fase momentánea que se ha llamado de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;inspiración&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y que podemos seguir llamando así, pero que en términos psicológicos se refiere al surgimiento del inconciente de una imagen, una idea, una situación novelesca vaga, un esbozo de relato, el primer verso de un poema. Aun cuando es corriente en los artistas, este fenómeno de ninguna manera es exclusivo de ellos, pues pertenece a la dinámica del inconciente creador de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La segunda etapa es la del trabajo de escritura, que, cuando se realiza hasta el fin, produce lo que se denomina primera versión de algo: un poema, una narración o un ensayo. Se trata de un trabajo arduo, ya que el creador tiene que soportar las tensiones que se dan entre lo que va surgiendo del inconciente personal y transpersonal y su conciencia. Es preciso aceptar ese trabajo aunque no se quiera hacerlo. A estas tensiones alude más de una vez Hermann Broch en &lt;i&gt;Der tod des Vergil&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, cuando el personaje principal de su novela, al hacer el recuento de su recorrido vital, se define a sí mismo como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;un hombre sin paz, que huye de la muerte y busca la muerte, que busca la obra y huye de la obra.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;: &lt;i&gt;den Tod fliebend, den Tod sucbend, das Werk suchend, das Werk fliebend.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La tercera etapa es de corrección y revisión, que produce las llamadas segunda, tercera y cuarta versiones de un texto. Puede, evidentemente, haber más de cuatro versiones; pero lo que no puede darse, claro está, es el número infinito de versiones en que está más que dispuesto a trabajar el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; aunque su ego no lo quiera. El &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es un creador en potencia, un radiante manojo de eternas posibilidades, y por esto Marie Luise von Franz ha podido decir que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en el gran artista siempre hay un &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; al comienzo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, aunque luego se apresure a añadir que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;si un individuo deja de ser artista al dejar de ser &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, nunca fue artista.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El trabajo de corrección y revisión implica a la vez varias fases: a) corrección gramatical, es decir, hacer desaparecer del texto escrito todos los erroes de gramática, las ambigüedades sintácticas y las imprecisiones estilísticas que, obligatoriamente, aparecen en todo discurso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;inspirado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; o hablado; b) eliminación de palabras, versos o secuencias narrativas enteras, porque el autor decide con su conciencia que debe sacar de allí todo lo que no enriquece a la obra o le quita fuerza expresiva, cuando se la considera como un todo. Esta fase produce una tensión aún mayor entre el inconciente y la conciencia, pues se trata nada menos que de cortar del texto partes enviadas al creador por su inconciente, y que, debido a ello, son consideradas como algo precioso; c) adiciones, pues en el proceso de corrección y en el de eliminación, pueden surgir del inconciente nuevos temas o subtemas o matices. Esta parte produce una tensión todavía más fuerte, pues demora la terminación de la obra, ya que toda añadidura tiene que ser sometida a su vez a las fases a) y b).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo anterior nos explica por qué toda creación artística (aún cuando aquí he optado por concentrarme exclusivamente en la literaria) ha sido comparada con el proceso de gestación. Cuando un artista habla acerca de la urgencia con que un tema se le presenta, está aludiendo a una fecundación de la conciencia por el inconciente creador; y para que el texto pueda llegar a ser actual, es decir, abandonar el terreno de lo potencial, su autor tiene realmente que sentirse preñado de él. No se trata, como creen muchas personas (y entre ellas, me temo, se contaba el propio Malcolm Lowry) de un asunto de intelectualismo puro, de una decisión del ego, sino, por el contrario, de un proceso muy largo y muy doloroso, desencadenado por fuerzas misteriosas e implacables, cuyo dinamismo es uno de los grandes enigmas del ser humano. El ego solo no puede crear ningún poema. Tampoco puede hacerlo el inconciente solo, como afirman algunos. La creación, querámoslo o no, es siempre el producto de un diálogo difícil y lleno de tensiones entre la conciencia y el inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Una vez que el escritor ha pasado exitosamente por las etapas anteriores, se presenta la fase final: la decisión de no trabajar más el texto y de entregarlo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando Paul Valéry, en una bella página de &lt;i&gt;Tel Quel&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; escribe: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un poéme n&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;est jamais achevé &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;c&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;est toujurs un accident qui le termine, c&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;est á dire qui le donne au public. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ce sont la lassitude, la demande de l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;editeur,- ña poussée d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;un autre poéme&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, lo que en verdad quiere decir es que desprenderse de un escrito es un gesto sumamente difícil para el &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que existen en todo creador, grande o pequeño. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mais jamais l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;etat méme de l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ouvrage &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;continúa- (si l&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;auteur n&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;est pas un sot) ne montre qu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;il ne pourrá etre poussé, changé, considéré comme premiére approximation, ou origine d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;une recherche nouvelle&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero, a pesar de esto, hay que entregar el texto si, conscientemente, se está más o menos conforme con él, pues, en el caso contrario el creador tiene que tener el coraje de arrojar su creación al cesto de los papeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero lo más terrible de todo es que, tanto si entrega el texto o si lo tira a la basura, al creador le sobreviene una depresión. Como ha hecho notar con gran claridad Marie Louise von Franz, cada vez que en nuestro inconsciente se forma una constelación creadora, existen dos posibilidades: o reprimimos lo que sube del inconsciente o nos libramos de eso por medio de la expresión. Si un individuo se halla enredado en un proceso creador preconciente, podemos afirmar, siguiendo a von Franz, que se encuentra en un estado de inflación. Muchas personas escogen oponer resistencia al llamamiento creador, porque las posibilidades creadoras &lt;i&gt;siempre&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; son más ricas, más complejas y más deslumbrantes que el producto acabado. Al comienzo, tenemos la sensación de llevar a todos los dioses en la psique, pero una vez pasadas las cuatro etapas a que me he referido, la desilusión es terrible. El creador, grande o pequeño, se siente abatido por la melancolía después de desprenderse de la obra; o, psicológicamente hablando, a la inflación inicial sucede una deflación. Corregir y suprimir, ampliar y volver a corregir, son los pasos imprescindibles que conducen a la meta que se busca: la deflación. Luego, si el creador tiene suerte, o, dicho con mayor precisión, si su &lt;i&gt;anima&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y su &lt;i&gt;doble&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; continúan manteniendo relaciones sanas con la vastedad del inconsciente, puede sentir &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el brote de otro poema&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, como diría Valéry, y una vez más recomienza el terrible sometimiento del creador a las cuatro etapas que hemos visto. Por esto se puede decir &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;lo ha dicho Marie Louise von Franz- que toda creación, grande o pequeña, es un empobrecimiento y un fracaso en comparación con el brillo y la intensidad con que la revestía la primera visión interior. Balzac, en &lt;i&gt;Le Chef d&lt;/i&gt;&lt;i&gt;”&lt;/i&gt;&lt;i&gt;oeuvre inconnu &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ha pintado esta situación normal en todo artista de modo exagerado para &lt;i&gt;subrayar su normalidad.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; En mi ya bastante larga experiencia de escritor, he tenido el privilegio de hablar con un gran número de artistas inmediatamente después de una creación suya y puedo afirmar que son muy pocas las veces en que los creadores se han mostrado totalmente satisfechos del producto final de sus torturas, a no ser que se trabaje con el arquetipo del Padre, quien, como bien sabe todo el que ha leído el &lt;i&gt;Génesis&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, encontró ser buena su creación. Los terapeutas reconocen esta melancolía en sus pacientes después de un cambio de orientación y, por haberla sentido en ellos mismos, saben guiarlos en esos momentos difíciles &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;así como los parteros han observado los síntomas de tristeza que, con muchísima frecuencia, se dan en las parturientas incluso después de los partos más normales. En verdad, no hay parto sin dolor y todo creador o creadora pueden ser definidos con la expresión &lt;i&gt;animal post partum triste.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tanto el intento de suicidio de Lowry en Cuernavaca como toda su vida se comprenden por medio de su condición de &lt;i&gt;puer aeternus,&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ya que el proceso de creación que he descrito someramente puede acentuarse hasta la locura en los &lt;i&gt;pueri&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; perseverantes: personas inmaduras, no aptas para enfrentarse con la realidad, imposibilitadas para descender de las alturas espirituales de su condición divina a las contingencias de este mundo. Sabiéndose incapaz de cualquier adaptación, Lowry, que nunca tuvo un empleo fijo ni temporal, en oposición a Marge, que sí sabía que era preciso trabajar para vivir, se refugió en un estado crónico de inflación que mantuvo y protegió por medio de su alcoholismo crónico. Lowry no vivió en el aquí el ahora, sino quién sabe dónde en su fantasía, es decir, en la eternidad. Pero la eternidad sólo puede ser vivida en el aquí y el ahora. Salimos lentamente del uroboros para ir entrando en el &lt;i&gt;hic et nunc&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, mas sólo una vivencia profunda del inconsciente puede ofrecerle al ser humano la posibilidad de experimentar tanto la relatividad como la realidad del tiempo. Lowry quería permanecer en la eternidad, pero el demonio del alcohol lo fue atando cada día un poco más a una cronicidad estéril y espantosa. Tenemos, por lo tanto, el derecho de preguntarnos si realmente sintió una vocación o si toda esa agitación neurótica y parafrénica entreverada de episodios psicóticos que fue su vida no fue producto de una &lt;i&gt;decisión intelectual&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; tomada a los dieciséis años como una forma de rebeldía ante su situación familiar, o, dicho con más exactitud, ante la demonización a que Malcolm había sometido a su ambiente familiar. ¿Qué era, en efecto, lo más opuesto de un exitoso comerciante de estrictas costumbres metodistas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Pues un artista proletario genial e incomprendido, bohemio y crapuloso. Considerada desde esta perspectiva, la carta a Cape se convierte en una dolorosa confesión que Lowry se vio obligado a hacerse a sí mismo. Se entiende así ese tono de perfecto dominio cerebral que mantiene a través de etoda ella, a pesar de sugerir en el primer párrafo que teme quedar &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;reducido a la agrafía&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;; así se explica por qué afirma triunfalmente, apoyándose en nadie menos que Aristóteles que no se propuso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;crear personajes en el estilo tradicional&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y por qué hace hincapié en lo obvio, en que los cuatro personajes de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; son &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;aspectos de un mismo hombre, o del espíritu humano&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. De este modo se entiende por qué insiste en que su novela es un vasto poema y en que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;los poemas tienen con frecuencia que ser leídos varias veces antes de revelar y hacer explotar en la mente del lector su sentido más pleno&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;; por qué insiste tanto en su superioridad con respecto a Charles Jackson (obsesión parafrénica que desarrollará &lt;i&gt;ad nauseam en Dark as the Grave&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;); así comprendemos por qué, además de compararse con Flaubert (lectura en voz alta para alcanzar &lt;i&gt;le mot juste&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) y con Joyce (¡para subrayar que su enfoque es opuesto al de &lt;i&gt;Ulysses&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;!) se refiere a su papel mesiánico, asumido &lt;i&gt;tardíamente&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, es verdad &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;él mismo lo reconoce-, pero de todos modos asumido y sufrido por el bien de la humanidad, a la que él quiere fervientemente revelarle algo nunca antes dicho acerca del fuego infernal. El lugar en que se compara con Cristo, en efecto, nada tiene que envidiar a ciertos patéticos trozos de &lt;i&gt;Ecce Homo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Nietzche y debe ser leído con toda la atención que merece: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La única manera &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;escribe- como podía concebir la obra era como una especie de castigo. En el pasado, mi peor defecto había sido precisamente la falta de integridad, y eso es algo especialmente difícil de enfrentar en la propia obra.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Y luego, la confesión salvadora: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Juventud más alcohol más identificaciones histéricas más vanidad más autoengaño más poco trabajo más todavía más alcohol. Pero entonces, cuando aquel pseudoescritor desciende de su Cruz en el pequeño Oberammergau donde había estado invernando tantos años para ofrecer algo realmente original y terrorífico con que expiar sus pecados, resulta que alguien ya había hecho la misma obra, sólo que mejor.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Para no mencionar el carácter profético que atribuye a esa porción de sí mismo que representa el Cónsul al afirmar: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Este capítulo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;se refiere al décimo- fue terminado en definitiva un año antes de la explosión atómica. Pero así como el hombre peligra por hallarse en la malvada posición del mago negro de antaño y de repente descubre que todos los elementos del mundo están en su contra, se le podría conceder cierto mérito al viejo Cónsul por señalar en un pasaje de salvaje delirio los nombres de esos elementos (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;); indudablemente, esto carece de interés profético, mas no puedo afirmar que haya envejecido&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero, ya lo sabemos, el gran problema de Malcolm Lowry era precisamente el de no querer o no poder envejecer. Al día siguiente de haber mandado la carta a Cape, Malcolm decidió que hiciesen el viaje a Oaxaca en busca de Juan Fernando Márquez. Al llegar a Oaxaca el autobús se detuvo a la puerta del viejo Hotel Francia y, en pocos minutos, Malcolm y Margerie se encontraban en la habitación número 40, donde él y Juan Fernando habían pasado juntos tardes enteras bebiendo tequila y dándose mutuos consejos de moderación. Después de mucho buscar el Banco Ejidal, que había cambiado de dirección, Lowry descubrió que Juan Fernando había muerto asesinado en una cantina de Villahermosa en diciembre de 1939. Es preciso hacer hincapié en el hecho de que en &lt;i&gt;Dark as a Grave&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, monótono y feo amasijo constituído por los diarios de Lowry y su esposa durante su estancia en México, Malcolm no quiso sacar provecho literario, como ya se ha visto que era su costumbre, de este episodio. ¿Por qué no lo hizo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿Acaso no vio la relación manifiesta entre la muerte del Cónsul de su novela y la de Juan Fernando&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿No se dio cuenta de que Juan Fernando había sido una especie de víctima propiciatoria suya que había vivido la ficción de &lt;i&gt;Bajo el Volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; hasta el fin&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿No se le ocurrió la idea de que la muerte de Juan Fernando era un claro indicio de su propia destrucción psíquica y una señal adversa para su porvenir&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Lo más probable es que Lowry sí comprendiera algo de esto, pero que también pensara que ya era demasiado tarde para él, pues en &lt;i&gt;La Mordida&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, otra narración póstuma sobre su estancia en México, refiriéndose a otra de las miles de coincidencias que, maniáticamente, se complacía en apuntar en sus diarios, encontramos: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De pronto una sensación casi de pánico, inexplicable y salida de Dios sabe dónde, lo poseyó de nuevo: algunas veces le eran permitidos tales atisbos para recordarle que era un creador, pero en el caso de su permanencia en México &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;aunque no hubiese estado consciente de ello hasta ahora- era como si él fuese el personaje, conducido para llevar a cabo los propósitos de otro novelista, en una inimaginable novela ajena a este mundo, el cual, en verdad, no existía&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por consiguiente, no resulta nada extraño que, a partir de esos días y en particular, del seis de abril, en que recibe la aceptación de Cape y de Raynal and Hitchcock, los episodios psicóticos, acompañados por temblores alcohólicos y prolongadas crisis de alucinaciones auditivas, fuesen más frecuentes. Había allí un cuerpo que acabar y, con la colaboración de Margerie, Lowry se dedicó sañudamente a rematarlo. Ya Margerie sentía &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;odio y repugnancia&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; (son sus propias palabras incorporadas en &lt;i&gt;La Mordida&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) por el marido que la arrastraba a beber con él, quería suicidarse o abandonarlo, pero otra voz, indudablemente más poderosa, le inspiraba una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;lealtad&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; a toda prueba. Después de todo, había una parte de Margerie Bonner que aún creía que estaba casada con un genio que habría de ganar muchísimo dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El cuatro de mayo de 1946, Lowry fue expulsado una vez más de México, su paraíso infernal, como él mismo lo llamara. Y ya de vuelta a su otro &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;paraíso&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, el veintidós de junio de 1946, recibió las primeras noticias de Albert Erskine, quien tenía muchas dudas con respecto a ciertos puntos del original de &lt;i&gt;Under the Volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y esperaba que Lowry se las aclarase. Pero hubo una demora, ya que la única copia de Lowry se encontraba en México. El quince de julio, poco antes de cumplir treinta y siete años, le llegaron a Malcolm las primeras galeradas. Había triunfado. Después de trece años sin concluír nada importante, tenía otra novela en la imprenta. Durante varias horas, sin embargo, no quiso abrir el paquete. Cualquier autor habría corregido esas pruebas en un par de semanas, pero Lowry pasó con ellas cuatro meses. De vez en cuando, se detenía el tiempo necesario para escribir a Erskine acerca de sus correcciones, o para interceder por la segunda novela de misterio de Marge, &lt;i&gt;The last twist of the knife&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, enviada a Scribner&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;s. ¿Qué actitud podía adoptar ella, que sí terminaba sus manuscritos y los enviaba prontamente a los editores, con respecto a las dilaciones de su esposo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿No se preguntaba con qué tipo de hombre estaba casada&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Finalmente, como Raynal and Hitchcock planeaba sacar &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; en febrero de 1947, a mediados de noviembre Margerie le arrebató las pruebas a su marido, se las envió a Erskine, y comenzó a preparar el viaje a Nueva York, el cual resultó ser un recorrido fantástico inspirado por la &lt;i&gt;homelessness&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; eterna del &lt;i&gt;puer&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;: de Vancouver a Seattle por avión, de allí en autobús a Nueva Orleans, de este puerto en barco a Haití, de allí a Miami y de Miami en autobús hasta Manhattan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Vale la pena detenerse en los pormenores de este viaje&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; ¿Comentar el comportamiento suicida de Malcolm Lowry, quien &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y esto es de &lt;i&gt;suma importancia&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- supuestamente se encaminaba a Nueva York con el objeto de participar en la campaña publicitaria de su obra mayor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hablemos de Haití. En Puerto Príncipe Margerie se dedicó a repetir, por milésima vez, que su esposo era un genio, procurando añadir que merecía por ello un trato especial, que no debía ser acosado y, sobre todo, que a nadie se le ocurriera acercársele abruptamente, pues era como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;un objeto precioso y frágil&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Advertía que Lowry no debía ser invitado a beber. Por primera vez tenemos con gran claridad un retrato completo de Margerie Bonner en su contradictorio papel de Madre Devoradora y, al mismo tiempo, Protectora que, a toda costa, se empeña en alimentar la imagen de su esposo como genio. Pero, a pesar de las advertencias y precauciones de Marge, Malcolm Lowry, el escritor por fin triunfante, bebió sin parar y, entre sus compañeros de juerga, hizo amistad con un joven poeta y narrador haitiano de nombre Philipe Thoby-Marcelin. Phito se había acercado a Malcolm con la esperanza de que éste lo ayudara a ser traducido al inglés y, entre tantas invitaciones, llevó al autor de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; a una ceremonia vudú que impresionó muchísimo a Lowry, haciéndolo pensar inmediatamente que podía convertirse en un adepto. A principios de la tercera semana de enero, estando los esposos Lowry alojados en casa de dos norteamericanas, Malcolm y Phito tuvieron una discusión sobre no se sabe qué y Phito salió huyendo. Esa tarde Malcolm bebió hasta la inconciencia y al día siguiente se sintió tan mal que sólo pudo leer dos cartas adulatorias para su novela escritas por James Agee y Alfred Kazin que Erskine le había mandado. Podemos imaginarnos qué efecto tuvieron en Lowry estas cartas (sin duda, parte de la campaña publicitaria de &lt;i&gt;Bajo el volcán&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;) y la pelea con Phito, objeto este último de un esfuerzo sobrehumano de Malcolm por proyectar la figura del doble, que, desgraciadamente, sólo había logrado espantar con su conducta estrafalaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al día siguiente, por la tarde, Margerie, que había salido de compras, descubrió a su esposo en medio de una crisis autodestructiva de gran violencia. Se había encerrado en el baño de la casa y daba golpes con la cabeza furiosamente contra las paredes y la taza del retrete. Margerie les pidió a las norteamericanas que buscaran a Phito y, en una ambulancia, lo condujeron al Hôpital de Nôtre Dame en el suburbio de Canapé Vert. Al recobrar la conciencia, Lowry pidió con qué escribir y empezó a tomar notas sobre su experiencia, cosa que no deja de recordarnos la actitud de nuestro autor a la salida del Bellevue Hospital de Nueva York en 1935. Lowry se repetía sin cesar y, así lo dijo, estos apuntes tenían que servirle para un futuro cuento que, luego, indudablemente, se iría convirtiendo en una novela&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Entre ellos al menos hay uno que es conveniente citar: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Francamente no tengo talento para escribir. Comencé siendo un plagiario. Luego me dediqué a trabajar mucho, como se dice, y me convertí en novelista. Ahora soy, una vez más, un borracho. Pero lo que siempre quise ser es poeta&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. La nota, evidentemente, está dirigida a Margerie: Tú no quieres que yo beba, a pesar de lo cual soy un alcohólico. Cuando me conociste, me ayudaste a hacerme novelista, pues antes yo era sólo un plagiario. Andas diciendo por ahí que soy un genio y que no me inviten a beber, pero, realmente, lo que yo quise ser &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y tú no me has dejado serlo- es poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al día siguiente, Margerie y Malcolm salieron a tomar el avión para Miami, no sin antes despedirse de Phito, que, como escribe el propio Day sin ningún otro comentario, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;había llegado a ser casi tan importante para Lowry como Juan Fernando Márquez&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El comportamiento de Malcolm Lowry en Nueva York es típico de las personas para las que ¡ay!, ni el mundo exterior ni el interior existen. La mayoría de las críticas de su novela, salvo la de Jacques Barzun, fueron muy halagadoras. En la &lt;i&gt;Saturday Review of Literature&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del 22 de febrero de 1947, cuya portada tenía una foto de Lowry, apareció una reseña de John Wooldburn que, extasiado ante la maestría de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, casi no podía expresar sus pensamientos. &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, según Wooldburn, era mejor que &lt;i&gt;The sun also rises&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; de Hemingway y una obra digna de compararse con lo más logrado de Thomas Wolfe. Empujado y apoyado por Margerie, Malcolm Lowry había caido en las garras del mundo editorial neoyorquino y, desde febrero de 1947, convertido en un fantasma, trató, en la medida de lo posible, de complacer a su esposa, desempeñando el papel del escritor genial, heredero de Joyce, y firmando contratos que, como se sabe, nunca cumplió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Qué queremos decir con &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;desempeñando el papel del escritor genial&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; Recordemos que, entre los diecisiete y los veinticuatro años, pues hay que tener siempre muy presente que &lt;i&gt;Ultramarine&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; apareció en 1933, Lowry había adoptado la pose del marinero predestinado y con talento. Esta pose era su &lt;i&gt;persona&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; o máscara. Su actitud ante la creación literaria no era producto de una auténtica vocación, sino de una decisión de su intelecto. Cuando sale a la luz &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, ya empezaba muy en serio en los Estados Unidos, debido a la comercialización de las artes y a los adelantos de la publicidad, el furor de la creación por medio del arquetipo de la &lt;i&gt;persona&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Margerie y los editores insistían en que Lowry se atuviese a esas exigencias y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;a como diese lugar- produjese en serie mientras que él se retraía cada vez más dentro de su mundo privado. Harvey Breit, en un artículo de la &lt;i&gt;New York Times Book review&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; del 14 de julio de 1947, citado por Day, recuerda una fiesta dada en New York por James Stern y su esposa (de acuerdo, claro está, con Erskine) para un gran número de invitados. El huésped de honor era el autor de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. La tarde de la recepción, los Stern invitaron a los Lowry a comer junto con James Agee y Harvey Breit. Después de la comida llegaron los primeros cincuenta invitados. Agee, Breit y Stern permanecieron al lado de Lowry para protegerlo y posiblemente, para que no huyera. Lowry actuó como en Haití: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;““&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; las personas llegaban hasta donde se hallaba para expresarle sus sinceras palabras de respeto, admiración o congratulación, y el señor Lowry, con los pies separados como si estuviese en la cubierta de un barco azotado por una tempestad, se mantenía allí con el rostro tenso, inmóvil la mirada de sus ojos azules, sin decir nada, ni una sola palabra. Luego llegaban otras personas, le estrechaban la mano, lo felicitaban, esperaban una respuesta- y nada. Luego se le acercaba otro grupo de gente, y nada. Nada. Nada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lowry, parásito de la Madre, sueño de la Madre &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;como escribe Jung en un párrafo famoso de sus &lt;i&gt;Symbole der Wandlung&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-, estaba sencillamente muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En abril, de regreso a Vancouver, Lowry empezó a supervisar la transcripción mecanográfica que hacía Margerie de los apuntes que él había hecho en México el año anterior. Pero no tenía mucho tiempo para escribir, pues llegaban noticias de los contratos para la traducción de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; al francés, al italiano y al alemán. Cuando no estaba rodeado de admiradores o acosado por la prensa, escribía un poco. El trece de agosto le dice a Erskine en una carta que ha terminado el primer borrador de &lt;i&gt;Dark as the grave wherein my fried is Laid&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; y en octubre ya se encuentra preparando las partes que ha de enviar. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estoy escribiendo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;comenta- lo que bien puede llamarse un buen libro &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;no estoy completamente seguro de esto, desde luego, ya que es una especie de vereda de mi conciencia&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”“&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero, repentinamente, Malcolm desea viajar a Europa, y entre diciembre de 1947 y enero de 1949, los esposos Lowry se encuentran en el Viejo Continente. Los pormenores de este año son espeluznantes. En Cassis Malcolm intenta estrangular a Margerie. Su hermano Stuart acude rápidamente al lugar y manda internar a Lowry en el Hospital Norteamericano de París, donde un psiquiatra le aconseja a Margerie abandonar a su esposo antes de que la mate. En Roma Lowry tiene otra crisis muy violenta. Es conducido a una clínica, donde, para estar cerca de él, Margerie alquila una habitación. Durante la tercera noche, burlando la vigilancia del enfermero que lo atiende, Malcolm corre al cuarto de Margerie y trata una vez más de estrangularla. En julio están de nuevo en Francia. Carta de Margerie para Erskine: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Malcolm está perdiendo sus facultades mentales&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, mientras que Lowry le dice en otra que se está &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;hundiendo incesantemente&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, que ha llegado a una situación en la que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;cada noche escribo cinco novelas en la imaginación, tengo una evocación total (&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;), pero me resulta imposible escribir una sola palabra. Margerie va a ver a la madre de Malcolm y ésta, actuando como Madre Devoradora, se niega a dar el dinero para que Lowry consulte con el doctor Meier en Zurich, quien, en la imaginación contagiada de delirios de grandeza de Margerie, se transforma en Jung.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En 1949, de nuevo en Canadá, Lowry volvió a trabajar en &lt;i&gt;Dark as the grave Wherein my friend is laid&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Con respecto a este proyecto, el primero de julio le escribe a su amigo Frank Taylor: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estoy fascinado por un nuevo libro, al extremo de trabajar quince horas algunos días, y ¡hombre!, tiene tema: nada menos que la identificación de un creador con su creación &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pirandello al revés, o seis autores en busca de sus personajes, o, dicho con otras palabras, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cada individuo es su propio Laocoonte&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. A despecho de todas las elucubraciones de Lowry, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;la identificación de un autor con su creación&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;”&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; es la identificación de él mismo con el personaje del Cónsul de &lt;i&gt;Under the volcano&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;, y la referencia a un artista de la talla de Luigi Pirandello, escritor que a los cincuenta años pudo renovarse totalmente para convertirse en uno de los dramaturgos más importantes de este siglo, no deja de parecer irónica. El seis de diciembre de 1950 murió intestada la madre de Lowry. Parece que éste, según contó Margerie a Day, nunca llegó a decir mucho con relación a esta muerte, así como tampoco se expresó verbalmente con respecto a la de su padre. Pero el 5 de junio de 1951, aunque le confesaba a Erskine que no había podido terminar nada, ya comenzaba a acariciar la idea del proyecto magistral de toda su ficción bajo el título de &lt;i&gt;The Voyage that never ends&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Del primero al quince de noviembre, Lowry redactó una confusa y delirante declaración de cincuenta páginas (intitulada, claro está, &lt;i&gt;Work in Progress&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;), que sólo por
